No sabía como se le había pasado una semana ya. En siete días, era el ansiado baile. Pedro estaba cada día más nervioso, sobre todo porque ella le había pedido que en unos días más la acompañara a comprar su vestido. Tan solo imaginarla con el vestido, tomando su brazo, y bailando con él, le provocaba un montón de sensaciones y mariposas en el estómago.
Para ella, Pedro escondía algo, pues últimamente era tan extraño que el quisiera pasar todo el día con ella. No tenía idea que se traía entre manos, pero claramente había algo.
Pedro había ido a pasar el día con los chicos, quienes aún no tenían idea de quien sería la pareja de Pedro.
-¿Y tú con quien irás Gustavo? –preguntó Agustín sonriendo.
-Invité a Angie ¿la conocen? –preguntó Gustavo con cierto brillo en los ojos. Todos asintieron.– me encanta… no podía no invitarla, realmente me gusta.
-¿Y tú Agustín? –preguntó Matías.
-Jazmyn –dijo satisfecho.– creo que por fin me gusta una chica seriamente.– ¿y tú Alé?
-Estoy seguro que no la conocen –dijo Matías algo sonrojado.
-¿Quién? –preguntó Gustavo.
-Karla –todos fruncieron el ceño.– deberías conocerla Agustín, es amiga de Jazmyn, ya sabes, la de cabello claro y esos labios que vuelven loco a cualquiera –dijo Matías con una sonrisa coqueta.
-¡Karla! –exclamó Agustín cuando recordó.– sí, si me acuerdo de ella, es muy bonita –admitió Agustín.– tiene una sonrisa perfecta.
-Ya cállate, no la mires mucho.
-Por fin sentaron cabeza –dijo Hernán divertido.– los veo bastante emocionados con sus citas.
-¡Sí! –exclamaron los tres.
-¿Y tú Pedro? –preguntó Hernán con una sonrisa traviesa.
-¿Yo qué? –preguntó Pedro distraído.
-¿Con quién irás al baile? –preguntó Gustavo.
-Ah… con Paula -dijo Pedro algo nervioso. Agustín, Matías y Gustavo se miraron entre ellos con sorpresa, luego miraron a Pedro.
-¿Hablas enserio? –preguntó Agustín.
-Claro que sí –dijo Pedro -¿qué tiene de extraño?
-Mhm es solo que tú sueles ir con chicas con las que terminas teniendo sexo luego del baile ¿no? –dijo Matías.
-No, no quiero ir con ninguna hueca, prefiero ir con Paula, sé que me lo pasaré mejor –dijo Pedro frunciendo el ceño.
-A veces creo que eres un estúpido, pero días como hoy te encuentro la razón –dijo Gustavo con una sonrisa.– no sé como no te has dado cuenta de lo obvio.
-¿Y qué es lo obvio? –preguntó Pedro arqueando una ceja.
-Dos cosas –dijo Gustavo – la primera, estás loco por Paula, la segunda, deberías hacerte novio de ella, vale la pena para ti.
-¿Qué rayos estás diciendo? –todos se rieron.– yo no estoy loco por Paula, es como una hermana para mí. Segundo, ella vale la pena, ni siquiera yo creo merecer una chica como ella, pero no, no podemos ser novios.
-¿Solo porque no es una porrista hueca? –preguntó Agustín arqueando una ceja.
-Hey, no tiene nada que ver. –dijo Pedro frunciendo el ceño.– es solo que… no, no ella no me tomaría en cuenta –Hernán soltó una risa, entonces Pedro se percató de que metió la pata.– digo, no, somos como hermanos y…
-Pedro… ya lo admitiste –dijo Gustavo riéndose aún.
-¡No he admitido nada! –dijo Pedro tenso y nervioso.
-No sé porque te alteras tanto, es Paula, es una chica genial, deberías sentirte orgulloso si estás con ella. –dijo Hernán rodando los ojos. Pedro lo fulminó con la mirada.
-No es que no sea genial –dijo Pedro.– me gusta porque es genial, pero tan solo… –entonces se percató de que nuevamente había metido la pata. Todos se miraron y explotaron en risas.
-Ya lo admitiste –bromeó Hernán. Pedro estaba sonrojado como un tomate, no dijo ninguna palabra.
-Guardaremos el secreto tigre, no te preocupes –lo consoló Agustín.– solo que no entiendo porque te haces tanto problema y no vas y le dices que te gusta.
-Tal como lo haces con el montón de chicas que han pasado por ti –dijo Matías.
-Es que ella no es como ninguna de esas chicas –susurró Pedro.– y bueno, lo admito… en realidad, no me gusta… la amo… –confesó Pedro apenado. Lanzó un largo suspiro. Todos se lanzaron una mirada.
-Bueno, el baile de primavera es tu oportunidad para decirle cuanto la amas –dijo Gustavo con una enorme sonrisa.
-Supongo –dijo Pedro algo desanimado. Ya a estas alturas, no podía actuar tan bien como antes. Y es que se estaba muriendo de amor prácticamente, la veía y todo el cuerpo se le tensaba y comenzaba a temblar. Le costaba controlarse, aunque ella ni siquiera se diera cuenta.
Su celular comenzó a sonar. Contestó, era ella.
-¿Paula? –preguntó. Todos sonrieron cómplices.
-Pepe, ¿iremos al shopping? Quiero comprar el vestido –dijo ella con una voz que casi le provoca derretirse.
-Está bien princesa ¿dónde nos juntamos? –Agustín estaba aguantándose la risa, Pedro lo fulminó con la mirada.
-Mhm ¿pasas por mí? –preguntó ella con dulzura.
-Está bien, paso por ti en quince minutos –dijo Pedro.– adiós.
Apenas cortó todos explotaron en risas, Pedro seguía sonrojado después de todo.
-Iré con ella a comprar el vestido para el baile –dijo sonriendo.
-¡Uh! –dijo Gustavo.– la verás probándose un montón de sensuales vestidos, por favor, controla a Pedro junior –dijo dándole una mirada a lo bajo de su abdomen. Todos rieron.
-¡Imbécil! –dijo Pedro frunciendo el ceño.
Se despidió con la mano, aún avergonzado, subió a su auto y manejó hasta la casa de su princesa. Sonrió al verla aparecer por la puerta con esa enorme y perfecta sonrisa.
-Precioso –dijo ella con dulzura besándole la mejilla.– ¿cómo estás?
-Bien ¿y tú? –dijo él mientras encendía el auto y manejaba.
-Bien, gracias –dijo ella.
Llegaron al centro comercial, Pedro caminaba tomándola de la mano. Entraron a una tienda donde habían muchos vestidos, él sonrió, aunque esto le aburra, sería capaz de mucho más por ella, y también quería saber que tan hermosa se vería ese día. Ella comenzó probándose vestidos largos, pero ninguno le convencía. A Pedro le brillaban los ojos cada vez que se asomaba con uno nuevo.
-Pedro, ven –lo llamó al probador. El corazón se le aceleró ¿Qué necesitaría? Algo nervioso se acercó, ella lo hizo entrar. Cerró la puerta, Pedro se mordió los labios muy tenso.–súbeme el cierre –pidió. La miró de pies a cabeza, se estaba probando un vestido azul oscuro, le resaltaba el blanco de su piel, le llegaba más arriba de las rodillas. Pedro se agachó un poco, para alcanzar lo más bajo de su espalda. Comenzó a subirle el cierre intentando concentrarse solo en esa tarea, pues si pensaba en el hecho de que un solo movimiento la haría quedar semidesnuda ante él, no le sería de mucha ayuda.– ¿qué tal? –preguntó dando una vuelta. Estaba embobado, se veía hermosa, no… perfecta. El vestido le marcaba cada curva y le dejaba ver unas bonitas piernas.
-Te ves maravillosa –dijo con una sonrisa. Ella le correspondió la sonrisa. Siguió mirándose al espejo.– me llevaré este, me convenciste.
Pedro río. Se acercaron a la cajera, ella iba a pagar, pero Pedro le negó y se adelantó con su tarjeta de crédito. Ella protestó, pero Pedro negó.
-Bien, iremos por un helado ¿sí? –ella asintió con dulzura. Pedro la tomó de la mano y la llevó, le compró un helado, y al rato la fue a dejar a su casa.
Ella se acercó dando saltitos a despedirse, pero tropezó cayendo contra Pedro, acorralándolo contra el auto, y para colmo, sus narices chocaron y sus labios se rozaron. Ella se levantó avergonzada y Pedro algo sorprendido.
-Adiós –dijo avergonzada y casi corrió a su casa. Pedro la miró desaparecer y luego comenzó a reír sin motivo ¡la vida comenzaba a sonreírle!
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Gracias por leer y comentar!
ayyy ojala pase algo entre ellos en el baile!!!
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