domingo, 31 de marzo de 2013

Capitulo 18


Las dos semanas siguientes eran iguales, Pedro se acostaba con Amy todos los días. Se veían en los baños de la escuela, en su casa, o en cualquier fiesta. Por lo menos se mantenía algo distraído, mientras veía a Paula pasearse de la mano con Nicolás, riendo, disfrutando.


                -Pedro, no puedes seguir así –la voz de Gustavo, su amigo y sus discursos morales.

                -Gustavo, no te metas en mis asuntos –dijo Pedro bruscamente.

                -Si lo haré, eres como uno de mis hermanos, no puedes ir por la vida acostándote con chicas para intentar olvidar a Paula dijo Gustavo enfadado.– te estás destruyendo.

                -Ella ya me destruyó –dijo Pedro frunciendo el ceño.

                -No, tú eres lo bastante tonto como para dejar al imbécil de Nicolás llevarse a tu chica, es un mentiroso Pedro, estoy seguro que hay algo detrás de esto –dijo Gustavo.

                -No me interesa, no es mi asunto –dijo Pedro dejándolo hablando solo. Caminó en dirección a su chica temporal, Amy. Ella le sonrió y frente a todos le plantó un beso.

                -Hola mi amor –le dijo con una sonrisa.

                -Hola –dijo Pedro fingiendo una sonrisa, como todos los días.

                -Hoy iré al centro comercial, así que no podremos entretenernos, pero mañana te lo recompenso –le guiñó un ojo. ¡Maldición! Pensó Pedro, necesitaba acostarse con alguna chica, era lo único que lo hacía olvidar por momentos a Paula. Sonrió al recordar que tenía clase de matemática, quizás Emma Smith le diera lo que necesitaba.

                -No te preocupes, te veo mañana –dijo Pedro riéndose.


Mientras tanto Paula charlaba con Zaira. Como todos los días, sobre Nicolás.


                -¡Paula! Basta, me aburre el tema. No me interesa Nicolás ¿sí? –dijo Zaira exasperada.

                -Debería interesarte, es mi novio –dijo Paula fríamente.

                -Tu novio me cae pésimo –dijo ella rodando los ojos.– ¿no te das cuenta? Nicolás te está usando –dijo Zaira.

                -¿Estás loca? Se supone que eres mi amiga, Nicolás es un chico extraordinario –dijo ella frunciendo el ceño.

                -Estás ciega, recuerda que se acostó con Amy, la chica que te aborrece –dijo Zaira. Paula odiaba el comportamiento de Zaira desde que estaba con Nicolás no lo soportaba y se lo dejaba en claro. Lo aborrecía.

                -Todos tenemos un pasado –contradijo Paula.

                -Sí, pero… bueno, no me meteré en tu vida  -dijo Zaira.– ¿has hablado con tu amigo? –preguntó refiriéndose a Pedro.

                -No mucho –admitió Paula. él anda con sus amigos y yo contigo y Nicolás –dijo sonriendo.

                -¿Se arreglaron luego de lo del baile, cierto? –preguntó Zaira curiosa. Hernán le había revelado todo, absolutamente todo, luego del baile. Porque Pedro había actuado así, porque estaba tan mal, todo. Zaira, que previamente odiaba a Pedro, ahora lo entendía. Al chico le costaba decirle a Paula que la amaba, después de todo, tenía miedo. Y Zaira notó que Pedro hacía todo eso por olvidarse de Paula, pero no lo estaba logrando.

                -Sí, claro –dijo ella.– nos dijimos que olvidáramos esa noche, que por cierto, estuvo demasiado rara –dijo frunciendo el ceño.

                -Te vi muy cerca de él –dijo Zaira arqueando una ceja.

                -El se me acercó así, pero dijo que había sido el ambiente y porque me veía “hermosa” según él –Zaira la miró sonriendo, no sabía como su amiga podía ser tan… lenta. Cada día Pedro se iba evidenciando más, era obvio, muy obvio que estaba enamorado de ella.  Zaira ahora comprendía que Pedro nunca había sido malo, siempre había amado y protegido a Paula, aunque aún no entendía porque en el colegio no se dirigían la palabra. Antes pensaba que era porque Pedro sentía que su reputación bajaría si no estaba con las putas porristas.

                -¿Le ibas a responder el beso? –preguntó Zaira. Paula se puso roja como un tomate.

                -Eh yo… eh no, claro que no –dijo ella, pero se notaba demasiado que mentía, cualquiera lo hubiese notado.

                -¡Se lo ibas a seguir! –dijo Zaira sonriendo.

                -Fue el momento, nada más –susurró ella avergonzada. Aunque Zaira sabía que Paula comenzaba a sentirse extrañamente atraída por Pedro, después de lo que Hernán le contó, de aquel día en que se emborracharon juntos, dudaba que su amiga no sintiera absolutamente nada por Pedro.

                -¿Recuerdas ese día que escapaste del colegio? Paula asintió. ¿dónde fuiste?

                -A casa de Pedro –dijo ella retomando el color rojo en las mejillas.

                -Ah… dijo Zaira. Estaba intentando idear como sacarle la información.– Pedro, al parecer es bueno consolándote.

                -¿P- por qué l-lo dices? –preguntó tartamudeando.

                -Es tu mejor amigo, por eso –dijo Zaira.– estás algo tensa.

                -No, para nada –musitó.– siempre recurro a Pedro, y ese día el no había ido a clases y bueno, estuvimos juntos.

                -Ah, ¿hicieron algo entretenido para subirte el ánimo? –preguntó.

                -Bueno, te contaré –dijo dando un largo suspiro.– el día que me fui a casa de Pepe luego de escapar de aquí, le pedí que nos emborracháramos. –Zaira abrió los ojos fingiendo sorpresa.– y lo hicimos, bueno más bien yo me emborraché mucho, no recuerdo nada.

                -¿Nada de nada? –preguntó Zaira.

                -He hecho el esfuerzo…  susurró.– pero…intentó recordar. Forzó su mente, entonces como un flash aparecieron un par de imágenes en su cabeza.

                -¿Qué pasa? –preguntó Pedro algo nervioso, mientras su corazón latía con fuerza.

                -Quiero besarte –dijo ella divertida.


Mientras tomaba jugo y esas imágenes pasaron por su mente, se atragantó de la sorpresa. Zaira le golpeó la espalda con suavidad, mientras tosía.

                -Oh no… -susurró.

                -¿Qué pasa Pau? Me estás asustando.

                -No recuerdo claramente, pero… creo que le dije a Pedro que quería besarlo –susurró poniéndose roja otra vez. Zaira abrió los ojos aún más.

                -Está bien Pau, debo ser sincera contigo, eres mi mejor amiga Paula arqueó una ceja.– Hernán me contó todo.

                -¿T-todo? –preguntó ella con la voz entrecortada.

                -El día que tu te emborrachaste con Pedro, y te dormiste luego, Hernán fue a visitar a Pedro. Cuando llegó, Pedro olía a alcohol según lo que me dijo, venía sudando y con el cinturón mal puesto. Paula abrió los ojos como platos.– Pedro terminó contándole a Hernán que…

                -¿Qué? –preguntó ella. Zaira luchó contra no contarle, y decidió no decirle que Pedro estaba enamorado de ella, eso lo tenía que hacer él.

                -Que se besaron, mientras estaban borrachos, y que la situación había estado subida de tono… Paula no concebía lo que oía.– si no hubiese sido por Pedro que se detuvo, ya no tendrías un pelo de virgen.


Paula se tomó el tiempo de analizar lo que su mejor amiga le decía, no podía procesar todo eso. ¿Realmente Pedro y ella estuvieron a punto de… tener sexo? No podía creerlo, suspiró pesadamente. Y Pedro si se acordaba y no había mencionado absolutamente nada.


                -Alfonso tendrá que oírme –musitó mientras se levantaba enfadada.

                -No creo que sea un buen momento… -dijo Zaira.

                -¿Por qué no? –preguntó ella frunciendo el ceño.

                -Lo vi caminar con Smith a su oficina… -susurró Zaira.


Paula abrió los ojos y sintió como que algo le quemaba el estómago. ¡Pedro es un imbécil! Pensó. Ella nunca sería como las chicas que Pedro le gustaban, ella no era una puta. Así que Pedro le debía una explicación.


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sábado, 30 de marzo de 2013

Capitulo 17


Ella sintió el cuerpo de Pedro tensarse a su lado. Siempre le sucedía cuando se ponía nervioso en una situación tensa.


                  -Yo… Pedro no tenía idea que mentira inventar, se le agotaban las ideas una a una.– creo que me dejé llevar, ya sabes, la música, las luces no lo sé, la situación –dijo él mientras sus manos sudaban del nerviosismo y su corazón latía fuerte.– estabas muy linda esa noche y ya sabes… lo siento, actué como un idiota.

                  -No te preocupes Pepe, por si te diste cuenta, estaba a punto de seguirte el beso, así que no eres el único culpable –dijo ella con relajación. Pedro sintió un escalofrío recorrer su cuerpo.

                  -Sí, pero olvidemos esa noche, es pasado –dijo Pedro sonando seguro, pero sabía que no iba a olvidarla fácilmente, pues había sido la noche en que casi triunfo, y que de un segundo a otro le arrebataron a su chica.


Al día siguiente, Paula tenía que ir a su hogar a buscar ropa y probablemente se encontraría con su madre, así que Pedro se ofreció para estar con ella. Pero se negó, diciendo que los problemas tenía que resolverlos ella esta vez.
Así que finalmente, su madre y ella se “arreglaron”, Pedro sabía que era temporal, pero prefirió seguirle la corriente. Y bueno, con el pasar de los días la tortura de Pedro se fue intensificando poco a poco. Ella y Nicolás hacían todo juntos, aunque ya no pasaba a recogerla, pues ella le había dejado claro que su mejor amigo pasaba por ella.


                  -¿Ya dejaste de tirarte a Smith? –preguntó Matías con una sonrisa malévola

                  -Olvidemos la apuesta Matías, no quiero ocupar tu moto por una estúpida y absurda apuesta –susurró Pedro. Matías suspiró.

                  -¿Intentando remendar los errores para enamorar a tu chica? –preguntó Matías. Pedro asintió.– está con Nicolás ¿cierto? –Pedro asintió de nuevo.– oh, es un golpe bajo.

                  -Ni me lo recuerdes, gracias –dijo Pedro de forma irónica.

                  -No te la tomes conmigo hermano, yo sé que puedes conseguirla, pero realmente debes esforzarte –dijo Matías ahora más serio.– si realmente la amas, lo lograrás.

                  -Eso espero, no quiero tener que seguir sufriendo otro montón de años. –dijo Pedro.– soy un cursi lo sé, pero de verdad la amo.

                  -No eres cursi amigo, yo recién estoy comenzando y Karla ya me tiene arrastrándome por ella –ambos sonrieron.– no te preocupes, sé que ella te elegirá a ti de todas formas.

                  -¿Cómo lo sabes? –preguntó Pedro.

                  -Piénsalo. ¿A quién recurre Paula cuando tiene problemas? –Pedro suspiró.– ¿quién es el que la acompaña? ¿A quién llama primero cada navidad y año nuevo?

                  -Yo –susurró Pedro. Matías le dio una sonrisa.

                  -Viste, ella pronto se dará cuenta, cuando el imbécil de Nicolás le haga cualquier cosa, o la decepcione, ella se percatará de que la mejor opción ha estado ahí, todo lo que ella quiere está bajo su nariz –dijo Matías sonriendo. Pedro asintió más optimista. Quizás Matías tenía razón.


Pero luego de ese día comenzó a dudar. ¿La razón?...


                 -Pedro –dijo ella con una enorme sonrisa mientras lo abrazaba.

                 -Hola princesa ¿cómo has estado? –preguntó a su mejor amiga mientras pasaba los brazos alrededor de su delgado cuerpo.

                 -¡Genial! Tengo algo que contarte –dijo con una sincera sonrisa.

                 -¿Qué pasa? –preguntó Pedro.

                 -Es que… Nicolás y yo somos novios –dijo con un saltito. Pedro la miró serio durante un momento. Luego le sonrió lo mejor que pudo, aunque esa sonrisa no tenía nada de real, hasta ella que no era muy buena dándose cuenta de lo que Pedro hacía, se percató.

                 -Eso… eso es genial linda –le dijo besando su frente.– yo… ahora tengo que salir, te quiero. –casi corrió del lugar, no podía ponerse a llorar frente a ella de nuevo. Pero en su camino chocó con alguien conocido.

                 -¿Pedro? ¿Estás bien? –la voz de Amy lo distrajo.

                 -Sí, no te preocupes –dijo sin ánimo. Ella lo detuvo cuando el se disponía a pasar.

                 -No te creo, has estado raro… y quería pedirte disculpas por lo del baile, fui una estúpida cariño, no sé porque lo hice, me sentí celosa –dijo. Pedro creyó que estaba hablando enserio, pues su sonrisa no era falsa.

                 -Disculpas aceptadas –dijo Pedro.

                 -Ahora las chicas y los chicos tenemos una fiesta en mi casa, ven conmigo, te llevo en mi auto –Pedro dudó.– ¡vamos Pedro! Olvidemos las cosas malas por hoy, quizás necesitas una distracción.

                 -Está bien –dijo Pedro dándose por vencido.

                 -Agustín y Gustavo no podían venir, pero estará Matías, Oliver, Robert y Paul –dijo Amy alegre. Los otros chicos eran parte del “grupo popular” también.– y estará Rocío, Britanny, Karla la novia de Matías, y Polly –dijo mientras le agarraba la mano para dirigirse a su auto. Pedro se sentía tan mal que realmente se dejó llevar.


Llegaron a la gran casa de Amy, sus padres eran ricos y le permitían hacer lo que quería. Así que entraron, y allí estaban los chicos. Matías lo miró sorprendido, pero aún así le sonrió. Le presentó a Karla, su novia. Pedro le sonrió como pudo.
Luego de un rato de bebidas alcohólicas, risas, bailes y distorsión, Pedro ya estaba bastante borracho. Matías lo observaba, notó enseguida que algo le sucedía a uno de sus mejores amigos.


                 -¿Pasa algo amigo? –le preguntó.

                 -¡No! La vida es bella, hay que disfrutarla –balbuceó. Estaba bastante borracho.– permiso, iré a bailar con las señoritas –se acercó a Amy y a Rocío. Las tomó a ambas por la cintura, mientras se reían.

                 -Pedro peleó o algo así con Paula le aseguró Matías a su novia.

                 -¿Por qué lo dices? –preguntó ella con dulzura.

                 -Míralo, no hubiese venido de otra forma, luego de lo que Amy le hizo a Paula dijo Matías convencido.

                 -Creo que tienes razón, quizás deberíamos llevarlo para que no haga alguna estupidez –aseguró Karla. Su novio asintió.

                 -Pedro –Matías se acercó a él. Pedro lo miró con una estúpida sonrisa en el rostro.– vámonos, es tarde.

                 -No me iré –dijo Pedro riéndose.

                 -Sí, te irás –dijo Matías arrastrándolo, pero el se soltó.

                 -Veinte minutos y te juro que me voy contigo –Matías lo miró con desconfianza pero aceptó. Pedro siguió bailando con Amy, quien estaba disfrutando de esto. Su plan salía a la perfección, sabía que Pedro estaba enamorado de Paula, luego de la fiesta, así que ahora que estaba indefenso pues Nicolás y ella eran novios, podía volver a atraerlo para ella.

                 -Mhm no has perdido el ritmo, Pepe –le dijo mientras se acercaba más a él.

                 -Claro que no –dijo él, aunque le costaba mantener el equilibrio.

                 -Espero que tampoco hayas perdido otras capacidades –le susurró al oído. Pedro sintió la excitación recorrer su cuerpo, pero era por la borrachera, cualquier chica lo hubiese llevado a la cama en ese estado. Amy puso sus manos en el estómago de Pedro, acariciando su fuerte abdomen. Pedro suspiró, mientras ella miró sus pantalones. Estaba logrando lo que quería  Miró a que el amigo de Pedro, Matías, no los viera y lo acorraló contra una pared que quedaba fuera de la vista de todos. 

                 -No he perdido capacidades –susurró Pedro sensualmente. Abrió la puerta del baño, y se encerraron allí. Amy reía tontamente. Ella se subió sobre el lavabo. Se besaron con pasión y casi violentamente, inmediatamente Pedro bajó sus pantalones mientras ella se desnudaba para él. A pesar de su borrachera, Pedro estaba consciente. Necesitaba borrarla de su ser, necesitaba olvidarla.

                 -Vamos, hazme gritar tu nombre –le dijo Amy sensualmente al oído mientras arañaba su espalda. Pedro sonrió tontamente. Y por un momento, se imaginó así pero con ella… con su Paula, así que mientras ella terminaba de quitarse la ropa, Pedro con desesperación entró dentro de ella. Por cada movimiento, intentaba borrar cada punzada de dolor cuando Paula le decía que quería a Nicolás. Cada caricia a la chica con la que estaba intentaba olvidar esa fiesta, los besos que ella no le daba a él. Con cada beso, intentó borrar el día en que la besó, ese día que quedó marcado en su piel.

                 -¡Sigue, Pedro! –gritó ella. Entonces se percató que ninguna de esas chicas sería como Paula, nunca jamás. Cuando terminaron y Pedro se vistió, se sentía aún peor.– mi amor, te veo otro día –dijo cuando el chico se acercó a Matías para irse. Le besó los labios frente a todos.

                 -¿Qué fue eso? –preguntó Matías luego. Pedro levantó los hombros confundido, no tenía idea que pasaba, pero no se sentía bien. Lo dejaron en su casa, luego del regaño de su madre, se recostó totalmente borracho y comenzó a llorar otra vez, como cada maldito día.


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Capitulo 16


Pedro había decidido ir a dar un paseo. Aún le daba vueltas en la cabeza lo que había pasado, las palabras de Hernán, todo. Caminó por las calles para llegar a la plaza. Entonces su corazón se detuvo  unos segundos. Era ella, sola. La vio levantarse y mirar algo asustada a los tipos borrachos que se acercaban, y comenzó a caminar en otra dirección, pero al parecer los tipos querían molestarla, pues la siguieron.


                 -No en esa dirección preciosa, recuerda que esa calle no tiene salida –dijo hablando solo, la vio justamente entrar ahí, así que echó a correr como pudo. Luego de unas cuadras, la garganta le quemaba y casi le faltaba el aire. Había cruzado las calles a punto de ser atropellado pero no le importo. Ella era más importante, no podía permitir que nada le pasara. Ella caminaba rápido, tomó un atajo para evitarse a los tipos borrachos, y cuando la vio por fin, se acercó a ella y la agarró fuertemente de la cintura. Ella gritó, pero el le tapó la boca.– shh… soy yo.

                 -¿Pedro? –su voz quebrada. El asintió y la arrastró para que se escondieran tras un auto que estaba estacionado. Se quedaron callados observando a los confundidos tipos que miraban a todos lados, hasta que finalmente se fueron. Suspiraron, Pedro aún respiraba algo agitado luego de la carrera.

                 -¿Estás llorando? Tranquila, no pasó nada. –la estrechó entre sus brazo con fuerza. Ella lloró silenciosamente en el pecho de Pedro.

                 -¿Puedo quedarme en tu casa? Dormiré en el sofá –preguntó ella temblorosa.

                 -Claro, avisa a tu madre –dijo Pedro. Ella lo miró y negó con la cabeza.– ¿peleaste con ella?

                 -No me lo recuerdes, llévame a tu casa, por favor –pidió ella. Pedro asintió, la ayudó a levantarse, pasó su brazo alrededor de los hombros de la chica, y caminaron hasta la casa de Pedro.

                 -¿Paula? –la madre de Pedro los sobresaltó. Ella la saludó afectuosamente. No quiso preguntarle el motivo de la hora en que estaba ahí, sabía que la madre de Paula era algo complicada, y que recurría a Pedro cada vez que necesitaba protección. Así que les ofreció comida, rieron un rato. Ella se distrajo bastante, lo necesitaba. Pedro la observaba silenciosamente, repentinamente el enojo se había esfumado.

                 -Tú dormirás en mi habitación, y yo en el sofá ¿está claro? –ella le sonrió, no le gustaba ser molestia. Iba a protestar, pero el negó.– y nada de reclamos.

                 -Gracias –dijo ella mientras lo abrazaba con toda su fuerza. Él le acariciaba el cabello con delicadeza.

                 -No importa la hora que sea, en la situación que estemos, si necesitas algo me llamas, sabes que siempre estaré dispuesto para ti –susurró Pedro en su oído. Le causó un leve temblor el roce del aliento de Pedro cerca de su cuello.

                 -No me dejes sola –le pidió.

                 -Nunca –aseguró Pedro. Le tomó la mano y la llevó caminando hasta su habitación, entraron y ambos se sentaron en la cama.– ¿necesitas algo para dormir?

                 -Sí –susurró ella. Pedro buscó algo en su armario.– te daré una de mis remeras, y creo que Luciana se ha dejado unos shorts deportivos, iré a ver.


Luego trajo exactamente lo que le dijo, la dejó vestirse tranquila. Ella lo llamó luego de un rato. La miró de pies a cabeza y le sonrió. Con todo se veía hermosa, cualquier cosa que usara. Se acercó a ella y le besó la frente.


                 -Acuéstate preciosa, necesitas descansar –le susurró Pedro.

                 -Quédate conmigo, estoy segura que tu madre no se molestará –la petición de Paula lo hizo sentir muchas cosas, lanzó un largo suspiro y cerró los ojos un momento. Relájate, se dijo a si mismo.

                 -S… si tú quieres –dijo con la voz entrecortada. Ella le sonrió y lo abrazó fuerte. 


Casi lo botó con la fuerza que lo abrazó. Ella se tiró en la cama y el también, se rieron porque se dieron un cabezazo. Luego se quedaron charlando un rato. Pedro la observaba reírse de esa manera dulce y despreocupada, que lograba estando con él.


                 -Pedro, te debo una disculpa –dijo ella luego de un rato.

                 -¿Por? –preguntó Pedro.

                 -Haberte dejado solo en la fiesta, no fue tu culpa, pero me di cuenta cuando ya te habías ido que me comporté como una boluda yéndome con Nicolás y besándolo –dijo ella suspirando. Pedro sonrió, ella se disculpó. Lo había hecho sentir mejor.– aunque tengo una pregunta.– ¡oh no! Pensó Pedro, su amiga tenía una característica muy clara, era directa para decir las cosas, dolieran o no.

                 -Dime lo que sea –dijo Pedro tenso.

                 -¿Ibas a besarme mientras bailábamos, o solo fue el efecto del alcohol en mi cabeza?



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viernes, 29 de marzo de 2013

Capitulo 15

Mientras tanto Paula se sentía extraña, y lo peor es que sabía que a Pedro le pasaba algo. Los rumores en la secundaria fueron tales que llegaron de inmediato a sus oídos.
Pedro quiere a Paula, lloró por ella al verla con Nicolás.
No sabía si creerlo, los rumores casi siempre eran mentiras. Aunque quizás esta vez era verdad, lo escuchó de mucha gente que realmente estaba ahí, gente que lo vio todo. Agregándole que Pedro se marchó esa noche, y que hoy había sido brusco y frío, algo extraño estaba pasando.
Entonces a su mente vino lo que pasó antes de que Amy le lanzara el trago encima. Pedro con sus fuertes y varoniles manos en su cintura, apegando su cuerpo al de él, mientras la miraba seria e intensamente, su boca a la altura de la suya, el nerviosismo de su cuerpo cuando sus labios estaban rozándose, las mariposas en el estómago, absolutamente todo había sido nuevo, nunca siquiera se había imaginado estar con su mejor amigo, Pedro Alfonso, al menos de forma consciente. Pedro era el último chico con el que saldría, era un mujeriego imperdonable, un arrogante y engreído si quería serlo, aunque para ella eso no importaba, era su mejor amigo. Pero ese baile cambió mucho las cosas para ella. Las cosas que había sentido no eran normales, si bien no le gustaba Pedro, algo había nacido, algo que ella nunca se habría percatado, incluso parecía que había nacido antes. Muy en el fondo, en el subconsciente de ella, los recuerdos de su día de borrachera no se habían ido, su mente estaba bloqueándolos, pero podía casi sentir que algo extraño había pasado, algo que Pedro había callado. Intentó no pensar mucho más en él, pero se le hacía difícil ¿qué tal si Pedro gustaba de ella? No, no podía ser. ¿Ella, la chica menos popular de la escuela? No, para Pedro Alfonso no existían en su vida una chica que no fuera de belleza despampanante.


                     -Hija –la voz de su madre la sobresaltó. Levantó la cabeza y miró a su madre.– mañana vendrá a cenar alguien especial que tienes que conocer –dijo sonriéndole. Ella asintió sin decir nada, no le daba muy buena espina. 


Suspiró, su madre nunca le ponía atención si no era para conveniencia de ella. Esto ocurría desde que sus padres se separaron, lo que ocasionó un gran distanciamiento, al punto de que su hermana fue a vivirse con su padre, ya ni se soportaban. Ella tiene quince años, es una mocosa. Y su padre la llamaba poco, al parecer se conformaba con que la menor estuviera con él. Todo esto le hacía la vida miserable, realmente. Recuerda con dolor las marcas en la piel de sus muslos, los psicólogos y todo eso. Nunca hubiera creído que sería como esas chicas que se desahogan haciéndose daño a si mismas, pero el destino dijo otra cosa. Nadie, absolutamente nadie, lo sabía. Ni siquiera Pedro, todos tienen sus secretos ¿no? Incluso aunque ella supuestamente no recordara que casi se había acostado con Pedro, el estaba tan absorto en tocarla y besarla, que no se percató de las cicatrices de sus muslos. Nunca se había cortado las muñecas, era muy obvio. Estaba un poco harta de su vida, realmente sin Pedro y Zaira se habría ido a la mierda, y ahora comenzaba a sentir la soledad otra vez. Pedro enfadado, y Zaira de novia con Hernán ¿algo más? No pudo evitar comenzar a llorar, era muy verdadero que necesitaba a Pedro casi tanto como respirar, no quería y no imaginaba una vida sin tenerlo con ella. Era como una especie de “enamoramiento” pero no literalmente, porque por lo menos hasta el día de la fiesta, no había sentido deseos de besarlo. Hasta ese día. Porque cuando miró sus labios despertaron sentimientos en ella, algo muy extraño, que nunca antes había sentido. Estaba asustada, no quería enamorarse de Pedro, sabía que si sucedía saldría herida, Pedro nunca fue hombre de una sola mujer, y sabía que ni siquiera estaría dispuesto a cambiar por ella.
Al día siguiente se arregló un poco para la cena con esa persona “especial”, se preguntaba que estupidez habría hecho su madre, pero no quiso ni siquiera imaginarlo. Así que bajó antes de que el o la invitada llegara, se puso un simple vestido negro y converses.


                     -Deberías haberte puesto tacones –criticó su madre. Paula rodó los ojos.

                     -No es tan especial como para usar tacones. –dijo ella firmemente.

                     -Bueno, no hay remedio –dijo su madre. Justamente tocaron el timbre, y una voz masculina rodeó el ambiente. ¿Sería un jefe o algo así? El hombre era alto, tenía los ojos verdes brillantes, y era de contextura gruesa, musculoso.– ella es Paula, mi hija Paula se levantó y ofreció su mano. El hombre la estrechó con cierta delicadeza.– Él es Rob, mi… Paula arqueó una ceja esperando saber quien era ese tipo.– novio
.
                     -¡Wow! Oh… genial –dijo dando una forzada sonrisa. ¡Era lo único que faltaba! Su madre con otro tipo, ahora si que si vida se había hecho polvito. Comieron, ella estaba en silencio, mientras Rob les contaba historias o anécdotas, ella sonreía con toda la falsedad del mundo. Estaba harta, solamente quería retirarse e ir a dormir.– ¿Puedo retirarme? –dijo luego de un rato.

                     -No seas maleducada, tenemos invitado –ella rodó los ojos.

                     -No me siento bien –mintió.

                     -Sé que estás mintiendo, te quedas aquí –dijo su madre firmemente, mientras esperaba que Rob volviese del baño.

                     -Necesito dormir –repuso.

                     -Eres igual de mentirosa que tu padre –dijo su madre. La ira le invadió el cuerpo, la fulminó con la mirada.– así que te quedas ahí.

                     -No pienso hacerlo –dijo ella.– no me interesa tu novio.

                     -Tendrás que acostumbrarte –dijo su madre con rabia.– porque estamos comprometidos hace tiempo, así que pronto vivirá aquí y tú deberás aceptarlo. –su madre estaba muy alterada.

                     -No pienso seguir contigo si metes a un tipo que ni siquiera conozco a casa –replicó ella. Su madre la fulminó con la mirada.

                     -¿Y qué harás? ¿Irte a Estados Unidos con tu padre? –ella la miró despectivamente, con una burlona sonrisa. Sabía que Paula no se iría, tenía su vida aquí, más que nada, tenía a Pedro y a Zaira. Y ahora, a Nicolás.

                     -Irme a vivir donde sea. –dijo ella.

                     -Aún tienes diecisiete, eres menor de edad.

                     -Por poco tiempo –dijo ella con odio. Se paró bruscamente de la silla, su madre no la quería dejar salir de la casa, le bloqueó la puerta.– déjame salir.

                     -No, tú no irás a ninguna parte.

                     -Sí lo haré, déjame en paz –le gritó. Entonces sintió el ardor en su mejilla, la había golpeado. La miró con tanto odio que parecía echar chispas y luego, abrió la puerta y pegó un portazo. Las lágrimas no tardaron en correr por sus mejillas, ¿a quién llamar? Marcó el número de Nicolás, recordando que Zaira estaba con Hernán y Pedro estaba enojado.

                     -¿Sí? –la voz de Nicolás le causó un extraño escalofrío.

                     -¿Estás… ocupado? –preguntó con la voz quebrada.

                     -Amor, estoy fuera de la ciudad… -dijo Nicolás sin siquiera percatarse de la voz de dolor de Paula.

                     -Oh… lo siento, te llamo más tarde –dijo ella.

                     -Te quiero –dijo él y cortó el teléfono.

 
No sabía donde ir, comenzaba a correr una brisa fuerte, eran alrededor de las diez de la noche y estaba oscuro. Aún no llegaba el verano, así que las noches seguían siendo frías. Caminó por las oscuras calles sola, asustada. No había nadie en la calle, fue hasta la plaza cercana a su casa, se sentó en una banca. Era Sábado, había sido mala decisión, los Sábados los fiesteros comienzan a beber en esa plaza. Unos chicos de aspecto no muy agradable caminaban algo borrachos pese a no ser tan tarde, ella se paró y decidió caminar a otro lado. No quería que nadie se le acercara. ¿Y si llamaba a Pedro? ¿Vencer su orgullo? Caminó en línea recta, y sintió las risas de los chicos, más bien hombres bebidos. Se percató que la seguían, o se estaba imaginando cosas. Más lágrimas, el cuerpo le temblaba.


                     -¡Bonita! –la voz de uno de ellos la asustó más. Se metió por una calle, y dobló hacia otra luego, pero no se percató por la oscuridad de la noche, que había llegado a una calle sin salida. Entonces unas manos se aferraron a su cintura, y gritó.


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jueves, 28 de marzo de 2013

Capitulo 14


Manejó hasta su casa sin siquiera avisarle. No quería verla, ni escuchar nada de ella. Entró, Ana su madre lo miró con una sonrisa hasta que se percató de sus ojos rojos e hinchados. Lo abrazó sin preguntarle nada, Pedro lloró, su madre siempre sabía que apenas pudiese hablar le daría las explicaciones. Se disculpó, subió a su habitación y se tiró en su cama a llorar. Los sollozos se podían escuchar en toda la casa. Como si algo se hubiera roto en su interior, así se sentía. Se odiaba, odiaba su vida, odiaba la secundaria, la odiaba a ella.


                   -Hijo –la voz de su madre lo hizo abrir los ojos. Era de día, se había dormido con el traje puesto.¿quieres el desayuno? –Pedro asintió desganado sin decir mucho. Miró su celular, tenía muchas llamadas perdidas de los chicos, y mensajes. Nada de ella.

                   -Gracias mami –le dijo tiernamente cuando su madre le llevó el desayuno.

                   -¿Quieres hablar? –preguntó su madre con dulzura.

                   -No hay mucho que decir ma, problemas de mujeres –susurró con cierta ironía.

                   -Mhm se trata de Paula ¿no? –el asintió mientras miraba la tostada que tenía en la bandeja.– ¿Te rechazó? –el negó con un suspiro.

                   -En resumidas cuentas, llegamos, todo iba bien, hasta que una de mis ex le derramo la bebida en la espalda, ella se enfadó porque desde que llegamos las chicas la molestaban, se fue llorando, luego un imbécil se aprovechó para “consolarla” y terminó besándose con él –dijo Pedro con mucho odio en la voz.– el mismo imbécil que la ha coqueteado hace bastantes días.

                   -Entiendo pequeño –dijo Ana.– pero recuerda que todo se vale en el amor y la guerra –Ana se levantó, le guiñó un ojo y salió de la habitación.


Pedro lanzó un suspiro. Le dolía la cabeza, había llorado bastante. Se fue a duchar, se quitó el traje, lo tiró al suelo con ira. Se bañó intentando relajarse, luego se puso a jugar con la consola, dio unas vueltas en su bicicleta, pero ya no quedaba mucho que hacer. Así que se dispuso a dar un paseo. Las calles lucían tranquilas, un día domingo todo estaba en paz, el sol brillaba, era agradable. Sentía la brisa jugar con pelo. Pero mientras caminaba, chocó con la persona que menos deseaba ver.


                   -Lo siento… miró al frente y allí estaba ella. Paula lo miró sin decir nada.– permiso. –quiso pasar junto a ella.

                   -Pedro… susurró ella.

                   -¿Mhm? –preguntó fríamente.

                   -Anoche… Pedro ni siquiera la dejó hablar.

                   -Olvidemos que eso pasó, ahora si no te importa, iba a ir a hacer algo importante. –dijo bruscamente. 


Caminó otra vez, mientras ella lo miraba alejarse ¿por qué tanta ira de su parte? No tenía por qué enojarse, ella debería estar enfadada ya que las perras con las que suele estar intentaron hacerle la velada imposible, y luego Nicolás estaba ahí para consolarla. Debería estar feliz por ella, Nicolás era un chico dulce y no era para nada orgulloso como Pedro. Suspiró y fue a su casa, no quería seguir pensando en Pedro.
Mientras tanto Pedro, recibió un mensaje de Hernán.
Estoy a cinco metros tras de ti, voltea.
Pedro volteó y vio a Hernán acercarse con una sonrisa, cosa permanente en él. Se sentó con él, no se dijeron nada.


                   -Así que… ¿mal plan? –preguntó Hernán. Pedro asintió.

                   -Pésimo –musitó.

                   -Anoche toda tu secundaria se enteró que estás loco por Paula, desde que te vieron llegar con ella, hasta que te vieron llorando –dijo Hernán. Por primera vez, Pedro dijo.

                   -No me interesa lo que digan o piensen de mí –dijo indiferente. Hernán sonrió y le aplaudió, Pedro lo miró arqueando una ceja.

                   -Primer paso a la madurez hermano, que no te importe la opinión del resto –Pedro medio sonrió.

                   -Tienes razón, últimamente me preocupa demasiado lo que crean de mí –dijo Pedro

                   -Olvídalo, cuando no te preocupes por lo que los demás digan, es cuando comienzas a ser tu mismo –le guiñó un ojo.

                   -Aunque sigo estando amargado –dijo Pedro.

                   -No es fácil –dijo Hernán.– pero ¿seguirás luchando por ella?

                   -No sé, Nan. –dijo Pedro.– ya no quiero hablar de ella –dijo dando un suspiro. Hernán le palmeó el hombro. Pedro lanzó otro largo suspiro, todo había sido un verdadero fiasco, se sentía tan mal que casi no tenía ánimo de vivir. ¿Por qué ella tenía que irse con Nicolás? Si tan solo la estúpida de Amy hubiera desaparecido, el la habría besado y le habría dicho que estaba enamorado de ella.– ¡Dios mío, no puedo sacarla de mi mente!

                   -Habla con ella –sugirió Hernán.– dile que la amas.

                   -Ella quiere a Nicolás, Hernán –dijo Pedro.

                   -Está bien Pedro, si tú quieres negarte –dijo Hernán rodando los ojos

                   -¿Negarme Hernán? –preguntó Pedro con cierta ira.– ¿no te das cuenta que daría la vida por estar con ella?

                   -Pedro, te has metido con chicas que tienen novios y supuestamente los amas… ¿no puedes conquistarla? Vamos, te has tirado a las de la secundaria, a las primas de Agustín y Matías –ambos se rieron.– ¿y no puedes con Paula?

                   -Ella no es como las otras –dijo Pedro firme.

                   -Pero es una chica, tú sabes como hacerlo –Hernán se paró guiñándole un ojo como solía hacer, y se dirigió a su auto. Pedro lo miró alejarse. ¿Y si tenía razón? Bueno, probablemente la tendría. Suspiró. Pero hoy no tenía el ánimo suficiente para ir a hablar con ella. Quizás tenía que esperar un poco.


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miércoles, 27 de marzo de 2013

Capitulo 13


Llegó el día, Pedro estaba tan nervioso que ni siquiera modulaba bien. Su madre lo miró con ternura, cada vez que vestía formal se veía adorable. Terminó de mirarse al espejo, y dio un largo suspiro. Miró la hora, tenía que pasar a buscarla. Se despidió de su madre quien le deseó suerte. Sonrió, espera que realmente la suerte lo acompañara. Así que manejó hasta la casa de Paula, y tocó el timbre, nervioso. Sintió su voz a lo lejos, diciendo “ya voy”. Río un poco, y espero apoyado en el auto a que saliera. Entonces, abrió la puerta.
Llevaba el vestido que había elegido. Le llegaba un poco más arriba de las rodillas, sus piernas se veían perfectas, largas y hermosas, llevaba unos tacones altos de color plateado, un bolsito en su mano del mismo color que los zapatos, su cabello estaba peinado de una forma en que no parecía ni tan formal ni tan informal, sus labios estaban con brillo, lo que resaltaba el grosor de estos, sus pestañas se veían más largas y redondeadas, sus mejillas levemente sonrojadas. En su cuello, llevaba un collar en forma de corazón plateado, exactamente el que Pedro le había dado hace un tiempo. Ella le sonrió tímida.


                    -¡Wow! –dijo Pedro algo nervioso, se veía preciosa, realmente no sabía como seguía en pie con semejante mujer.

                    -Te ves guapo –dijo ella dándole una alentadora sonrisa.

                    -Gracias… tú te ves… maravillosa –dijo él haciendo que ella se sonrojara. Era un avance. Con los tacones le llegaba a la altura de sus ojos. 


El le abrió la puerta del copiloto, y manejó hasta la secundaria. No decían nada, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Pedro de vez en cuando miraba de reojo sus piernas, era un pervertido a veces. Aunque ella no era de usar vestidos extremadamente cortos, cosa que le agradaba.
Llegaron a la secundaria, el le ofreció su brazo, ella le respondió con una sonrisa. Entraron, el ambiente era agradable. Estaba decorado como un lugar nocturno, pero sin olvidar los detalles de la bienvenida a la época primaveral, había un escenario donde tocarían algunas bandas, luces ubicadas en las esquinas del recinto. Pedro se mordió el labio nervioso, si todo salía como el esperaba, ya no tendría que estar sufriendo por ella. Ahora ella sería de él.


                    -¡Chicos! –la voz de la mejor amiga de Paula los sobresaltó. La saludaron amablemente. Zaira llevaba un vestido negro corto, la hacía ver preciosa, e iba de la mano con Hernán, que pese a que no era de la secundaria, seguía siendo su invitado.

                    -Hola –dijo Hernán sonriéndole a Pedro mientras sus chicas conversaban.– preciosas ¿no?

                    -Uff… demasiado –dijo Pedro.

                    -Hoy es tu día campeón –dijo Hernán sonriendo.

                    -Eso espero. –dijo Pedro. 


Hernán y Zaira se despidieron, Pedro tomó de la mano a Paula, entonces echó una mirada al lugar. Y se encontró con la mirada celosa y enfadada de una rubia. Rocío los miraba con odio, al igual que Amy. Rocío llevaba un corto y apretado vestido negro que dejaba ver sus largas y torneadas piernas y resaltaba su perfecta figura, Amy llevaba un vestido también corto de color crema, muy apretado. Miraban casi con asco a Paula, quien se percató de eso, pero Pedro la hizo mirarlo y le sonrió, inspirándole confianza.
Al cabo de un rato, comenzó la música. Pedro de inmediato llevó a su mejor amiga a la pista, y bailaron unas cuantas canciones movidas. Ella reía divertida, realmente se la estaba pasando genial con Pedro.


                    -¿Vamos por un poco de ponche? –preguntó él con una sonrisa.

                    -Claro –la tomó de la mano, y caminaron hasta la mesita. Pedro sirvió ponche en dos vasos, le dio uno a ella.

                    -Aunque a la mona la vistas de seda, mona se queda –una voz chillona y cargada de desprecio los interrumpió.

                    -Rocío, ¿podrías ahorrarte tus comentarios idiotas e irte a molestar a otros que no seamos Paula y yo? –dijo Pedro con la voz cargada de ira.

                    -No sé como invitaste a esta –dijo mirándola con desprecio.

                    -Es mejor que todas las otras de esta secundaria –dijo Pedro abrazando a su mejor amiga, quien miraba al suelo.

                    -No decías eso en mi fiesta, mientras esta se besaba con Nicolás, tú y yo lo pasamos mejor –dijo con una maligna sonrisa. Paula no dijo nada, en realidad, no tenía por qué afectarle,  de todas formas, era su mejor amigo. Pedro le tomó la mano con fuerza y la hizo desaparecer de allí.

                    -Lo siento –dijo Pedro dando un suspiro.

                    -No te preocupes Pepe –dijo ella dándole una alentadora sonrisa.

                    -¿Quieres bailar? –preguntó. Ella le sonrió y asintió. Caminaron hasta la pista y bailaron un rato, ella se reía por los pasos que a Pedro se le ocurrían. Entonces el estómago de Pedro se apretó, exactamente una canción lenta para el momento. Las luces del lugar bajaron al mínimo, ella lo miró con una tímida sonrisa, estaba nerviosa, no sabía muy bien que hacer en un caso así ¿bailar con tu mejor amigo una canción lenta? No lucía tan mal ¿o sí?  Pedro se río despreocupado, o eso creyó ella, más bien el estaba más nervioso que cuando dio su primer beso.

                    -Esto es embarazoso –dijo ella divertida mientras Pedro rodeaba su cintura con sus brazos y la hacía apegarse a su cuerpo. Ella pasó sus brazos por el cuello de Pedro, y enredó sus dedos en algunos rulos que se le formaban en la nuca a Pedro. Se sonrieron, el corazón de Pedro estaba latiendo a mil, mientras los primeros acordes sonaban. Las luces no les permitían ver mucho más allá de ellos, pero si lo suficiente para verse los ojos. Los de Pedro brillaban de la emoción, los de ella denotaban emoción pero más bien algo de nerviosismo.

                    -Anótalo como nuestro primer baile en pareja –le susurró Pedro al oído. Ella río dulcemente. Pedro no dejaba de mirarla, y extrañamente, a ella no le incomodaba para nada. Los ojos marrones de Pedro lucían especiales. Por primera vez, sintió mariposas en el estómago cuando Pedro la apegó más a su cuerpo. “No puede ser que el ponche me haya hecho efecto tan rápido, no tomé casi nada” pensó. Pedro no sonreía, solo la miraba. Sentía que le estaba coqueteando, quizás el ponche tenía demasiado alcohol. En la mitad de la canción, Pedro se acercó mucho para su gusto, estaba levemente agachado, a la altura de sus labios. Tan tensa y nerviosa como se sentía, miró por inercia los labios de Pedro. El le sonrió coquetamente cuando ella bajó la mirada a sus labios, entonces se decidió por hacerlo. Dejando solo una mano en la cintura de la muchacha mientras se movían al compás de la música, puso su otra mano en la mejilla de ella de manera cuidadosa. Ella no se movió, pero Pedro se acercó más aún. Sus labios estaban rozándose, ambos cerraron los ojos, la respiración del otro golpeaba sus labios. Pero lo bueno dura poco, dicen.


                    -¡Ay Dios! –gritó ella cuando sintió como algo helado le corría por la espalda. Se volteó asustada y confusa, entonces vio a Amy con el vaso totalmente vacío. Ella le sonreía llena de odio.

                    -¡¿Qué sucede contigo?! –le gritó Pedro exasperado.

                    -Nada, solo necesitaba algo frío ¿no creen? –ella se alejó con una sonrisa.

                    -Perdón –dijo Pedro abrazándola. Se quitó su chaqueta y la puso en los hombros de ella.

                    -Pedro, no puedo con esto –dijo ella con los ojos llenos de lágrimas y se alejó. 


La ira lo consumía, estuvo apunto de besarla, de poder por fin desahogar todo lo que llevaba dentro, y tenía que aparecer esa hueca. En cierta parte, el tenía la culpa, las chicas lo perseguían porque el estaba con todas cuando quería, casi todas las populares habían pasado por él. Se sintió un asco.


                    -¿Qué le pasó a Pau? –preguntó Zaira preocupada acercándose a él de la mano con Hernán.

                    -Amy le derramó el vaso en la espalda mientras bailábamos –dijo Pedro mirando el suelo.

                    -¿Qué acaso no puedes controlar a tus perras? –preguntó ella con ira mientras corría a buscarla. Hernán le palmeó el hombro, mientras Pedro intentaba no llorar. Su noche se veía arruinada, solo porque había sido un imbécil mujeriego y ahora las estaba pagando.


Zaira volvió al cabo de diez minutos, sonriendo. Se acercó a Hernán.


                    -¿Dónde está? –preguntó Pedro dispuesto a recuperar su momento.

                    -Viene entrando, pero yo diría que está algo ocupada Pedro –dijo Zaira sonriendo.– vamos Nan.


Hernán y Pedro miraron hacia la entrada, ella venía riéndose con Nicolás. Justamente se acercaron a él. Hernán miró la escena con cierta lástima.


                    -Gracias por la chaqueta, iré a bailar con Nicolás –dijo Paula fríamente entregándole la chaqueta.

                    -D… de nada –susurró Pedro. Ella se fue de la mano con Nicolás, y los miró bailar entretenidos. ¿Lo estaba haciendo a propósito? Después de todo, ella había ido con él. 


Chicas se acercaban a charlarle, pero el solamente veía fijamente a la pareja, que a cada momento se ponían más románticos. ¿Qué rayos le pasaba? Nicolás había estado con Amy, no podía seguir gustándole un tipo tan pelotudo. Entonces cayó en la realidad, el era peor, y aún mantenía la esperanza de que ella lo quisiera.
Siguió observando la escena, el le tomó la mano con ternura.


He takes your hand, i die a Little.

Sus ojos brillaban cuando el la tomó por la cintura, se miraban con ternura, realmente a ella le gustaba Nicolás y por fin venía a darse cuenta.

I watch your eyes, and I’m in little
Why can´t you look at me like that?

La visión de Pedro se nubló, tenía los ojos cristalinos.

When you walk by
I try to say it
But then I freeze
And never do it

¿Por qué diablos nunca le dijo? Quizás habría evitado esto hace tanto tiempo, quizás llevaría uno, dos o casi tres años siendo su novio. Haciéndola reír, besándola, mientras ella lo miraba de la misma forma en que miraba a Nicolás ahora.

My tongue gets tight
The words can't trade
I hear the beat of my heart getting louder
Whenever I'm near you

Otra canción lenta, sintió que el corazón iba a morir. El la tomó por la cintura mientras la apegaba a su cuerpo, ella sonreía sonrojada. Bailaban de forma romántica. Se acercó a ella, la iba a besar.

But I see you with him slow dancing
Tearing me apart
Cause you don't see
Whenever you kiss him
I'm breaking,
Oh how I wish that was me

Se besaron, él la tomaba de forma tan tierna, mientras seguían bailando al ritmo de la música. Pedro no ocultó las lágrimas que caían incesantes por su rostro.

He looks at you
The way that I would
Does all the things, I know that I could
If only time, could just turn back
Cause I got three little words
That I've always been dying to tell you

Realmente deseaba ser valiente por una maldita vez en su vida y correr a decirle que la amaba, besarla frente a todos, y pedirle que fuera su novia. Pero ella ni siquiera se acordaba de que Pedro existía, de que Pedro había luchado contra su orgullo y miedo por invitarla al baile.

But I see you with him slow dancing
Tearing me apart
Cause you don't see
Whenever you kiss him
I'm breaking,
Oh how I wish that was me

Feel with my hands on your waist
While we dance in the moonlight
I wish it was me
That you call in your room
Cause you wanna say good night

Todo lo que el daría por estar en el lugar de Nicolás en ese momento. Y pensar que era el quien mantenía el control de la situación y estaba a punto de besarla hace un rato. No había nada que deseara tanto como ser el motivo de sus sonrisas, el motivo de su vida. Ser su vida, nada más que eso.

Cause I see you with him slow dancing
Tearing me apart
Cause you don't see

But I see you with him slow dancing
Tearing me apart
Cause you don't see
Whenever you kiss him
I'm breaking,
Oh how I wish
Oh how I wish
Oh how I wish, that was me

Oh how I wish, that was me

Se levantó bruscamente, y salió. No lo soportaba, le era imposible continuar un minuto más en ese lugar. Miró la luna llena que se veía en el estrellado cielo nocturno. No podía dejar de llorar, y no le interesaba demasiado que lo vieran.


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martes, 26 de marzo de 2013

Capitulo 12


No sabía como se le había pasado una semana ya. En siete días, era el ansiado baile. Pedro estaba cada día más nervioso, sobre todo porque ella le había pedido que en unos días más la acompañara a comprar su vestido. Tan solo imaginarla con el vestido, tomando su brazo, y bailando con él, le provocaba un montón de sensaciones y mariposas en el estómago.
 Para ella, Pedro escondía algo, pues últimamente era tan extraño que el quisiera pasar todo el día con ella. No tenía idea que se traía entre manos, pero claramente había algo.
Pedro había ido a pasar el día con los chicos, quienes aún no tenían idea de quien sería la pareja de Pedro.


                  -¿Y tú con quien irás Gustavo? –preguntó Agustín sonriendo.

                  -Invité a Angie ¿la conocen? –preguntó Gustavo con cierto brillo en los ojos. Todos asintieron.– me encanta… no podía no invitarla, realmente me gusta.

                  -¿Y tú Agustín? –preguntó Matías.

                  -Jazmyn –dijo satisfecho.– creo que por fin me gusta una chica seriamente.– ¿y tú Alé?

                  -Estoy seguro que no la conocen –dijo Matías algo sonrojado.

                  -¿Quién? –preguntó Gustavo.

                  -Karla –todos fruncieron el ceño.– deberías conocerla Agustín, es amiga de Jazmyn, ya sabes, la de cabello claro y esos labios que vuelven loco a cualquiera –dijo Matías con una sonrisa coqueta.

                  -¡Karla! –exclamó Agustín cuando recordó.– sí, si me acuerdo de ella, es muy bonita –admitió Agustín.– tiene una sonrisa perfecta.

                  -Ya cállate, no la mires mucho.

                  -Por fin sentaron cabeza –dijo Hernán divertido.– los veo bastante emocionados con sus citas.

                  -¡Sí! –exclamaron los tres.

                  -¿Y tú Pedro? –preguntó Hernán con una sonrisa traviesa.
                  -¿Yo qué? –preguntó Pedro distraído.

                  -¿Con quién irás al baile? –preguntó Gustavo.

                  -Ah… con Paula -dijo Pedro algo nervioso. Agustín, Matías y Gustavo se miraron entre ellos con sorpresa, luego miraron a Pedro.

                  -¿Hablas enserio? –preguntó Agustín.

                  -Claro que sí –dijo Pedro -¿qué tiene de extraño?

                  -Mhm es solo que tú sueles ir con chicas con las que terminas teniendo sexo luego del baile ¿no? –dijo Matías.

                  -No, no quiero ir con ninguna hueca, prefiero ir con Paula, sé que me lo pasaré mejor –dijo Pedro frunciendo el ceño.

                  -A veces creo que eres un estúpido, pero días como hoy te encuentro la razón –dijo Gustavo con una sonrisa.– no sé como no te has dado cuenta de lo obvio.

                  -¿Y qué es lo obvio? –preguntó Pedro arqueando una ceja.

                  -Dos cosas –dijo Gustavo – la primera, estás loco por Paula, la segunda, deberías hacerte novio de ella, vale la pena para ti.

                  -¿Qué rayos estás diciendo? –todos se rieron.– yo no estoy loco por Paula, es como una hermana para mí. Segundo, ella vale la pena, ni siquiera yo creo merecer una chica como ella, pero no, no podemos ser novios.

                  -¿Solo porque no es una porrista hueca? –preguntó Agustín arqueando una ceja.

                  -Hey, no tiene nada que ver. –dijo Pedro frunciendo el ceño.– es solo que… no, no ella no me tomaría en cuenta –Hernán soltó una risa, entonces Pedro se percató de que metió la pata.– digo, no, somos como hermanos y…

                  -Pedro… ya lo admitiste –dijo Gustavo riéndose aún.

                  -¡No he admitido nada! –dijo Pedro tenso y nervioso.

                  -No sé porque te alteras tanto, es Paula, es una chica genial, deberías sentirte orgulloso si estás con ella. –dijo Hernán rodando los ojos. Pedro lo fulminó con la mirada.

                  -No es que no sea genial –dijo Pedro.– me gusta porque es genial, pero tan solo… entonces se percató de que nuevamente había metido la pata. Todos se miraron y explotaron en risas.

                  -Ya lo admitiste –bromeó Hernán. Pedro estaba sonrojado como un tomate, no dijo ninguna palabra.

                  -Guardaremos el secreto tigre, no te preocupes –lo consoló Agustín.– solo que no entiendo porque te haces tanto problema y no vas y le dices que te gusta.

                  -Tal como lo haces con el montón de chicas que han pasado por ti –dijo Matías.

                  -Es que ella no es como ninguna de esas chicas –susurró Pedro.– y bueno, lo admito… en realidad, no me gusta… la amo… –confesó Pedro apenado. Lanzó un largo suspiro. Todos se lanzaron una mirada.

                  -Bueno, el baile de primavera es tu oportunidad para decirle cuanto la amas –dijo Gustavo con una enorme sonrisa.

                  -Supongo –dijo Pedro algo desanimado. Ya a estas alturas, no podía actuar tan bien como antes. Y es que se estaba muriendo de amor prácticamente, la veía y todo el cuerpo se le tensaba y comenzaba a temblar. Le costaba controlarse, aunque ella ni siquiera se diera cuenta.


Su celular comenzó a sonar. Contestó, era ella.


                  -¿Paula? –preguntó. Todos sonrieron cómplices.

                  -Pepe, ¿iremos al shopping? Quiero comprar el vestido –dijo ella con una voz que casi le provoca derretirse.

                  -Está bien princesa ¿dónde nos juntamos? –Agustín estaba aguantándose la risa, Pedro lo fulminó con la mirada.

                  -Mhm ¿pasas por mí? –preguntó ella con dulzura.

                  -Está bien, paso por ti en quince minutos –dijo Pedro.– adiós.


Apenas cortó todos explotaron en risas, Pedro seguía sonrojado después de todo.


                  -Iré con ella a comprar el vestido para el baile –dijo sonriendo.

                  -¡Uh! –dijo Gustavo.– la verás probándose un montón de sensuales vestidos, por favor, controla a Pedro junior –dijo dándole una mirada a lo bajo de su abdomen. Todos rieron.

                  -¡Imbécil! –dijo Pedro frunciendo el ceño. 


Se despidió con la mano, aún avergonzado, subió a su auto y manejó hasta la casa de su princesa. Sonrió al verla aparecer por la puerta con esa enorme y perfecta sonrisa.


                  -Precioso –dijo ella con dulzura besándole la mejilla.– ¿cómo estás?

                  -Bien ¿y tú? –dijo él mientras encendía el auto y manejaba.

                  -Bien, gracias –dijo ella.


Llegaron al centro comercial, Pedro caminaba tomándola de la mano. Entraron a una tienda donde habían muchos vestidos, él sonrió, aunque esto le aburra, sería capaz de mucho más por ella, y también quería saber que tan hermosa se vería ese día. Ella comenzó probándose vestidos largos, pero ninguno le convencía. A Pedro le brillaban los ojos cada vez que se asomaba con uno nuevo.


                  -Pedro, ven –lo llamó al probador. El corazón se le aceleró ¿Qué necesitaría? Algo nervioso se acercó, ella lo hizo entrar. Cerró la puerta, Pedro se mordió los labios muy tenso.–súbeme el cierre –pidió. La miró de pies a cabeza, se estaba probando un vestido azul oscuro, le resaltaba el blanco de su piel, le llegaba más arriba de las rodillas. Pedro se agachó un poco, para alcanzar lo más bajo de su espalda. Comenzó a subirle el cierre intentando concentrarse solo en esa tarea, pues si pensaba en el hecho de que un solo movimiento la haría quedar semidesnuda ante él, no le sería de mucha ayuda.– ¿qué tal? –preguntó dando una vuelta. Estaba embobado, se veía hermosa, no… perfecta. El vestido le marcaba cada curva y le dejaba ver unas bonitas piernas.

                  -Te ves maravillosa –dijo con una sonrisa. Ella le correspondió la sonrisa. Siguió mirándose al espejo.– me llevaré este, me convenciste.


Pedro río. Se acercaron a la cajera, ella iba a pagar, pero Pedro le negó y se adelantó con su tarjeta de crédito. Ella protestó, pero Pedro negó.


                  -Bien, iremos por un helado ¿sí? –ella asintió con dulzura. Pedro la tomó de la mano y la llevó, le compró un helado, y al rato la fue a dejar a su casa.


Ella se acercó dando saltitos a despedirse, pero tropezó cayendo contra Pedro, acorralándolo contra el auto, y para colmo, sus narices chocaron y sus labios se rozaron. Ella se levantó avergonzada y Pedro algo sorprendido.


                  -Adiós –dijo avergonzada y casi corrió a su casa. Pedro la miró desaparecer y luego comenzó a reír sin motivo ¡la vida comenzaba a sonreírle!


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