Su pie se movía insistentemente, golpeando suavemente el piso, esperándolo como de costumbre. Supuestamente, ella debería ser la que tardara horas en arreglarse para ir a la escuela, pero era todo al revés, Pedro era como una chica, se tardaba demasiado en salir.
-Alfonso, si no bajas ahora, me iré sin ti, te lo juro –dijo exasperada. Sus juramentos no eran en vano, así que Pedro corrió escaleras abajo, y le sonrió coquetamente, esperando que lo disculpara por tardarse. Ella rodó los ojos, como siempre.
-Hola –dijo finalmente Pedro. Ella arqueó una ceja.– ¡no te enojes!
-Si me saludas, puede que no lo haga –dijo ella seriamente. Pedro se acercó y le besó la mejilla sonoramente. Ambos rieron.– Bueno, bueno, vamos.
-Eres la mejor ¿lo sabías? –ella asintió y ambos rieron. Como de costumbre, caminaban al colegio, juntos.
Llegaron al colegio, y antes de entrar, se lanzaron una mirada, desde ahí ese portón de entrada, en adelante, no se miraban. Así eran las cosas, pese a que todos sabían que Pedro y ella eran amigos, era una especie de “regla”. Ella se reunía con Zaira, y Pedro se iba con sus amigos y las chicas populares. Más de alguna vez ella se había preguntado si Pedro se avergonzaba de ser su amigo, pero la respuesta de él ante su alejamiento dentro de la escuela era:
-Ese mundo no es para ti, está lleno de cosas sucias.
Y la explicación a esas “cosas sucias” nunca había llegado. Zaira llegó con su sonrisa amable, como todos los días. La saludó y entraron juntas.
-¿Llegó tu amigo? –preguntó refiriéndose a Pedro.
-Sí, se fue con sus amigos. –dijo Paula sin darle mucha importancia.
-La rutina de siempre, ustedes hacen como que no se conocen. –Dijo ella poniendo los ojos en blanco.– ¿por qué se lo permites?
-No es cosa de permitírselo o no Zai, solamente que no encajo con sus amigas y amigos, y preferimos mantener distancia. –dijo Paula.
-Su amistad es la cosa más rara que existe. –concluyó Zaira.
-Lo sé, pero me gusta así. –musitó finalmente Paula.
Y Zaira no mentía, la amistad de ambos era rara, desde la secundaria para adentro, eran perfectos desconocidos, pero afuera, eran casi hermanos. Nunca Zaira lo había comprendido, incluso Pedro le desagradaba, por sus aires de grandeza y que prácticamente llevaba un cartel en la frente que decía “mujeriego”.
Pedro, mientras tanto, le golpeaba el hombro a Matías durante la clase de matemática. Estaba aburrido, no tenía gracia la clase con el suplente. El quería a la profesora de siempre, aquella a la que le lanzaba miradas coquetas, y que ella se sonrojaba. Era joven, tenía veintinueve años, y tenía un cuerpo hermoso. Pedro había hecho una apuesta con Matías respecto a ella.
-Te apuesto que me tiro a la maestra antes de fin de curso. –había dicho Pedro.
-¿Cuál es la apuesta? –preguntó Matías interesado.
-Si me la tiro, tendré pase libre para usar tu moto cuando yo quiera durante todo un año –dijo Pedro sonriendo satisfecho. Matías arqueó una ceja, era imposible que Pedro se acostara con la señorita Smith.
-Si yo gano, quiero tu consola –dijo Matías satisfecho de su apuesta.
-Hecho –dijo Pedro dándole la mano.
Por lo tanto, ahora Pedro estaba frustrado, necesitaba conquistar a esa mujer, de alguna forma, acabaría acostándose con ella.
-Veo tu consola más cerca de mí –le susurró Matías al oído.
-Cállate –Pedro le pegó una patada por debajo de la mesa. Matías ahogó un grito. Pedro río tapándose la boca para no hacer ruido.
-Bueno, sé que la ganaré, no te da para tirarte a Smith –susurró Matías.
-Sí me da, estoy seguro que acabará en mi cama, o por lo menos, en la mesa mientras yo… -dejó la frase inconclusa, y Matías arqueó una ceja.
-¿Le contaste a Paula que planeas tirarte a la profesora de matemática? –preguntó Matías.
-No, ¿por qué tendría que contarle? –preguntó Pedro arqueando una ceja.
-No lo sé, es tu mejor amiga, deberías contarle, quizás te ayude a preparar el ambiente para tirarte a Smith –dijo Matías divertido.
-No, no le contaré –dijo Pedro decidido. Matías sonrió divertido.
Aunque si Pedro lo pensaba bien, quizás podría ponerla celosa al contarle que se quiere acostar con una mujer doce años mayor que él. Se imagina la cara de Paula cuando se entere, su regaño, todo absolutamente todo está en su mente. La forma en que abriría sus ojos verdes de sorpresa, la forma en que luego de eso, frunciría el ceño enfadada con él, luego su frase “no tienes remedio, Alfonso”, y la forma en que el se reiría, divertido ante la mueca de asco cuando le dijera la forma en que lo haría. Sería divertido, y aunque era totalmente estúpido creerlo, aún tenía la vaga ilusión de despertar los celos en ella.
que lindo capitulo, podrias avisarme cuando subís?:) mi tw es @MLuciaAparicio .. gracias ya espero el próximo!
ResponderEliminargracias! Leíste el capitulo 2? Dale!! Seguro mañana subo :)
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