martes, 30 de abril de 2013
Capitulo 37
Pedro miraba atento la hoja sobre la que estaba escribiendo. La solicitud a la universidad le pedía una serie de datos, y cuando se desconcentraba, podía poner cualquier estupidez. Paula estaba junto a él, callada como le era habitual estos días. Terminó de llenar el papel, lo entregó y tomó la mano de Paula para ir a buscar su auto. Luego pasó su brazo rodeándole los hombros, ella no dijo nada, tampoco se resistió. Aún sentía protección en los brazos de Pedro, como si el fuese a dar la vida por ella. No quería pensar mucho respecto a su relación, o terminaría llorando frente a Pedro, lo que le haría continuar su interrogatorio diario. Y no tenía más mentiras, se le habían agotado.
Subieron al auto en silencio. Pedro encendió el motor.
-Ponte el cinturón de seguridad –le ordenó a Paula. Ella obedeció.– seguridad primero –dijo con una sonrisa torcida. Paula sonrió.
-Si chocamos y nos volcamos, te aseguro que no servirá de mucho –dijo ella burlona.
-Sí sirve –contradijo Pedro.– además, no tienes que pensar de esa forma, mejor pensar que si no te lo pones, vendrá un policía y nos multará.
-No sabes lo que puede pasar, es destino, quizás estamos destinados a morir –dijo ella. Pedro sonrió otra vez, mientras miraba hacia el frente.
-Eso siempre ha sido así, estamos destinados a morir. No sabemos cuando ni donde. –dijo Pedro.– pero hay que disfrutar cada segundo de vida que aún tienes. ¿Por qué tentar al destino arriesgándote? Mejor disfruta, cuídate, y sé feliz.
-Mhmm… –dijo ella. ¿Ser feliz? Últimamente le era imposible.
-Y si morimos ahora, bueno estamos juntos, nos amamos, y podré morir tranquilo pensando que logré estar contigo, vencí todo y te dije que estaba enamorado de ti. ¿Qué más puedo pedir? –ella sonrió mordiéndose el labio.
Ese estúpido nudo en la garganta otra vez. ¿Qué más podía pedir ella? Pedro era todo lo que necesitaba, sería una locura creer que hubiese alguien que la amara más, que la hiciese sentir viva y tan bien como el lo lograba. Era hermoso pensarlo de esa manera. Pedro era suyo, le pertenecía. Y ella era de él. Aunque claramente no todo era color de rosa como se veía. Su vida se estaba transformando en un infierno, uno silencioso, que estaba viviendo sola. No necesitaba arrastrar a Pedro a eso. ¿Para qué hacerlo pasar un mal rato? Quizás todo acabaría pronto, aunque al parecer, ella tendría que tomar una decisión para que todo terminara. Y tenía miedo de hacerlo. La mejor alternativa que barajaba, tenía un sacrificio, y uno enorme. Miró a Pedro sonriendo, sus ojos marrones brillando. ¿Sacrificaría eso? Bueno, ahora su vida era una verdadera mierda y estaba arrastrando inconscientemente a Pedro a ello. Quizás era mejor tomar la alternativa, y hacer el sacrificio ahora, antes de que empeorara.
-¿Qué tanto piensas? –Pedro interrumpió sus pensamientos. Ella lo miró, el seguía con esa sonrisa. Sí, sería el peor sacrificio. Pero no podía seguir así.
-Yo… –¿otra mentira?– nada, solo es un bonito día –dijo ella mirando por la ventana.
-Cierto –concordó Pedro.– hey –su mano estaba sobre el muslo de Paula. Pararon en un semáforo en rojo.– te amo –sus miradas se cruzaron. ¡Mierda Pedro! Me estás haciendo esto más difícil, pensó. ¿Dejarlo? No, no podía pensar en dejarlo sin que doliera, sin que quemara por dentro. No quería llorar, no frente a Pedro. No quería tener que volver a mentirle, diciéndole que todo estaba bien, cuando nada lo estaba.
-Yo también te amo Pedro –dijo ella.– con toda mi vida.
Pedro sonrió otra vez. ¿Cómo era posible que una mujer lo hiciera inmensamente feliz con un par de palabras? Ahora sabía a lo que se refería Robin cuando hablaba del amor. A veces crees que amas, pero solo es cariño. Pero el estaba seguro que la amaba. “El amor es cuando, ella dice la estupidez más grande, pero solo oyendo su voz, sonríes como un tarado. Cuando ella se enoja y te grita, te enfadas mucho, pero no puedes estar mucho sin necesitarla. Cuando te percatas de cada defecto, pero sientes que sin eso, no sería ella. Es amar, aceptar, tolerar, y respetar. Eso es amor, a veces tardas en encontrarlo, pero a veces te das cuenta que siempre ha estado ahí”
Y tenía toda la razón. No podía estar mucho sin necesitara. Amaba sus defectos, y amaba cada cosa que ella hacía. Era perfecta para él, era perfecta a su manera. ¡Dios, que cursi sonaba! Pero así era el amor, las chicas los transformaban.
-¿Vienes a mi casa hoy? –preguntó Pedro.
-Está bien –dijo ella sonriendo. Pedro sonrió y apretó un poco más el acelerador.
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Capítulo 36
Un par de días después, las cosas entre ellos no iban del todo bien. No había peleas o motivos de disgusto, solamente era ella. Estaba muy diferente, y Pedro se daba cuenta de que algo pasaba. No era su Paula, no hablaba, casi ni lo besaba, y prácticamente hablaba solo cuando intentaba conversar con ella acerca de algo.
-Paula vamos, algo te sucede… –dijo él mientras se sentaban en la cama.
-Nada Pedro, estoy cansada, solo eso –dijo ella en un susurro. Pedro suspiró, esa era su respuesta para todo últimamente. Y sabía que no era eso, pero no encontraba la forma de hacerla admitir lo que le pasaba. ¿Qué acaso no confiaba en él? Se comenzaba a hacer esa clase de preguntas, solamente quería ayudarla, pero ella no respondía, ella solo seguía ignorándolo.
-¿Confías en mí? –preguntó Pedro mientras su mano recorría el cabello de la morocha.
-Claro que sí –dijo ella mientras miraba al suelo. Pedro puso su mano en su mejilla.
-Entonces dime que sucede. –dijo él mientras le levantaba el rostro para que sus miradas se encontraran. Sus ojos verdes no lucían como siempre, estaban opacos. Y el comenzaba a asustarse. La amaba, y necesitaba protegerla, pero ella estaba haciendo una pared imaginaria contra todo el mundo, escondiéndose y no dejando a la gente que la amaba entrar.
-¿Cuántas veces quieres que te diga que nada? –dijo ella molesta.
-No sé, las que sean necesarias para que termines contándome la verdad –musitó él también molesto.– se supone que confías en mí.
-Confío en ti, y te digo, no me sucede absolutamente nada –dijo ella con tono seco.
-Mentirosa –acusó Pedro.– ¿acaso quieres terminar conmigo? Si quieres poner en práctica toda esa mierda de la distancia antes de terminar, solo dímelo enseguida. –dijo el fríamente.
-No quiero terminar contigo, solo estoy cansada y algo estresada ¿no puedo tener un par de días sin estar saltando de alegría? –preguntó ella irónicamente.
-No quiero que la distancia comience a hacer efecto –dijo Pedro relajando un poco el tono.– te amo, y realmente quiero que esto funcione –susurró.
Se miraron a los ojos, entonces Pedro se acercó a ella y le dio un beso. Ella lo respondió, movieron sus labios con suavidad, disfrutando los segundos, disfrutándose el uno con el otro. Pedro se movió un poco para besarla con más intensidad, sintiendo como el corazón comenzaba a latirle aceleradamente, sintiendo la sangre comenzar a correr por sus venas. Les comenzaba a faltar el aire, entonces el la empujó con cuidado dejándola recostada sobre la cama. Se acomodó sobre ella mientras seguía besándola. La morena enredo sus dedos en el cabello de Pedro, acercándolo más a ella. Pedro metió sus manos bajo su remera, acariciando su piel, mientras le besaba el cuello.
-Te amo demasiado, no te alejes de mí –le susurró en el oído.
Ella cerró los ojos, sintiendo un escalofrío recorrer su cuerpo ante la sensualidad de su voz. Pedro se quitó la camisa que llevaba, y volvió a besarla. La ayudó también a quitarse su remera, para atacar sus labios otra vez. Le costaba respirar, sus pulmones exigían aún más aire, pero no podía separar sus labios de los de ella. Entonces le sacó el corpiño y siguió besándola. La poca cordura iba desapareciendo a cada movimiento de sus bocas. Entonces la mano de Pedro bajó hasta su vientre, y comenzó a meterla por el pantalón de ella. Fue cuando ella lanzó un grito y le dio un empujón a Pedro.
-¡No me toques! –le gritó cubriéndose. Pedro la miró confundido, no entendía que había pasado.
-¿Qué pasó? ¿Qué hice mal? –preguntó él mientras se acercaba a ella.
-¡Aléjate de mí! –grito ella poniéndose su ropa. Pedro le tomó el brazo cuando se paró, dispuesta a irse.– ¡suéltame! –le gritó desesperada. Pedro la soltó y ella corrió para irse.
Y dejó a Pedro confuso, con mil preguntas en la cabeza. Se sentía mal, y no sabía precisamente si era el culpable o no. No sabía que había hecho mal, no tenía idea que estaba sucediendo y comenzaba a preocuparse más de la cuenta. La actitud de su novia le estaba preocupando ya demasiado. Se puso su camisa, fue al baño a mojarse la cara, y decidió ir a hablar con Zaira.
Tocó el timbre, y le abrió la puerta su mejor amigo.
-¿Hernán? –preguntó arqueando una ceja. Su amigo venía algo despeinado y sudaba.– no quiero imaginarme que hacías –frunció el ceño e hizo una divertida mueca de asco. Hernán sonrió.– ¿está Zaira?
-¿Y tú para qué quieres a mi novia? –dijo el muchacho arqueando una ceja.
-Para llevármela y besarla –dijo Pedro irónico rodando los ojos. Ambos rieron.– necesito hablar con ella. –Hernán asintió y lo hizo pasar. Entró, se sentó en el sofá, Hernán llamó a Zaira. Ella bajó mientras se tomaba el cabello en una coleta.
-Hola Pedro –dijo alegre. Le dio un beso en la mejilla. Pedro sonrió débilmente. Se sentó Zaira, y Hernán junto a ella.– ¿pasa algo?
-Yo… necesitaba hablar contigo –musitó.– es sobre… Paula.
-¿Qué ha pasado Pedro? –preguntó ella.
-Ella… actúa tan extraña –comenzó Pedro.– es como si… quisiera terminar conmigo, aunque asegura que no, pero casi ni me habla, a veces llora sin razón… –Zaira miró al suelo dando un suspiro. Hernán escuchaba atento a su mejor amigo, quien lucía bastante afligido.– es tan extraño, hoy… estábamos en mi habitación, besándonos… todo subió un poco de tono, y de un momento a otro ella gritó que la soltara. –Zaira frunció el ceño.– gritó que no la volviera a tocar y se fue corriendo, quedé como un idiota viéndola irse. Ninguna explicación, nada.
-Si he notado su comportamiento –admitió Zaira.– pero debo admitir que no tengo idea que sucede. –confesó la muchacha. Hernán estaba callado. Le preocupaba un poco la situación, Pedro estaba afligido. Sabía que estaba enamorado de Paula, y que cualquier cosa podría herirlo. Le preocupaba su mejor amigo. Paula era una buena chica, y no estaba actuando así sin algún motivo, o algo que le estuviese sucediendo. Pero la pregunta era ¿qué rayos sucedía?
-He intentado preguntarle… ¡ni te imaginas cuantas veces! –dijo Pedro mientras su mano pasaba por su cabello, estaba nervioso.– hoy discutimos, porque le dije que no confiaba en mí, pero aún así ella dijo que no sucedía nada.
-Yo también le he preguntado, y siempre responde “estoy cansada” –dijo Zaira, Hernán tomó su mano, y le dio un cariñoso apretón, dándole ánimo. Ella le sonrió débilmente.– me preocupa, es mi mejor amiga, y es obvio que algo sucede. –Pedro asintió.
-Todo comenzó a cambiar luego del baile ¿sabes? –Pedro recordó a su novia algo diferente ese día, pero nada muy preocupante. Los días siguientes a eso, se había notado un brusco cambio en su personalidad. Extrañaba a su Paula, la Paula cariñosa, tierna, sonriente y divertida. ¿Qué le estaba pasando? Estaba con el ánimo por los suelos.
-Tranquilo Pepe… debemos averiguar que sucede, te aseguro que las cosas estarán mejor –dijo ella palmeándole el hombro cariñosamente. Pedro sonrió débilmente.
-Eso espero Zai… -dijo Pedro mientras miraba a su amiga y a su mejor amigo.
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Y un día volví. La razón por la que desaparecí lo dije aqui. Gracias por todos los lindos mensajes que me dejaron en twitter, los leí todo pero por cuestiones de tiempo no les pude responder a todos. Y volviendo con el tema de la novela, ahora les subí 3 capítulos, a la tarde les voy a subir otro 2 mas y mañana les subo 5 capítulos para recompensar por los días que no subí si?
Capitulo 35
Los pies la estaban matando cuando llegó a su hogar luego de un hermoso baile. Se sacó los tacones para entrar a su casa, sigilosamente. Eran las cinco de la mañana. Entró muy silenciosa y cerró la puerta.
Cuando iba a subir las escaleras, alguien le tomó el brazo. Volteó bruscamente, y vio a alguien parado junto a ella y algo la golpeó en la boca.
Pedro se tiró en la cama con una sonrisa imborrable. Aún sentía el perfume de su novia en su cuerpo. Todo, absolutamente todo había sido tan perfecto como siempre soñó. Estaba enamorado, totalmente enamorado de Paula. Era algo inexplicable. Ese tipo de cosas que no tienes descripción, solo son por sí solas. Miró el traje que había doblado con cuidado, y sonrió otra vez. Todo parecía perfecto, todo era perfecto. Era capaz de proyectar su vida con ella, aunque sonara algo loco, el quería estar con ella para toda la vida. Cerró los ojos, dejando fluir su imaginación. Imaginaba si algún día vivirían juntos. Cuando eran pequeños habían prometido vivir juntos, aunque nunca como pareja, nunca lo habían imaginado. Ahora todo era diferente. Entrarían a estudiar, y conseguirían un apartamento juntos si iban a la misma universidad. Si así fuera, ella elegiría, siempre le negaba a Pedro elegir las cosas que tuvieran que ver con decoración y todo eso. Como cuando armaban los árboles de navidad juntos. Ella acaparaba todo el trabajo. Sonrió por inercia. Imaginó verla despertar a su lado cada mañana, prepararle el desayuno, o probablemente lo haría ella, no le gustaba como Pedro cocinaba. Siempre terminaba encontrándole algún detalle a la comida. La imaginó terminando la universidad y él ahí, felicitándola, besándola y diciéndole lo orgulloso que estaba. Imaginó cuando le pidiera matrimonio, eso era un anhelo. Verla con un vestido blanco, ajustado a su hermosa figura, llegando al altar, luego de tantos años. Diciéndole que sí, ellos besándose. Sabía que no sería fácil, y que pelearían demasiado, ella era muy terca, y él era peor.
La última imagen que vino a su cabeza provocó su corazón acelerarse. Paula sonriéndole, pero de otra forma, convertida en una mujer, y con un enorme vientre. ¿Tendrían alguna vez hijos? Si, esperaba que sí, estaría encantado de tener pequeños niños como él y chicas como ella, corriendo en una hermosa casa. El sueño de todo enamorado. Esperaba que se cumpliera, realmente lo quería. Finalmente, se quedó dormido con aquellas imágenes.
A la mañana siguiente, despertó alrededor de las 3 de la tarde. Estaba exhausto aún, pero su madre amablemente se encargó de llevarle el desayuno a la cama. Le contó todo, y lo enamorado que estaba. Hablaron mucho del tema, Ana se sentía orgullosa de su hijo, era todo un hombre enamorado y eso la hacía extremadamente feliz.
Pedro se dio una ducha, y luego de eso fue a buscar a Paula, pero antes de tocar el timbre, su celular sonó.
-¿Sí?
-Hey Pepe, Gustavo y yo estamos en el bowling, y Agustín con Hernán vienen en camino. Tarde de chicos ¿te anotas? –la voz emocionada de su amigo Matías lo hizo sonreír.
-Claro hermano, voy en camino –cortó el teléfono, dio una mirada a la casa de Paula y fue a buscar su auto.
Llegó al bowling, Matías se estaba burlando de Hernán porque había hecho más puntos, Agustín y Gustavo discutían por quien anotaba los puntos.
-¡Llegó bebé tarzán! –gritó Hernán.
-Hey –dijo Pedro.
-¿Paula te soltó por fin? –preguntó Matías divertido mientras le palmeaba el hombro.
-No la he visto desde que la dejé en su casa, no soy como tú Alé –ambos rieron.
-Matías, a veces creo que eres un ninfómano –dijo Agustín divertido.
-No te hagas el idiota, estoy seguro que ya no duermes tanto desde que estás con Jazmyn –dijo Matías burlón.
-Matías, lo tuyo es grave –dijo Hernán divertido.– cada vez que te llamo suenas como si hubieses corrido una maratón, y siempre la voz de Karla de fondo.
-Exagerado –dijo Matías sonrojándose.
Pedro fue a tomar un bolo, se puso en posición, y lo lanzó. Le dio a todos los palitroques.
-¡Tomen esa inútiles! –dijo con una satisfecha sonrisa.
-Golpe de suerte, idiota –dijo Matías arqueando una ceja.
-Abran paso, que el señor Conti les mostrará como se hace –dijo Gustavo tomando un bolo. Lo tiró, pero un palitroque no quiso caer.– casi. –musitó enfadado.
-Sigo ganándote Conti –dijo Pedro con una sonrisa
.
-El chico de la suerte ganará muchachos –dijo Agustín mientras lanzaba el bolo. Le dio a absolutamente todos los palitroques.– ¡así se hace!
-Pura suerte –dijo Gustavo rodando los ojos.
-Me toca –dijo Hernán.
Así que la tarde se les hizo muy tranquila. Luego de eso, fueron a casa de Matías y tomaron unas cervezas, Pedro casi ni tomo porque manejaría. Así que alrededor de las siete de la tarde estacionó su auto en la casa, y decidió ir a ver a Paula.
Tocó el timbre, y le abrió el padrastro de Paula.
-Buenas tardes –dijo Pedro.– ¿se encuentra Paula?
-No, no está, y no vuelve hasta tarde –dijo el hombre de forma brusca– adiós.
Cerró la puerta. Pedro arqueó una ceja. ¿Qué le sucedía al hombre ese?
Llegó a su casa y se dispuso a jugar un videojuego. Aunque en su mente divagaba por qué no le habría avisado que no iba a estar, si supuestamente se verían más tarde. Ahora que se percataba, ese hombre no le daba buena espina. Decidió ir a llamarla por teléfono. Marcó su número, una, dos y tres veces y nadie contestó. Supuso que realmente estaría ocupada, y tampoco quería ser muy obsesivo, no quería que ella terminara por hartarse.
Tomó su guitarra y tocó algunas cosas sin sentido. Agustín le había estado dando algunas clases de guitarra, y aprendía bastante rápido.
Miró la hora, eran las diez y media, probablemente ella habría llegado. Salió de su casa, y caminó hasta la casa de Paula. Tocó el timbre, y le abrió justamente ella.
Pero algo estaba diferente, ella no lucía su alegría de siempre, le besó cortamente los labios sin decir absolutamente nada.
-¿Pasa algo? –preguntó Pedro tomando su mentón y mirándola a los ojos. Ella tenía los ojos llorosos.
-No, estoy bien –musitó ella. Pedro la tomó de la cintura y la abrazó contra su cuerpo. Ella intentó evitar llorar a toda costa. Respiró pesadamente mientras abrazaba a su novio. No quería soltarlo, mantendría ese momento para siempre.
-¿Vienes a mi casa? –ella asintió. Cerró la puerta tras ella, tomó la mano de Pedro y fueron hasta su casa. Pedro notaba que algo sucedía, ella normalmente le hablaba y le contaba acerca de su día, o de cualquier cosa. Pero estaba ida, no parecía ella.
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Capitulo 34
{Cuando comience la canción lenta, es esta www.youtube.com/watch?v=n9XpkVqCcq4 es hermosa, la letra es a base de metáforas, tómense un tiempo y la entenderán}
El día llegó, el baile de fin de curso. Todos estaban emocionados, ahora más que nunca, después de todo, era el fin de la secundaria, y de absolutamente toda la época escolar simple. Ahora el futuro se les venía encima, y por lo menos, planeaban pasarla bien antes de tener que tomar decisiones.
Pedro se estaba duchando, mientras cantaba suavemente una melodía de Ed Sheeran, uno de sus cantautores favoritos. Tenía gran habilidad para el canto, pero no le gustaba cantar en público. Ni siquiera a Paula solía cantarle. Quizás hoy era el día, le cantaría, después de todo, el ambiente lo llevaría a hacer alguna locura por ella.
Mientras tanto Paula se arreglaba el cabello. Levantó la mirada, y decidió que tenía que lavarse la cara. Los rastros de llanto seguían allí. Suspiró, se mojó la cara y se secó con la toalla. Se puso otra vez frente al espejo, terminó de arreglarse el cabello, se sacó la bata, dejando ver su cuerpo semidesnudo en el espejo. Sonrió débilmente al ver una marca en su cuello, mataría a Pedro, tendría que ponerse maquillaje para que no se notase. Se maquilló bastante, borrando las ojeras y haciendo parecer que nada le sucedía. Se puso el vestido, Pedro la miraría con cara de pervertido cuando la viese, estaba segura. Se puso los enormes tacones, y terminó los últimos detalles. Pedro vendría por ella en quince minutos. Se dio una última mirada, se puso su pulsera favorita, aquella que Pedro le dio. Y finalmente, bajó.
Su madre estaba allí, la observó de pies a cabeza y sonrió. Rob, sonrió también, aunque a Paula le dio miedo la sonrisa maléfica. Lo odiaba, no quería mirarlo a los ojos.
Pedro tocó la bocina, mientras se borraba el beso de su madre de la mejilla. Bajó del auto, y se apoyó en él, luego nervioso, volteó a darse otra mirada. Se acomodó la corbata, que necesariamente tenía que ser roja, a petición de Paula. Sonrió nervioso, entonces la puerta de la casa se abrió.
Si no fuese porque la mandíbula de Pedro estaba adherida al resto de huesos de su cara, se abría caído. Estaba hermosa, no, más que eso, estaba jodidamente sexy y preciosa, el solo verla lo hacía pensar cosas indebidas. Tomó una bocanada de aire, y suspiró.
Paula llevaba un apretado vestido rojo, que dejaba un hombro totalmente al descubierto. Era corto, muy corto y dejaba ver sus largas piernas, usaba unos zapatos rojos con un enorme tacón, su cabello estaba recogido en un bonito peinado, llevaba unos aros negros, en combinación al color de sus uñas y de su bolso. Sus ojos estaban maquillados perfectamente, sus gruesas pestañas enmarcaban sus ojos, más el delineador que le daba una mirada intensa. Sus mejillas levemente sonrojadas, y la mejor parte. Sus tentadores y gruesos labios que iban pintados rojos. Ella sonrió tímidamente, mientras Pedro se la comía con la mirada.
-Estás… –no tenía palabras para describir lo perfecta que se veía.– ¡oh! No sé que decir.
-¿Estoy bien? –preguntó ella mordiéndose el labio. Pedro evitó mirar demasiado sus labios.
-Estás… oh dios, jodidamente sexy y perfecta, mi amor –dijo besando la frente de la chica. Le abrió la puerta del copiloto, y le dio la mano para que subiera. Ella sonrió coqueta. Pedro saludó con la mano a la madre de Paula y a su novio. Subió y encendió el auto, tratando de no mirar mucho las descubiertas piernas de su novia.– Ponte el cinturón –susurró. Ella asintió y se lo puso.
Pedro manejó hasta el gran gimnasio perfectamente decorado de la secundaria. La ayudó a bajar, tomándole la mano. Ella le sonrió.
Entraron tomados de la mano, Pedro sonreía con suficiencia. El lugar estaba maravilloso, parecía un local nocturno sofisticado, iluminado a la perfección. Era hermoso contemplarlo.
-¿Lista para una noche inolvidable? –preguntó Pedro mientras la tomaba por la cintura.
-Claro que sí –dijo ella sonriéndole. Pasó sus brazos por el cuello de su novio.– esta vez, sin interrupciones, serán nuestra noche –susurró ella coquetamente sobre sus labios. Le dio un suave beso.
-Te amo preciosa –dijo el abrazándola con fuerza.– nunca lo olvides ¿sí?
-Nunca lo haré –dijo ella con un poco de melancolía.
-¿Pasa algo? –preguntó Pedro mirándola fijamente. Ella miró esos ojos marrones que la habían enamorado. Sintió un enorme nudo en la garganta.
-No mi amor, no pasa nada –dijo ella con una sonrisa.
El sonrió y le tomó la mano, mientras se acercaban a donde había más gente, allí estaban Hernán y Zaira. Les sonrieron. Zaira se veía hermosa, llevaba un vestido negro ajustado y unos tacones plateados. Se abrazaron.
-¿Puedes creer que la secundaria se va? –preguntó ella con emoción.– ¡No puedo creerlo!
-Yo tampoco –dijo ella con una sonrisa.– tú ya acabaste la secundaria –dijo Paula arqueando una ceja cuando miró a Hernán.
-Tengo mis trucos –dijo Hernán divertido. Los cuatro rieron.
-¿Dónde están los chicos? –preguntó Pedro mientras le echaba una mirada a su reloj.
-Agustín y Jazmyn están por allá –dijo indicando la mesa del ponche y la comida.– Gustavo y Angie están bailando por allá –indicó la pista de baile, el castaño tenía tomada de la cintura a la muchacha, y se sonreían, como tontos enamorados.– y Matías con Karla no han llegado aún.
-¿Quieres beber algo o vamos a bailar? –preguntó Pedro a Paula.
-Vamos a bailar, quiero que pasemos una noche extraordinaria –dijo ella mientras le tomaba la mano. El sonrió, y caminaron hasta la pista de baile.
La música pop y electrónica los mantuvo entretenidos alrededor de una hora, luego algunos bailes mas atrevidos, en el que Pedro tenía que tomar aire para no desnudarla allí mismo.
Fueron a tomar algo de ponche. Se encontraron con Matías y Karla, quienes lucían estupendo. Matías se veía tan sensual como es característico de él, y Karla llevaba un vestido atrevido. Sonreían, mientras Matías llevaba por la cintura a su novia. Pedro y Paula bebieron, no demasiado, ambos querían pasar una noche perfecta, y recordarla el resto de sus vidas. Pasaron algunas horas de música y baile, Paula ya estaba cansada y comenzaban a dolerle los pies. Le había pedido a Pedro que se sentaran. Aunque en ese instante todo paró y la gente se susurraba cosas.
El DJ tomó el micrófono y paró la música. Todos lo miraron atento.
-Bien chicos y chicas, son pasada la una de la madrugada, y es hora de un par de lentos. Para enamorarse por última vez en la secundaria –dijo el muchacho con una sonrisa.
Pedro miró a Paula con una coqueta sonrisa, ella aceptó, era lo que habían esperado.
Comenzó a sonar la canción que bailan los protagonistas de la saga Crepúsculo en el baile de graduación de Bella, Flightless Bird. Pedro la tomó por la cintura, mientras la música a su alrededor los llenaba. Las luces bajaron. Ella posó sus brazos alrededor del cuello de Pedro, sin dejar de mirarse, y se balancearon suavemente al ritmo de la música. Pedro suspiró, mientras la apegaba más a su cuerpo. Paula sentía un enorme nudo en la garganta, por fin, todo parecía perfecto. Los ojos marrones de Pedro brillaban demostrando lo emocionado que estaba respecto al baile. Todo parecía más bello. Todo había cambiado desde que decidieron darse esa oportunidad. Ella sonreía mientras lo miraba con toda la ternura del mundo. Pedro la abrazó contra él, mientras le cantaba la canción al oído.
Have I found you
Flightless bird, jealous, weeping or lost you, american mouth
Big pill looming
Ella sintió un escalofrío recorrer su espalda, mientras cerraba los ojos. El abrazo de Pedro era protector, como si jamás quisiera dejarla ir. Ella le pertenecía, y nunca la dejaría ir. Se separaron y se miraron a los ojos otra vez, era una conexión, era mágico lo que sentían con solo mirarse. Pedro pasó su mano por la mejilla de la muchacha, con delicadeza, mientras ella cerraba los ojos. Le tomó la mano y ella dio una vuelta mientras bailaban, el volvió a tomarla por la cintura. No pudo evitar que las lágrimas cayeran por su rostro, aunque le arruinaran el perfecto maquillaje. Lo amaba, ¡dios como lo amaba!, sentir su mano sobre la de ella, mientras bailaban, era un sueño. Amaba cada parte de él, su personalidad, sus risas, sus llantos, absolutamente todo. Ella le tocó la frente con cuidado, pasando por su ojo ya más sano, por sus labios, esos que amaba besar. Se abrazaron, mientras bailaban. Él pasó su mano por sus brazos, hasta tomar otra vez sus manos. Ella pasó la mano por el cabello de Pedro, mientras lo acercaba a ella. Se miraron embobados, mientras se acercaban. Cerraron los ojos sintiendo la respiración del otro en sus labios. Sus labios hicieron presión. Ella lo apegó más a su cuerpo, mientras enredaba el cabello de Pedro en sus dedos. Movían sus bocas lentamente, realmente estaban en su propio mundo. Nadie, absolutamente nadie, importaba. Ella seguía llorando, de la emoción y del dolor que estaba escondiendo por Pedro. Trató de no pensar en ello, le dolía demasiado. Se aferró más a Pedro mientras se besaban con tanto amor, con tanta pasión. Se separaron un poco.
-Estoy tan enamorado de ti mi vida –le dijo Pedro.– eres la mujer más hermosa del mundo. No quiero dejarte ir, jamás. –él le limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas.– no llores amor.
-Te amo Pedro Alfonso, te amo –lo besó otra vez, hasta que la canción se acabó.
Se besaron una vez más. Entonces la música cambió otra vez a algo más movido. Pedro la tomó de la mano y la llevó fuera del gimnasio. Las estrellas brillaban, la luna relucía más que nunca. Él se sentó en un escalón de una de las escaleras que daba a algunas oficinas, y la hizo sentarse sobre sus piernas. Le tomó las manos.
-Cantas hermoso Pedro, no sé como no cantas más seguido para mí –dijo ella mientras limpiaba sus mejillas.
-Me avergonzaba un poco –admitió Pedro mientras rodeaba la cintura de ella con las manos.– pero ahora hago todo lo que me pidas.
-Deja de ser tan perfecto, cariño –dijo ella apoyando su cabeza en el hombro de Pedro.
-No soy perfecto –dijo Pedro.
-Sí, lo eres, eres perfecto para mí –dijo ella abrazándose a él.
-Eso me gusta más –admitió Pedro.– te amo princesa.
-Te amo, Alfonso –dijo ella.
Se abrazaron, y al cabo de un rato, entraron otra vez a disfrutar con sus amigos.
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martes, 16 de abril de 2013
Capitulo 33
Los rayos del ardiente sol se colaban por la ventana de la habitación de Pedro. El ambiente era silencioso, solo las respiraciones de dos personas rompían el silencio. El muchacho comenzaba a despertar, abrió los ojos y luego los cerró sin poder acostumbrarse a la luz. Pestañeó varias veces y por fin pudo ver claramente. Una respiración tranquila, que no era la suya, lo distrajo. Entonces recordó la maravillosa noche que habían tenido. Sonrió satisfecho, le parecía realmente genial que las cosas fueran tan perfectas, era como sí alguien hubiese escuchado todos sus deseos y los estuviese haciendo realidad.
Por su parte, la muchacha había despertado casi al mismo tiempo, pero prefería quedarse descansando sobre el pecho de su novio, escuchando sus latidos y su respiración tranquila. Le había parecido que todo era perfecto cuando estaba con él, todo cambiaba, hasta ella. Se transformaba en una nueva Paula. Sonrió, al sentir los dedos de Pedro hacer círculos en su espalda desnuda. Suspiró largamente mientras buscaba la mano de su novio para tomarla. Solo hasta que entrelazó sus dedos con los de Pedro, el se percató de que ella había despertado.
-Buenos días princesa –susurró Pedro. Ella se incorporó y lo miró. Esos ojos marrones que tanto amaba, la miraban con ternura y cariño.
-Buenos días mi vida –susurró dándole un beso corto en los labios.
-¿Dormiste bien? –preguntó el mientras observaba cada una de sus facciones.
-Claro que sí, tuve la mejor noche de mi vida –dijo sonriendo.– y el mejor regalo de cumpleaños. –ambos se sonrieron y por un momento, el tiempo se paró. Pedro la abrazó mientras ambos reían. Lucían felices, completos.
-Me pondré la ropa para dormir, no quiero que tu madre se encuentre con ambos sin ropa aquí –dijo ella con una coqueta sonrisa.
Se levantó, algo tímida frente a la mirada de Pedro, que recorría su cuerpo. Ese maravilloso cuerpo que ahora era de él, y de nadie más. Sonrió por inercia. Ella se puso una remera de Pedro, que le llegaba hasta los muslos. Pedro sonrió, se veía extremadamente sensual así. Luego de eso, se puso su ropa interior y un short deportivo de la hermana de Pedro. Él mientras tanto se puso sus bóxers. Ella se lanzó sobre Pedro, sentada sobre él.
-Con que sigas ahí arriba, no respondo –ella lo miró confundida –estás jodidamente sensual y sentada justo ahí...
-¡Lo siento! –dijo ella sentándose más cerca de su estómago. Se sonrieron otra vez.
-Podría violarte ahora mismo, pero mamá aparecerá en cualquier momento para decir buenos días –ella sonrió mordiéndose el labio. Pedro pasó sus manos por los muslos de la muchacha, ella sintió escalofríos ante los toques de las suaves manos de Pedro.
-Creo que no opondría resistencia –dijo ella sensualmente. Pedro suspiró y se rio, entonces tocaron la puerta. Ella se bajo de Pedro y se sentó con las piernas cruzadas, mientras Pedro decía “pase”.
-¡Buenos días chicos! –dijo Ana animada.– ¿durmieron bien?
-Claro –dijo Pedro sonriendo, mientras disimuladamente le daba un pellizco a Paula, quien evitó sonreír.
-¡Que bien! –exclamó Ana.– el desayuno está listo, así que bajen, no importa que lleven pijama –dijo guiñándoles un ojos.
Ambos asintieron con una enorme sonrisa. Se tomaron de la mano y bajaron, allí estaba Ana y Robin charlando animados. Pedro le corrió la silla a Paula caballeroso, para que se sentara. Ella le sonrió. Tomaron desayuno, mientras hablaban de lo que harían.
-Ese tipo supo golpearte, al parecer tendré que darte clases de boxeo –dijo Robin divertido. Pedro rió En su rostro aparecían más claramente los indicios de la golpiza. Su ojo comenzaba a tomar un color morado oscuro, sus labios tenían dos cortes, y su frente lucía zonas rojizas e inflamadas.
-Amor, hoy deberé ponerte hielo otra vez –dijo mirándole la frente.
-Pasará, no te preocupes –dijo Pedro besándole la frente.
Terminaron de comer, Pedro se dio una rápida ducha y se vistió, para luego acompañar a Paula a su casa a cambiarse. Ella se duchó rápido y salió, ni siquiera vio a su madre, probablemente se olvidara de su cumpleaños. Pedro la llevó a tomar un helado primero, luego se juntaron con Zaira y Hernán quienes le cantaron el feliz cumpleaños en la calle, mientras sus mejillas mostraban un intenso color rojo. Luego de eso, fueron todos a la casa de Zaira porque ella había olvidado el regalo de Paula. Se rieron todo el camino por las bromas de Hernán, quien le juraba amor a Pedro y le tomaba la mano, avergonzándolo en la calle.
En casa de Zaira, estaban todos los chicos y sus novias, algo así como una reunión sorpresa. La felicitaron y le dieron regalos, ella se sentía plena y llena, prefería estar con sus amigos y disfrutar la velada, a pensar en su madre y en su estúpido novio, quien no le daba muy buena espina. Las razones eran esas miradas misteriosas que le lanzaba, como si la desnudara con la mirada, la ponían nerviosa y le daba miedo. No había querido comentarle a Pedro, no quería preocuparlo, pero realmente estaba un poco asustada.
-¿Te gusto la sorpresa cariño? –preguntó su novio cuando la acorraló contra la pared. Ella sonrió coqueta.
-Por supuesto mi amor –susurró ella sobre sus labios.– eres el mejor novio del mundo, te amo –se abrazaron con fuerza. En la mesa, Gustavo y Matías observaban la escena, miraban felices a su mejor amigo, quien se veía tan feliz.
-Le ha hecho genial esa chica –comentó Gustavo.
-Claro, Pepe está enamorado de ella, se nota mucho –dijo Matías. Karla, su novia, se acercó a él y lo rodeó con sus brazos, sentándose sobre sus piernas.
-No los miren tanto, metiches –dijo bromeando
.
-Solo charlábamos acerca de lo feliz que se ve Pedro. –comentó Gustavo.
-Ella lo ha cambiado, y eso que llevan poquísimo. –dijo sonriendo.
-A todo esto… ¿qué le sucedió a Pedro en la cara? –preguntó Matías arqueando una ceja.
-Tuvieron una pelea con Nicolás, lo golpeó duro –dijo Gustavo.
-Si lo encuentro por la calle, le romperé su bocota –musitó Matías frunciendo el ceño.
-Eres un rudo sensual –le susurró Karla al oído. El sonrió coqueto y atrapó los labios de la chica mientras ella ponía su mano en el pecho del muchacho.
-Angie amor, ven acá, estos me dan envidia –dijo Gustavo divertido. Angie se acercó a él y también se sentó en sus piernas y le dio un beso. Ella sonrió al igual que Gustavo.
-¿Dónde está el rubio? –preguntó Hernán mientras se acercaba de la mano con Zaira.
-No lo sé, quizás se encerró en una habitación con Jazmyn –dijo Matías. Todos rieron.
La tarde se fue volando, se divirtieron bastante, sobre todo Paula, quien sonreía completamente feliz. Alrededor de las ocho, se despidieron, mientras Pedro tomaba de la mano a su novia, y en la otra sostenía una bolsa con algunos regalos de sus nuevos amigos.
-¿La pasaste bien? –preguntó Pedro.
-Sí amor, fue genial –dijo ella con una enorme sonrisa.
-Que bien, me gusta verte feliz –dijo Pedro mientras la detenía en medio del lugar para darle un beso.
Siguieron caminando. Ambos sonreían, y el silencio no se hacía incómodo. Hasta ese momento, todo era perfecto.
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domingo, 14 de abril de 2013
Capítulo 32
A Pedro casi se le salieron los ojos al escucharla. Sintió como su corazón se aceleraba de manera casi inhumana, y la sangre le golpeaba las venas al correr de forma acelerada. Sintió que se desmayaría, pero no, estaba solo nervioso. La miró de pies a cabeza, ella llevaba puesta solamente una remera de él, que le llegaba a la mitad del muslo.
-Vamos Pedro, has estado con millones de chicas, no es como si no supieras que hacer... –¡realmente estoy sintiendo que no sé que hacer! pensó Pedro mientras la miraba con cautela.
-¿Estás bien? –preguntó ella. El asintió y le sonrió muy nervioso. Se acercó a ella, rodeó su cintura con sus brazos, y la atrajo hacia él, dándole un abrazo y besándole la frente.– estás algo tenso –susurró ella sensualmente en su oído.
¿Cómo es que ella estaba tan tranquila? ¡Vamos! Ella era la primeriza, no él. Tomó una gran bocanada de aire. Entonces la miró a esos ojos verdes que tanto le gustaban y se acercó con cuidado. Ella se acerco mas y juntaron sus labios. Ella sentía que su corazón saldría de su cuerpo por lo fuerte que latía, estaba nerviosa, pero no quería demostrarlo. Sus labios se movían de forma lenta, disfrutando cada movimiento. Pedro la atrajo aún más contra su cuerpo, ya no había espacio entre ellos. Ella puso sus manos a ambos lados del rostro de su novio. Pedro la miró con una sonrisa nerviosa, mientras las manos de la muchacha ahora estaban sacando la remera que llevaba. Ella se mordió el labio, mientras sus mejillas tomaban un color rosado, ante la mirada de Pedro, que iba de pies a cabeza. Su ropa interior era bastante infantil, un conjunto rosado, pero Pedro ni siquiera miraba eso, si no lo hermosa que era su novia. Miró sus piernas, y las cicatrices de sus muslos. Se juro, por enésima vez, que no volvería a pasar por alto algo así. Se acercó a ella y nuevamente la tomó por la cintura, y se besaron otra vez. Caminaron hacia atrás sin dejar de besarse, y se rieron divertidos. Ella besó otra vez los labios de Pedro, mordiéndole el labio inferior sensualmente. Pedro sonrió, y comenzó a besarle la mejilla, bajando hasta llegar a su cuello. Paula suspiró fuertemente, uno de sus puntos débiles era el cuello. El besó suavemente la piel.
-No me vayas a dejar un chupón Pedro –dijo ella algo agitada.
-¿Por qué no? –preguntó él divertido. Entonces la ignoró y le dejó una leve marca, haciéndola soltar un gemido.
-Terco –susurró.
Entonces Pedro mientras buscaba sus labios otra vez, llevó sus manos al broche de su corpiño. Con toda su experiencia, no le tardó absolutamente nada sacarlo. La miró embobado, haciéndola sonrojar. La acorraló contra la pared, bajando sus manos lentamente por la piel de sus pechos, su abdomen, y sus muslos. Pedro se quitó la remera en un movimiento, mientras ella lo miraba mordiéndose el labio.
-Cada vez que te muerdes el labio así, me vuelves loco –le susurró él sensualmente en el oído. Le mordió suavemente la oreja, haciéndola gemir. Las manos de la muchacha recorrieron el pecho desnudo de Pedro.
Se besaron otra vez, sus pechos desnudos estaban juntos, cosa que comenzaba a desesperar a Pedro, quien a pesar de todo, estaba realmente nervioso y tenso, casi se sentía torpe tocándola, como si nunca hubiese hecho antes. La hizo caminar hasta la cama, donde se recostaron con suavidad sin dejar de mirarse a los ojos. Pedro pasó sus manos por la curva de su cintura, bajando lentamente hasta sus muslos, recorriendo su piel con la punta de sus dedos. Le besó el cuello otra vez.
-Te amo tanto preciosa –le susurró mientras comenzaba a quitar la última prenda de su cuerpo.
Ella ahora solo se dejaba llevar por las sensaciones, por la pasión, y por el amor que sentía por Pedro. Nunca se había sentido así, el cuerpo le temblaba y se sentía terriblemente acalorada. Él buscó sus labios otra vez, mientras ella le quitaba el bóxer que llevaba. Lo deseaba más que nunca, nunca había deseado a alguien tanto como a él. ¿Cómo nunca se había dado cuenta que amaba a Pedro Alfonso más que a nadie en el mundo? Pedro buscó rápidamente un preservativo, la amaba mucho, pero no quería que por un descuido, sus sueños se fueran a la basura. Lo puso rápidamente, y volvió a besarla, mientras sus manos en los muslos de ella, separaba suavemente sus piernas. Ella le besó la punta de la nariz con una traviesa y nerviosa sonrisa. Pedro deslizó su mano por sus piernas, acariciando las cicatrices de sus piernas.
-Recuerda que jamás te dejaré sola... –dijo él suavemente contra sus labios.– nunca, nunca.
-Ahora lo tengo más que claro. -dijo ella mientras enredaba sus dedos en el pelo de Pedro y lo atraía hacia ella para besarlo. Entonces él le besó la frente luego, y con un movimiento la hizo su chica, su mujer. De pronto el se percató de que algunas lágrimas corrían por sus mejillas.
-¿Amor? ¿Te he hecho daño? –preguntó asustado.
-No –dijo ella.
Entonces lo besó con toda la pasión del mundo. Sí le admitía que le estaba doliendo horrorosamente, el no querría seguir, pero Zaira le había asegurado que solo era el dolor al principio, y pese a todo, se sentía maravillosamente bien, amaba tanto a Pedro que todo el resto de cosas no importaba. Y como su mejor amiga le había dicho, el dolor desaparecía y lo reemplazaba una nueva sensación, mejor que todas la que alguna vez había sentido. Cerró los ojos mientras respiraba agitada, miró a su novio, sus ojos marrones. No podía pensar en alguien mejor que él. No podía concebir algún chico más perfecto.
-Pedro... –susurró agitada. Él sonrió ampliamente y atrapó sus labios otra vez. Entonces sus cuerpos se tensaron, ella sintió un calor quemarle el interior, pero era agradable, más que eso, era perfecto. Un par de segundos luego logró recobrar el aliento. Pedro la besó y se alejó un poco de ella.
-¿Estás bien? –preguntó él luego de un rato abrazándola contra él.
-Si –dijo ella aún con la respiración algo agitada.
-Te amo tanto princesa –dijo él mirándola a los ojos. Ella se perdió en sus ojos marrones, quizás era una de las cosas que más le gustaban de Pedro. Aunque también amaba su sonrisa, siempre la hacía sentir bien.
-Yo también te amo –dijo ella acomodándose sobre su pecho.– ¿estuve muy mal? –preguntó mordiéndose el labio.
-Claro que no, estuviste perfecta –dijo él.
-Lo dices para hacerme sentir bien –dijo ella frunciendo el ceño.
-No, para nada –dijo Pedro.– créeme cuando te digo que has sido la mejor –dijo él.– hay una gran diferencia, todas las chicas con las que he tenido sexo, a ninguna la he querido, ni un cuarto, de todo lo que te quiero a ti. Realmente esta fue como mi primera vez... –dijo Pedro.
-Exageras –dijo ella mientras depositaba un beso en el pecho desnudo de él.
-No, realmente esta fue la primera vez que hago el amor. –dijo él besándole la cabeza.– lo otro es sexo sin sentimientos, no tienes idea como cambia cuando lo haces con amor, es algo que le da toda la magia, es... dios, nunca me había sentido tan bien. –admitió Pedro.
-¿Enserio? –preguntó ella acomodándose para mirarlo a los ojos.
-Claro que sí. –dijo él sonriendo.– ¿cómo te sentiste?
-Maravillosamente bien –dijo ella mientras le quitaba el cabello de la frente a su novio. Pequeñas gotitas de sudor decoraban la frente de Pedro. No tenía idea el porqué, pero se veía más hermoso que nunca. Lo abrazó con fuerza. Claramente nunca se sentiría mejor con otro que no fuera él. Ella le tomó la mano y entrelazaron sus dedos.– eres mi mejor regalo de cumpleaños mi vida.
-Gracias –dijo él.– te amo princesa, ahora duerme, debes estar cansada.
-Un poco, tú también debes estarlo, además, los moretones se notan más –dijo ella pasando la mano por debajo del ojo de Pedro. El se sobresaltó.– perdón.
-No te preocupes, realmente ahora me acabas de recordar que me habían golpeado. –dijo él riéndose.
Ella volteó, lista para dormir. El la abrazó por la cintura, pegándola a su cuerpo.
-Buenas noches Pepe –dijo ella.– te amo, gracias por todo.
-Buenas noches mi hermosa Pau –susurró él en su oído.– te amo muchísimo preciosa. Gracias por hacerme feliz.
Entonces ambos cerraron los ojos para caer en un dulce sueño. Podrían perfectamente agregar esa noche a la lista de las mejores noches de su vida, probablemente tendría el primer lugar.
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Capitulo 31
Pedro volvió y se pasaron el rato charlando, riéndose y recordando cosas de su infancia. Era divertido en cierta forma, ver el pasado y ahora, lo que eran y lo que son, y el como las cosas cambian.
Pedro alrededor de las once y media, cerró los ojos y fingió haberse dormido. Paula suspiró, pese a que quería que Pedro pasara las doce con ella, para esperar su cumpleaños, entendía que estuviese exhausto. Así que se acomodó en el lado de la cama que daba a la pared, y volteó dándole la espalda a Pedro. Cerró los ojos y automáticamente se durmió.
Pedro con sigilo, miró la hora en su celular. En diez minutos serían las doce. Se paró con cuidado, verificó si ella estaba dormida, y bajó donde estaba su madre con el gran pastel que habían comprado. Prendieron las velitas, mientras Pedro se guardaba la pequeña cajita en el bolsillo. El regalo de Paula. Su madre lo ayudó a subir con el pastel, eran las doce. Abrieron la puerta de la habitación de Pedro, prendieron la luz y cantaron el feliz cumpleaños. Ella despertó y sonrió al ver la sorpresa. Pedro había planeado todo.
-Feliz cumpleaños linda –dijo la madre de Pedro mientras el sostenía el pastel, la abrazó y le besó la frente. Ella era como una madre para Paula. No como su verdadera madre, Ana se preocupaba mucho más de ella.
-Gracias Ana, te agradezco todo lo que has hecho por mí –dijo con una sonrisa.
-De nada, eres parte de la familia Paula –dijo con una sonrisa.– dame el pastel Pedro, dejaré que felicites a tu novia –ellos se miraron y sonrieron automáticamente. Ana tomó el pastel.– los espero abajo.
-Gracias mamá –dijo Pedro. El se acercó a su novia y la rodeó en un gran abrazo. Cerraron los ojos, esos momentos debían sentirlos solamente.– Feliz cumpleaños Pau, solo quiero decirte que gracias por ser tú, gracias por darme una oportunidad en tu vida luego de todo el tiempo, y gracias por ser mi maravillosa y perfecta novia. Te amo –ella sonrió, Pedro la miró a esos ojos verdes, le besó la frente, la nariz y los labios. Se rieron mientras se besaban, y se volvieron a abrazar.
-Gracias Pepe –susurró.– te amo, gracias por demostrarme que lo que realmente necesitaba estuvo siempre aquí –el le sonrió. Le entregó el regalo. Ella se mordió el labio nerviosa.– ¡no debiste!
-Sí debía. –dijo él. Miró ansioso a que sus manos abrieran la cajita. Entonces fue cuando sacó la pulsera. Era de plata, y traía varios colgantes. Un corazón, una llave, una pequeña Torre Eiffel, un pequeño Big Ben, un angelito y lo que más resaltaba debido a que llevaba un color suave rosado, eran tres letras unidas, PYP. Ella sonrió con los ojos llorosos.– amor es precioso. Lo abrazó y lo besó, luego la ayudó a ponerla en su brazo. Ambos sonrieron.– gracias. –el le sonrió.
-Bajemos, mamá quiere comer pastel junto a Robin –ambos rieron. Se tomaron de la mano y bajaron. Disfrutaron con la familia de Pedro, todo parecía hermoso. Pedro amaba verla feliz y sonreír, era como si todo dependiera de ella. Nunca creyó que podía querer tanto a alguien, siendo que era prácticamente un mocoso, pero la amaba, como nadie.
-Bien, lo hemos pasado genial, mañana podemos seguir celebrando –dijo Ana divertida.– buenas noches chicos.
-Buenas noches –dijo Robin sonriendo.
-Buenas noches –dijeron Pedro y Paula.
Se pararon, se tomaron de la mano y subieron a la habitación de Pedro. Ella se tiró en la cama con una melodiosa risa, Pedro cerró la puerta mientras se quitaba la remera dispuesto a dormir, se quitó los pantalones, siempre dormía en bóxers. Ella se levantó mientras se acercaba a Pedro. Pasó sus dedos con cuidado por los magullones del cuerpo de Pedro.
-Te daré una remera para que duermas –dijo Pedro mientras pasaba su mano por la mejilla de ella, ella cerró los ojos. Lo detuvo antes de que diera un paso, tomándole su brazo con firmeza. Pedro la miró algo confundido.– ¿qué pasa?
-Estoy lista –susurró mirando directamente a los ojos a Pedro.
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Lean el siguiente.
sábado, 13 de abril de 2013
Capitulo 30
Dos días en que él no fue a verla. Dos días en que prácticamente se olvidó de ella, eso creía, pero no, Pedro solo intentaba encontrar la forma de aconsejarla y ayudarla. No quería verla mal otra vez. Caminó directamente a su casa, tocó el timbre y justamente ella salió a recibirlo.
-¿Pedro? –preguntó insegura. El le sonrió cálidamente, en gesto de disculpas, y ella se lanzó a darle un abrazo, de aquellos abrazos que llegan cuando más los necesitas. Ambos cerraron los ojos, disfrutando el calor del otro.
-Siento haberme alterado… –susurró Pedro en su oído.– te amo, y solo quiero protegerte.
-Perdóname Pedro –dijo ella con los ojos llenos de lágrimas.– estaba muy deprimida, y no pensé en nada y…
-Shh… –la interrumpió.– sé que ahora no volverás a hacerlo, solo quiero verte bien mi vida –susurró cerca de sus labios.– te amo princesa.
-Yo también te amo –dijo ella dándole un beso muy apasionado. Pedro la elevó un poco en el aire mientras se besaban. Ambos rieron, sin separarse.
-Queda solo una semana para el baile, este sábado –dijo Pedro con una coqueta sonrisa.– ¿tendría yo el honor de que mi acompañante sea usted, señorita? –preguntó fingiendo una reverencia. Paula río divertida.
-Por supuesto que podría acompañarlo, señor Alfonso –dijo ella riéndose con suavidad
-¿Necesitas ir a comprar vestido? –preguntó Pedro.
-Sí, pero esta vez, no irás tú –dijo ella con una coqueta sonrisa.
-¿Y por qué no? –preguntó el frunciendo el ceño.
-Porque será sorpresa –susurró ella en su oído. Pedro se mordió el labio de forma traviesa.
-Bueno, si mi novia quiere darme una sorpresa… –dijo Pedro sonriendo. Ella arqueó una ceja.
-¿Novia? –preguntó ella. Pedro se mordió los labios, recordando que aún no se lo pedía. Tampoco tenía algún día especial para hacerlo.
-Bueno, amiga, chica, a no ser… que quieras ser mi novia –dijo Pedro mirándola directamente a los ojos.
-No me lo has preguntado –dijo ella mordiéndose los labios también. Pedro se tensó un poco, esos simples gestos lo provocaban.
-Señorita Paula Chaves –dijo Pedro con una coqueta y traviesa sonrisa, mientras se arrodillaba y le tomaba la mano.– ¿aceptaría usted ser mi novia? Prometo cuidarla y protegerla, serle fiel y prontamente casarme con usted –ambos se rieron divertidos. Ella lo miró con una sonrisa, no podía creer todo esto, pero aún así…
-Sí, si quiero –dijo ella riéndose. Rodeo el cuello de Pedro con sus brazos, mientras el la tomaba por la cintura y le daba un beso con mucha pasión. Se abrazaron luego de eso, mientras Pedro cerraba los ojos. Absolutamente todo lo que siempre deseó se estaba cumpliendo. Esperaba que el momento durara, realmente lo necesitaba. La apretó más contra él.
-Te amo hermosa, no lo olvides jamás –ella sonrió mientras seguía apoyada en su pecho. Y podría estar toda la vida así.
Pedro y Paula esa misma tarde decidieron ir al cine. Les quedaban solamente tres días de colegio, pues eran las despedidas y todo eso. Así que no tomaban con mayor importancia el hecho de ir a clases al día siguiente. Vieron una película de acción, a pedido de Pedro. A ambos les pareció bastante buena, luego de eso fueron a comprar un helado, pues Paula era fanática de ellos. Pedro siempre sabía que en una calurosa tarde, debía tener un helado para ella.
-Amo el helado –dijo ella mientras pasaba su lengua por el helado de vainilla. Pedro la miró divertido, mientras se mordía el labio algo nervioso.
-En todos estos años, créeme que si me he dado cuenta –dijo él mientras le tomaba la mano.
-¡Miren a quién tenemos aquí! –esa voz repugnante, pensó Paula. Ambos voltearon, Amy, Nicolás y Rocío estaban parados justo atrás de ellos.
-Que grata sorpresa –dijo Pedro con cierta ironía fulminando con la mirada a Nicolás.
-La bella y la bestia –musitó Nicolás.
-Más bien, el bello y la bestia –dijo Rocío mirando despectivamente a Paula.
-Bueno, gusto en verlos, nos vamos –dijo Pedro tomando fuertemente de la mano a Paula.
-Así que… por fin te tomaron en cuenta, Alfonso –replicó Nicolás antes de que se fueran. Pedro lo fulminó con la mirada.
-Si, y lo mejor que pude haber hecho –contestó Paula antes de que Pedro dijera algo.
-¿Fue lástima querida Paula? –preguntó Nicolás arqueando una ceja.
-No, es amor, algo que tú no conoces –dijo ella guiñándole un ojo. Pedro sonrió.
-Espera un tiempo, tendrán sexo, y el te dejará –agregó Rocío.– no creas que eres demasiado especial, lo hace con todas, te dice que te ama y luego te lleva a la cama, entonces te deja –dijo Rocío.– o quizás solo es una apuesta de las que suele hacer con las chicas –dijo ella. Pedro la fulminó con la mirada.
-La gran diferencia, es que las que se prestan para tener sexo y apenas te conocen, no son chicas a las que le diría te amo. –dijo Pedro guiñándole un ojo.
-¿Con quién apostaste esta vez, Alfonso? –preguntó Amy.
-Ya déjenlo, si tampoco tener a esta puta es tan difícil, un par de miradas y corre hasta ti –dijo Nicolás de forma despectiva. La gota que derramo el vaso. Pedro comenzó a caminar amenazadoramente hacia Nicolás, pero Paula se puso frente a él.
-No Pedro –susurró ella.– no lo hagas.
-¿Ves? Tu novia me defiende, solo porque le gusto que me acostara con ella –Pedro en un hábil movimiento, movió a Paula y se tiró sobre Nicolás, ambos cayeron al piso bruscamente, comenzaron a golpearse.
Paula estaba desesperada, mientras Amy y Rocío reían. Pedro le dio un puñetazo en los labios, pero Nicolás le lanzó uno al ojo. Se golpearon con odio, hasta que Nicolás se levantó rápido y le dio una patada en el estómago a Pedro, quien gimió de dolor, el le dio otra, riéndose burlón. Entonces Paula no lo soportó y se lanzó sobre la espalda de Nicolás, arañándole los brazos. Nicolás le dio un codazo para que lo soltara, y este llegó a las costillas de Paula. Entonces, ella gimió y Nicolás golpeó otra vez a Pedro, demasiado fuerte, esta vez, el muchacho escupió sangre. Paula se horrorizó. Para su suerte, dos policías pasaban por el lugar y vieron la escena. Nicolás iba a correr, pero lo detuvieron. Amy y Rocío corrieron del lugar. La policía tomó a Nicolás detenido y llamó al carro policial. Pedro con ayuda de su novia y uno de los uniformados logró levantarse.
-Necesitamos ir a un hospital –le rogó Paula al policía.
-Ahí viene el carro –dijo indicando el auto policial.– los llevaremos a ver las lesiones y luego a la comisaría –replicó el policía.
-Amor, tranquila, estoy bien –dijo Pedro abrazándola.
-Pedro, mírate, no estás bien –dijo ella. Efectivamente, los labios de Pedro sangraban, tenía un gran enrojecimiento en el ojo y en las mejillas, probablemente moretones luego.
-Si estoy bien mi amor, solo son unos golpes –dijo con la voz entrecortada.
Dos carros policiales llegaron al lugar, en uno de ellos subieron a Nicolás esposado y en otro a Pedro y a Paula. Ella lloraba aún temblorosa, realmente estaba preocupada por Pedro, sacó una pañoleta de su bolso, que usualmente usaba como cintillo y la puso en la comisura de los labios de Pedro, que no dejaban de sangrar. Pedro se recostó un poco y cerró los ojos. Le dolía todo el cuerpo, demasiado, pero no quería que ella se diera cuenta o se preocuparía más de la cuenta. Su estómago le dolía, los músculos de todo el cuerpo, y sentía como su nariz y labios sangraban.
Llegaron al hospital, ambos entraron en salitas diferentes, a ella la revisaron pero nada andaba mal con ella, solo sabía que se le iba a formar un buen moretón en las costillas. Suspiró y se dispuso a esperar a Pedro. Cuando salió, llevaba algodones en la nariz, un poco de algo que era como una crema en los labios, y en otras zonas enrojecidas de su rostro. Caminaba lento, se notaba adolorido. Sonrió un poco al ver a su novia. El policía les indicó que fueran al auto, necesitaban ir a la comisaría.
-Apenas salgamos de aquí, irás a dormir –indicó su novia. El asintió.
Llegaron a la comisaría, ahí estaba Nicolás. Los llevaron a una sala, a declarar.
-Entonces niños ¿cómo ocurrió esto? –preguntó el policía. Paula levantó la mano como si estuviera en el colegio.– señorita…
-Mi novio y yo caminábamos tranquilos, y él se acercó con dos chicas de la escuela a molestarnos, me dijo cosas horribles, y ahí comenzó todo –dijo ella.– luego comenzó a golpear a Pedro en el suelo –dijo indicando a su novio.– y me lancé sobre él, me dio un codazo y bueno, ahí llegaron ustedes.
-Pero él comenzó –dijo Nicolás mirándonos con odio.
-Tú la llamaste puta. –replicó Pedro con odio.
-Es lo que es –dijo Nicolás fulminando a Paula con la mirada. Ella no lo miró.
-Jóvenes, es suficiente –dijo mirándolos a ambos.– bien, ustedes dos se pueden ir –dijo indicando a Pedro y a Paula.– no quiero verlos en algo así otra vez –ambos asintieron.– en cuanto a ti, te quedas dos horas, por no mostrar respeto. –Nicolás hizo una mueca de enfado. Pedro tomó de la mano a Paula, y como pudo caminó hasta afuera.
-Amor, llamaré a Hernán por si puede venir por nosotros –dijo Pedro, Paula asintió. Hernán pasó por ellos, se preocupó bastante por Pedro, luego los dejó en casa de Pedro. Ana, su madre, escandalizó bastante al verlo llegar herido, pero Pedro la tranquilizó diciéndole que estaría bien. Ana lo regañó por ponerse a pelear en la calle. Pero Paula la tranquilizó contándole todo. Los dejó por fin solos, porque su novia se ofreció para cuidarlo.
-Siento esto –dijo Pedro.
-Yo lo siento Pedro, fue Nicolás… no debí haberme metido con ese imbécil –dijo ella rodando los ojos.
-No te preocupes linda, ya pasó –sonrió.– mañana es tu cumpleaños, y estaré todo magullado –dijo frunciendo el ceño.
-Pero estarás conmigo, después de muchos cumpleaños, esta vez, eres oficialmente mi novio –ambos sonrieron.– no sé como no me di cuenta antes.
-Quizás porque me comporté como un tonto –dijo Pedro.– intentando aparentar algo que no era. Pero ya no importa, estoy contigo y me transformé en un cursi –ella sonrió y le besó cortamente los labios. – ¿te quedarás conmigo?
-Sí, apenas sean las doce, seré mayor de edad y podré hacer lo que quiera –Pedro soltó una risa.
-Muy madura –dijo Pedro rodando los ojos. Ella se río.
-Bien –dijo ella.– sácate la remera. –Pedro la miró sorprendido, prácticamente se le salieron los ojos. Sintió un calor recorrerle todo el cuerpo. Pero ella comenzó a reírse.– no seas pervertido Pedro, solo veré que tal están esos golpes –dijo rodando los ojos.
-Graciosa –dijo Pedro mientras se quitaba la remera. Se recostó mientras ella miraba su abdomen. Intentó concentrarse y no parecer perturbada en absoluto con el torso desnudo de Pedro.
-Eso se va a poner más feo ¿los ineficientes médicos no te dieron ninguna crema o algo así? –preguntó ella arqueando una ceja. Pedro sonrió, mientras su mano iba a la mejilla de ella.
-Me dieron unas pastillas por sí me duele demasiado –contestó Pedro.
-Traeré hielo –anunció ella. Se levantó, Pedro la observó salir de su habitación. Sonrió triunfante, le encantaba que se preocupara de él. Se sentía pleno, todo parecía mil veces mejor. Ella volvió con tres bolsas de hielo de diferentes tamaños.– bien, ponte esta en el estómago, justo donde terminan las costillas.
-Pero está fría –protestó Pedro. Ella arqueó una ceja, y le sonrió coqueta. Pedro se mordió el labio cuando ella se acercó a él de manera sensual. Lo iba a besar, hasta que Pedro gimió, pues ella había puesto la bolsa de hielo en su estómago.– ¡AH! –gritó mientras cerraba los ojos.– loca –dijo fulminándola con la mirada, ella sonrió divertida.– tramposa.
-Lo siento, eres muy terco lindo –dijo mientras tomaba otra bolsa de hielo y la ponía bajo su ojo. Pedro cerró los ojos.– es para que no se vean tan mal mi amor –le dijo con dulzura.
-Eres una dulzura –dijo él irónicamente.– está muy frío el de mi panza, quema.
-Lo siento, realmente es por tu bien –el suspiró frustrado.– ¿qué hora es?
-Diez y media –dijo Pedro.
-Avisaré a Alejandra que me quedo aquí –dijo ella mientras tomaba el celular.
-A tu madre –corrigió Pedro.
-Lo que sea –dijo ella rodando los ojos. Pedro suspiró. La madre de Paula le permitió quedarse con Pedro, claramente, era mejor para ella, podía estar con Rob tranquila.– bien, me quedo contigo –dijo dándole un suave beso en los labios.
-Me gusta la idea –dijo Pedro.– mucho hielo por hoy –se sacó el hielo de su panza, lo dejó sobre la mesita de noche, ella dejó el que le tenía en la cara también.– ven acá preciosa –ella se recostó, abrazando con mucho cuidado a Pedro. Sus manos se entrelazaron casi por acción propia.– el día que… –Pedro comenzó a hablar de pronto.– el día que te vi los cortes… bueno, antes de eso… ¿te diste cuenta de lo que hicimos? –preguntó Pedro mientras miraba el techo.
-Uhm –ella se sonrojó de inmediato.– fue algo… extraño.
-Fue mejor que no pasara –contestó Pedro. Ella frunció el ceño.
-¿Por qué? –preguntó.
-Porque… –se sentó para poder mirarla a los ojos.– no quiero que seas una más de las otras, digo, no quiero que sea algo de locura del momento… ¿entiendes? –ella sonrió.– tu primera vez debe ser más que eso…
-Eres un cursi –dijo ella mientras miraba con ternura esos ojos marrones que la volvían loca.– pero no me interesa donde ni cuando Pedro, si es contigo, está todo bien.
-¿Estás segura? –preguntó Pedro.– digo, debes estar muy enamorada para hacerlo y… –ella le tomó las mejillas de forma muy cuidadosa.
-Estoy segura de que te amo –dijo ella mirándolo a los ojos. Pedro la miró embobado. Se acercó lentamente a sus labios y cerró los ojos.
Ese beso fue diferente, algo cambió, algo que ninguno de los dos notó. Sus labios se movieron suavemente, disfrutando el momento. Pero la puerta se abrió y ambos se separaron de golpe.
-¡Perdón! –la voz de Ana hizo que ambos soltaran una risa nerviosa. Ella los miró con sorpresa, Pedro estaba sin remera.
-No me mires así –dijo Pedro.– no es lo que crees, estaba poniéndome hielo.
-Uff… creí que… –Ana rodó los ojos.– no importa, Pedro, ven un momento lindo. –Paula les sonrió. Pedro le dio un beso en la frente y salió de su habitación, cerrando la puerta.
Ella se sentó en la cama de Pedro, su piel estaba erizada, sus manos temblaban. Algo sucedía, algo había cambiado entre ella y Pedro, no sabía que muy claramente, pero sabía que era importante. Recordó lo que Pedro habló sobre su primera vez, y sonrió. Ella ahora sabía lo que quería. Antes le parecía un tema tan lejano, no se entregaría a cualquiera. Pero ahora le parecía la mejor idea del mundo. Era algo así como ¿destino? Quizás, pero sabía que Pedro era ese “indicado”. No le interesaba lo que el hubiese hecho antes. Eso era pasado, Pedro era su presente, su ahora. Le seguía dando vueltas en la cabeza la conversación con Pedro. De alguna manera, sabía que ocurriría tarde o temprano, y con él. Quizás ahora se estaba dando cuenta que estaba lista.
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Perdon por no haber subido los capitulos en la semana, es que estuve internada. Sepan comprender. Gracias por todos los comentarios. Si quieren que les pase los capitulos por twitter cada vez que suba diganmelo.
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