viernes, 22 de marzo de 2013

Capitulo 6


La puerta se abrió de golpe.


                  -¿Pedro? –Paula estaba sorprendida de verlo.

                  -Por poco no me reconoces ¿eh? –dijo el dolido.

                  -¡Que tonto eres Pedro! –Dijo ella algo divertida.– solo que no creí que vendrías, Matías me dijo que Smith te castigó.

                  -Fue un buen castigo –dijo recordando como se la tiró– ¿puedo pasar?

                  -Claro, pasa –entraron, se dirigieron al sofá. Ella le ofreció un vaso de jugo que él aceptó. Se sentó con él.

                  -Así que hoy no me esperaste –dijo él fríamente. Ella se tensó, se sintió bastante mal por no haber esperado a su amigo.

                  -Lo siento Pepe, olvidé avisarte que Nicolás pasaría por mí –dijo ella acariciando la cara de su amigo. Por un momento, Pedro olvidó el motivo de su enojo. Suspiró ante el toque, su corazón se aceleró como nunca.

                  -Está bien, te perdono –dijo el cediendo ante ella, no podía enojarse, ella era demasiado buena.

                  -Te quiero ¿lo sabías? –ella se lanzó en sus brazos a abrazarlo, el contacto de su cuerpo contra el de ella lo hizo estremecerse, sin que ella lo notara.– eres el mejor amigo del mundo.

                  -Yo también te quiero –dijo el suavemente. “Si tu supieras cuanto” pensó.

                  -Bien ¿y qué tal el castigo? –Pedro se tensó un poco pero luego sonrió. Nunca desperdiciaba un momento para intentar darle celos, que aunque no resultaran como el planeaba, aún mantenía la esperanza.

                  -Cumplí la apuesta –dijo Pedro orgulloso. Ella arqueó una ceja.– me la tiré, en su oficina.

                  -¿Hablas enserio? –preguntó ella anonadada.

                  -Sí, mira, estaba escribiendo todas las idioteces que se le ocurrieron como castigo, entonces le pedí ayuda en algo, esa era la excusa, y bueno allí la acorralé contra la pared, le puse seguro a la puerta y la subí en el escritorio –dijo Pedro orgulloso.– entonces…

                  -No quiero saber más –dijo ella con asco en su cara.

                  -Gritaba como loca –se burló Pedro.– sobre todo cuando la volteé y…

                  -¡PEDRO! –gritó ella abriendo los ojos. Pedro se río divertido ante la reacción de su mejor amiga.– supongo… que usaste protección.

                  -Al principio Smith no quería, decía que no era igual con eso puesto –ella puso los ojos en blanco, mientras Pedro reía.– pero le dije que era muy pequeño para tener hijos, ella río y bueno, me lo puse. Debo admitir que tiene mucha experiencia, digamos que ha sido una de las mejores que he tenido –dijo Pedro.

                  -¿Es esto lo que quieres para ti, Pedro? –preguntó Paula un poco sorprendida. Pedro arqueó una ceja.– Pedro, ¿por qué no encuentras una chica y tienes una relación seria? –Pedro suspiró rodando los ojos.

                  -No creo en el amor –dijo él finalmente.

                  -¿Por qué? –preguntó ella. Pedro la miró fijamente, su rostro de ángel, esos ojos verdes inocentes, esos labios carnosos y deseables. Ella era el motivo, por ella, no podía amar a nadie más.

                  -Porque… porque no –dijo Pedro.

                  -Eso no es una respuesta, Alfonso –dijo ella frunciendo el ceño.

                  -No entenderías –dijo Pedro.

                  -Si no quieres decirme, estás en tu derecho. –dijo ella finalmente. Pedro frunció el ceño, la amaba pero no podía decirle que era ella el motivo de su decepción en cuanto al amor. Si tan solo supiera que lo volvía loco.

                  -¿Qué tal todo con Nicolás? –preguntó Pedro para desviar el tema. Aunque le doliera como nunca hablar del tema con ella, preferiría eso antes de quedar al descubierto.

                  -Es un gran chico –dijo ella. Sus ojos brillaron, Pedro sintió su estómago apretarse.– quizás es algo rápido, pero me gusta estar con él. Pasará todos los días por mí para ir al colegio –Pedro arqueó una ceja.– lo siento Pepe…

                  -No… no importa, debes conquistarlo –dijo el fingiendo una sonrisa. Ella ni siquiera notó lo forzada de esa sonrisa que escondía todo su dolor.

                  -Gracias –dijo ella sinceramente. Lo abrazó otra vez. Pedro cerró los ojos con fuerza mientras sentía su frágil cuerpo contra el de él.

                  -Para eso están los amigos, mi vida –dijo dulcemente Pedro.


Ella sonrió, sabía que Pedro era un amigo excepcional, quizás no era un buen chico con las mujeres, pero para ella era el mejor amigo que existía.


                  -Te quiero Alfonso –dijo ella besándole la mejilla. El sonrió de forma casi paternal, observándola con ternura. Ese simple contacto,  casi le quemó la piel. Era como si todo lo que ella hiciera fuera sensual, absolutamente todo.

                  -Yo también te quiero princesa –dijo él sonriendo.

                  -¿Qué tal una partida de X-box? –preguntó ella desafiándolo. Pedro sonrió y de inmediato aceptó, corrieron escaleras arriba y comenzaron a jugar. 


Siempre se entretenían así, estaban hechos el uno para el otro en cuanto a personalidades, eran inmaduros en cuanto a juegos, maduros cuando debían serlo, a excepción de la necesidad de Pedro por acostarse con todas las chicas de la secundaria. Pero fuera de eso, el era maravilloso. Ella lo quería mucho, nunca de la forma en que ella quiere a Nicolás, siempre como un hermano.


                  -Te gané –dijo Pedro finalmente sacándole la lengua.

                  -¡Tramposo! –dijo ella frustrada.

                  -Mala perdedora –dijo el sonriendo.

                  -No soy mala perdedora –dijo ella riéndose.


Pedro la miraba embobado. Su risa, quizás lo que más amaba. La forma en que sus labios se curvaban cuando reía, definitivamente lo maravillaba.


                  -Debo irme, tengo que juntarme con Gustavo en una hora –dijo Pedro.– así que… nos vemos –ella asintió. Pedro se acercó y le besó la mejilla.– te quiero –dijo en un susurro. Ella sonrió.

                  -Yo también.


Pedro se marchó a su casa, debía cambiarse de ropa para salir con Gustavo.  Aún en el camino pensaba en ella, quizás tenía razón, quizás necesitaba cambiar. ¿Qué tal si el cambiaba y ella se fijaba en el por fin? Podría ser una buena opción, quizás eso era lo que necesitaba.


                  -Hola Pepe –lo saludó Gustavo cuando pasó por él. Se dieron la mano.

                  -Hola –dijo Pedro dando una forzada sonrisa. Gustavo era uno de sus mejores amigos, lo conocía bastante. Siempre sabía lo que pasaba con él.

                  -¿Estás bien Pedro? –preguntó Gustavo observándolo con cuidado. Pedro asintió sonriente, pero algo no lo convencía. 


Gustavo lo observó sin decir nada más, mientras manejaba hasta la casa de Hernán, donde más tarde, tenían una junta con chicas.


                  -Llegó el alma de la fiesta –dijo Matías divertido.– el caza mujeres mayores –Pedro sonrió y los chicos rieron con gracia.

                  -Sí, y ahora quiero usar tu moto. –dijo Pedro mientras se apoyaba en la pared. Matías arqueó una ceja.

                  -No creo que te la hayas tirado ya ¿o sí? –preguntó Matías sorprendido.

                  -Amigo, puedo usar tu moto cuando yo quiera, me la tiré en la tarde –dijo mientras sonría de forma engreída y satisfecha. A Matías casi se le salieron los ojos, mientras Gustavo tosió y Hernán arqueaba una ceja.

                  -¡No sé si creerte! –dijo Matías desconfiado, pero aún así sorprendido.

                  -Pasado mañana tenemos matemática, así que verás lo nerviosa que se pone –dijo Pedro mientras tomaba asiento. Agustín le dio un vaso con cerveza.

                  -¿Y qué tal? –preguntó Matías.

                  -Es buena –admitió Pedro.– mejor que Rocío, aunque definitivamente la mejor fue lejos Tifanny, esa chica si que sabía lo que hacía –todos rieron.– pero Smith grita mucho, aunque eso puede excitarte más.

                  -¿Tiene bonitos pechos? –preguntó Agustín divertido.

                  -Grandes, muy grandes –dijo Pedro haciendo un gesto con las manos, mientras todos reían.– la tenía en el escritorio, mientras ella chillaba con sus piernas alrededor mío. Sus caras eran lo más divertido, se deformaba –todos rieron.

                  -Eres un ganador, Alfonso –dijo Matías divertido.–realmente quería tu consola, pero ¡Vamos! Puedes con todas. –Pedro sonrió melancólico, había una con la que no podía, solo una. La que lo volvía extremadamente loco.


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Si quieren que les pase los capítulos cada vez que suba decimelo por twitter. (@ComoAmarPyP). Si ya me lo pediste antes no me lo pidas otra vez, ya estas en la lista.
Gracias por leer la novela.
Comenten! ☺

6 comentarios:

  1. Maratooooooooooooooon exijo!!! es adiccion leer esta novela

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  2. me encantoooooooooo ahora que pau este con nicolas a ver que dice pedro.

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  3. me encantoooo! AMO tu nove.que pau este como mas trola digamos asi le da celos a pepe. espero el proximo

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  4. que lindo capitulo, ojala Pau pronto se de cuenta lo que pedro siente por ella:( un beso!

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  5. muy bueno,seguí subiendo...

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