Las dos semanas siguientes eran iguales, Pedro se acostaba con Amy todos los días. Se veían en los baños de la escuela, en su casa, o en cualquier fiesta. Por lo menos se mantenía algo distraído, mientras veía a Paula pasearse de la mano con Nicolás, riendo, disfrutando.
-Pedro, no puedes seguir así –la voz de Gustavo, su amigo y sus discursos morales.
-Gustavo, no te metas en mis asuntos –dijo Pedro bruscamente.
-Si lo haré, eres como uno de mis hermanos, no puedes ir por la vida acostándote con chicas para intentar olvidar a Paula –dijo Gustavo enfadado.– te estás destruyendo.
-Ella ya me destruyó –dijo Pedro frunciendo el ceño.
-No, tú eres lo bastante tonto como para dejar al imbécil de Nicolás llevarse a tu chica, es un mentiroso Pedro, estoy seguro que hay algo detrás de esto –dijo Gustavo.
-No me interesa, no es mi asunto –dijo Pedro dejándolo hablando solo. Caminó en dirección a su chica temporal, Amy. Ella le sonrió y frente a todos le plantó un beso.
-Hola mi amor –le dijo con una sonrisa.
-Hola –dijo Pedro fingiendo una sonrisa, como todos los días.
-Hoy iré al centro comercial, así que no podremos entretenernos, pero mañana te lo recompenso –le guiñó un ojo. ¡Maldición! Pensó Pedro, necesitaba acostarse con alguna chica, era lo único que lo hacía olvidar por momentos a Paula. Sonrió al recordar que tenía clase de matemática, quizás Emma Smith le diera lo que necesitaba.
-No te preocupes, te veo mañana –dijo Pedro riéndose.
Mientras tanto Paula charlaba con Zaira. Como todos los días, sobre Nicolás.
-¡Paula! Basta, me aburre el tema. No me interesa Nicolás ¿sí? –dijo Zaira exasperada.
-Debería interesarte, es mi novio –dijo Paula fríamente.
-Tu novio me cae pésimo –dijo ella rodando los ojos.– ¿no te das cuenta? Nicolás te está usando –dijo Zaira.
-¿Estás loca? Se supone que eres mi amiga, Nicolás es un chico extraordinario –dijo ella frunciendo el ceño.
-Estás ciega, recuerda que se acostó con Amy, la chica que te aborrece –dijo Zaira. Paula odiaba el comportamiento de Zaira desde que estaba con Nicolás no lo soportaba y se lo dejaba en claro. Lo aborrecía.
-Todos tenemos un pasado –contradijo Paula.
-Sí, pero… bueno, no me meteré en tu vida -dijo Zaira.– ¿has hablado con tu amigo? –preguntó refiriéndose a Pedro.
-No mucho –admitió Paula.– él anda con sus amigos y yo contigo y Nicolás –dijo sonriendo.
-¿Se arreglaron luego de lo del baile, cierto? –preguntó Zaira curiosa. Hernán le había revelado todo, absolutamente todo, luego del baile. Porque Pedro había actuado así, porque estaba tan mal, todo. Zaira, que previamente odiaba a Pedro, ahora lo entendía. Al chico le costaba decirle a Paula que la amaba, después de todo, tenía miedo. Y Zaira notó que Pedro hacía todo eso por olvidarse de Paula, pero no lo estaba logrando.
-Sí, claro –dijo ella.– nos dijimos que olvidáramos esa noche, que por cierto, estuvo demasiado rara –dijo frunciendo el ceño.
-Te vi muy cerca de él –dijo Zaira arqueando una ceja.
-El se me acercó así, pero dijo que había sido el ambiente y porque me veía “hermosa” según él –Zaira la miró sonriendo, no sabía como su amiga podía ser tan… lenta. Cada día Pedro se iba evidenciando más, era obvio, muy obvio que estaba enamorado de ella. Zaira ahora comprendía que Pedro nunca había sido malo, siempre había amado y protegido a Paula, aunque aún no entendía porque en el colegio no se dirigían la palabra. Antes pensaba que era porque Pedro sentía que su reputación bajaría si no estaba con las putas porristas.
-¿Le ibas a responder el beso? –preguntó Zaira. Paula se puso roja como un tomate.
-Eh yo… eh no, claro que no –dijo ella, pero se notaba demasiado que mentía, cualquiera lo hubiese notado.
-¡Se lo ibas a seguir! –dijo Zaira sonriendo.
-Fue el momento, nada más –susurró ella avergonzada. Aunque Zaira sabía que Paula comenzaba a sentirse extrañamente atraída por Pedro, después de lo que Hernán le contó, de aquel día en que se emborracharon juntos, dudaba que su amiga no sintiera absolutamente nada por Pedro.
-¿Recuerdas ese día que escapaste del colegio? –Paula asintió.– ¿dónde fuiste?
-A casa de Pedro –dijo ella retomando el color rojo en las mejillas.
-Ah… –dijo Zaira. Estaba intentando idear como sacarle la información.– Pedro, al parecer es bueno consolándote.
-¿P- por qué l-lo dices? –preguntó tartamudeando.
-Es tu mejor amigo, por eso –dijo Zaira.– estás algo tensa.
-No, para nada –musitó.– siempre recurro a Pedro, y ese día el no había ido a clases y bueno, estuvimos juntos.
-Ah, ¿hicieron algo entretenido para subirte el ánimo? –preguntó.
-Bueno, te contaré –dijo dando un largo suspiro.– el día que me fui a casa de Pepe luego de escapar de aquí, le pedí que nos emborracháramos. –Zaira abrió los ojos fingiendo sorpresa.– y lo hicimos, bueno más bien yo me emborraché mucho, no recuerdo nada.
-¿Nada de nada? –preguntó Zaira.
-He hecho el esfuerzo… –susurró.– pero…–intentó recordar. Forzó su mente, entonces como un flash aparecieron un par de imágenes en su cabeza.
-¿Qué pasa? –preguntó Pedro algo nervioso, mientras su corazón latía con fuerza.
-Quiero besarte –dijo ella divertida.
Mientras tomaba jugo y esas imágenes pasaron por su mente, se atragantó de la sorpresa. Zaira le golpeó la espalda con suavidad, mientras tosía.
-Oh no… -susurró.
-¿Qué pasa Pau? Me estás asustando.
-No recuerdo claramente, pero… creo que le dije a Pedro que quería besarlo –susurró poniéndose roja otra vez. Zaira abrió los ojos aún más.
-Está bien Pau, debo ser sincera contigo, eres mi mejor amiga –Paula arqueó una ceja.– Hernán me contó todo.
-¿T-todo? –preguntó ella con la voz entrecortada.
-El día que tu te emborrachaste con Pedro, y te dormiste luego, Hernán fue a visitar a Pedro. Cuando llegó, Pedro olía a alcohol según lo que me dijo, venía sudando y con el cinturón mal puesto. –Paula abrió los ojos como platos.– Pedro terminó contándole a Hernán que…
-¿Qué? –preguntó ella. Zaira luchó contra no contarle, y decidió no decirle que Pedro estaba enamorado de ella, eso lo tenía que hacer él.
-Que se besaron, mientras estaban borrachos, y que la situación había estado subida de tono… –Paula no concebía lo que oía.– si no hubiese sido por Pedro que se detuvo, ya no tendrías un pelo de virgen.
Paula se tomó el tiempo de analizar lo que su mejor amiga le decía, no podía procesar todo eso. ¿Realmente Pedro y ella estuvieron a punto de… tener sexo? No podía creerlo, suspiró pesadamente. Y Pedro si se acordaba y no había mencionado absolutamente nada.
-Alfonso tendrá que oírme –musitó mientras se levantaba enfadada.
-No creo que sea un buen momento… -dijo Zaira.
-¿Por qué no? –preguntó ella frunciendo el ceño.
-Lo vi caminar con Smith a su oficina… -susurró Zaira.
Paula abrió los ojos y sintió como que algo le quemaba el estómago. ¡Pedro es un imbécil! Pensó. Ella nunca sería como las chicas que Pedro le gustaban, ella no era una puta. Así que Pedro le debía una explicación.
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