Pedro había decidido ir a dar un paseo. Aún le daba vueltas en la cabeza lo que había pasado, las palabras de Hernán, todo. Caminó por las calles para llegar a la plaza. Entonces su corazón se detuvo unos segundos. Era ella, sola. La vio levantarse y mirar algo asustada a los tipos borrachos que se acercaban, y comenzó a caminar en otra dirección, pero al parecer los tipos querían molestarla, pues la siguieron.
-No en esa dirección preciosa, recuerda que esa calle no tiene salida –dijo hablando solo, la vio justamente entrar ahí, así que echó a correr como pudo. Luego de unas cuadras, la garganta le quemaba y casi le faltaba el aire. Había cruzado las calles a punto de ser atropellado pero no le importo. Ella era más importante, no podía permitir que nada le pasara. Ella caminaba rápido, tomó un atajo para evitarse a los tipos borrachos, y cuando la vio por fin, se acercó a ella y la agarró fuertemente de la cintura. Ella gritó, pero el le tapó la boca.– shh… soy yo.
-¿Pedro? –su voz quebrada. El asintió y la arrastró para que se escondieran tras un auto que estaba estacionado. Se quedaron callados observando a los confundidos tipos que miraban a todos lados, hasta que finalmente se fueron. Suspiraron, Pedro aún respiraba algo agitado luego de la carrera.
-¿Estás llorando? Tranquila, no pasó nada. –la estrechó entre sus brazo con fuerza. Ella lloró silenciosamente en el pecho de Pedro.
-¿Puedo quedarme en tu casa? Dormiré en el sofá –preguntó ella temblorosa.
-Claro, avisa a tu madre –dijo Pedro. Ella lo miró y negó con la cabeza.– ¿peleaste con ella?
-No me lo recuerdes, llévame a tu casa, por favor –pidió ella. Pedro asintió, la ayudó a levantarse, pasó su brazo alrededor de los hombros de la chica, y caminaron hasta la casa de Pedro.
-¿Paula? –la madre de Pedro los sobresaltó. Ella la saludó afectuosamente. No quiso preguntarle el motivo de la hora en que estaba ahí, sabía que la madre de Paula era algo complicada, y que recurría a Pedro cada vez que necesitaba protección. Así que les ofreció comida, rieron un rato. Ella se distrajo bastante, lo necesitaba. Pedro la observaba silenciosamente, repentinamente el enojo se había esfumado.
-Tú dormirás en mi habitación, y yo en el sofá ¿está claro? –ella le sonrió, no le gustaba ser molestia. Iba a protestar, pero el negó.– y nada de reclamos.
-Gracias –dijo ella mientras lo abrazaba con toda su fuerza. Él le acariciaba el cabello con delicadeza.
-No importa la hora que sea, en la situación que estemos, si necesitas algo me llamas, sabes que siempre estaré dispuesto para ti –susurró Pedro en su oído. Le causó un leve temblor el roce del aliento de Pedro cerca de su cuello.
-No me dejes sola –le pidió.
-Nunca –aseguró Pedro. Le tomó la mano y la llevó caminando hasta su habitación, entraron y ambos se sentaron en la cama.– ¿necesitas algo para dormir?
-Sí –susurró ella. Pedro buscó algo en su armario.– te daré una de mis remeras, y creo que Luciana se ha dejado unos shorts deportivos, iré a ver.
Luego trajo exactamente lo que le dijo, la dejó vestirse tranquila. Ella lo llamó luego de un rato. La miró de pies a cabeza y le sonrió. Con todo se veía hermosa, cualquier cosa que usara. Se acercó a ella y le besó la frente.
-Acuéstate preciosa, necesitas descansar –le susurró Pedro.
-Quédate conmigo, estoy segura que tu madre no se molestará –la petición de Paula lo hizo sentir muchas cosas, lanzó un largo suspiro y cerró los ojos un momento. Relájate, se dijo a si mismo.
-S… si tú quieres –dijo con la voz entrecortada. Ella le sonrió y lo abrazó fuerte.
Casi lo botó con la fuerza que lo abrazó. Ella se tiró en la cama y el también, se rieron porque se dieron un cabezazo. Luego se quedaron charlando un rato. Pedro la observaba reírse de esa manera dulce y despreocupada, que lograba estando con él.
-Pedro, te debo una disculpa –dijo ella luego de un rato.
-¿Por? –preguntó Pedro.
-Haberte dejado solo en la fiesta, no fue tu culpa, pero me di cuenta cuando ya te habías ido que me comporté como una boluda yéndome con Nicolás y besándolo –dijo ella suspirando. Pedro sonrió, ella se disculpó. Lo había hecho sentir mejor.– aunque tengo una pregunta.– ¡oh no! Pensó Pedro, su amiga tenía una característica muy clara, era directa para decir las cosas, dolieran o no.
-Dime lo que sea –dijo Pedro tenso.
-¿Ibas a besarme mientras bailábamos, o solo fue el efecto del alcohol en mi cabeza?
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Lean el siguiente...
wowwwwwwwwwwwww!!!!!!!!!!!! Qué genail!!!!!!!
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