martes, 9 de abril de 2013

Capitulo 27


Pedro no parecía él. Era como si le hubieran lavado el cerebro. Su sonrisa nadie la borraba, parecía marcada en su rostro. Reía a cada rato, lanzaba bromas, jugueteaba con los chicos. Era un nuevo Pedro, mil veces mejor que el anterior.
Ahora los chicos y sus novias, se sentaban todos en una mesa, donde también estaban Paula y Zaira. La pasaban mucho mejor, y recibían las miradas de odio de la mesa de los “populares”. Pero ellos eran felices y no les interesaba demasiado ese grupo.


                 -Entonces ¿iremos al cine mañana? –preguntó Gustavo con una sonrisa.

                 -Es una buena idea –dijo Matías.– debemos avisarle a Hernán.

                 -Yo me encargo –dijo Zaira.– hoy viene a buscarme. –dijo sonriendo.

                 -Pero no quiero ver una película de terror –dijo Paula.– me dan miedo.

                 -¿No es esa la idea Paula? –preguntó Agustín.

                 -Pero es que luego tengo pesadillas –dijo ella con las mejillas coloradas.

                 -Si quieres luego voy a dormir contigo –dijo Pedro mordiéndose el labio divertido.

                 -Tonto –dijo ella riéndose sonrojada mientras le golpeaba el brazo.

                 -Eu, consíguete una habitación en un motel –replicó Agustín divertido. Paula se sonrojó mientras Pedro se reía.

                 -Eres un tonto, rubio –dijo Pedro.– Jazmyn y tú deberían seguir tu propio consejo –dijo Pedro sonriendo triunfante.

                 -¡No me metas a mí, Alfonso! –dijo Jazmyn mientras se reía.

                 -Son unos pervertidos –dijo Gustavo mientras jugaba con la tapa de su refresco.

                 -Creo que deberías mirarte a ti primero, Conti –dijo Matías con una sonrisa de suficiencia. Gustavo se río algo incómodo. Angie se sonrojó de inmediato.– las mejillas de tu novia te delatan.

                 -¡Matías! –dijo Angie sonrojada.– idiota.

                 -No soy idiota, soy sincero –dijo Matías burlón.

                 -Bueno, ¿prepararemos una salida al cine o hablaran cosas pervertidas? –preguntó Karla, la novia de Matías.

                 -Sí, eso –dijo Matías mientras rodeaba la cintura de su novia y le besaba la mejilla.

                 -Bueno, vamos a ver la película mañana, juntémonos a las cinco fuera del cine del centro, ya saben, al que solemos ir –dijo Agustín.– y bueno, allí nos ponemos de acuerdo que película vemos.

                 -De terror –concluyó Pedro.

                 -Sí tanto quieres que Paula te abrace, quédate en casa –musitó Gustavo burlón. Pedro le lanzó una patada por debajo de la mesa.– ¡auch! –reclamó Gustavo frunciendo el ceño.

                 -Bocón –dijo Pedro rodando los ojos. Todos rieron. La campana sonó, a Pedro, Zaira, Agustín y Paula les tocaba biología. Zaira le dijo que se sentara con Pedro sin preocuparse, ella le sonrió extremadamente agradecida.

                 -¿Agustín te sientas conmigo? –preguntó Zaira. El rubio, quien estaba comiendo galletas, asintió divertido. Ambos se fueron a un puesto más atrás, mientras Pedro se sentaba en otra fila con Paula.

                 -¿Tienes algo que hacer hoy? –le preguntó Pedro. Ella negó mordiéndose el labio, Pedro suspiró fuertemente, si ella no dejaba de hacer eso, era capaz de ganarse una detención solo por besarla en la clase.– entonces saldremos, iremos a alguna parte, nuestra primera cita –dijo guiñándole el ojo. Ella sonrió.

                 -Bueno, pero te aclaro Alfonso, no beso en la primera cita –dijo ella. Pedro arqueó una ceja, mientras ella le sonreía.– pero contigo es diferente lindo –dijo ella guiñándole un ojo. Ambos rieron. Justamente llegó el profesor, así que no conversaron mucho, solo se dedicaron a poner atención y de vez en cuando, lanzarse coquetas miradas o cosas así.


Cuando salieron de la sala, Pedro inmediatamente le tomó la mano con una gran sonrisa. Sentía que todo era mejor a su lado, y no le interesaba las miradas que les daban. Era un escándalo, Pedro Alfonso estaba saliendo con la que era su mejor amiga, Paula.


                 -Aún no creen que yo esté saliendo con alguien como tú –susurró ella mientras caminaban.

                 -¿A qué te refieres? –preguntó él.

                 -Tú, Pedro Alfonso, el chico guapo y popular, versus Paula, la chica que no es nadie en esta escuela, que no es porrista, que no tiene ningún talento y no es hermosa como tus chicas de siempre –dijo Paula levantando los hombros. Pedro negó con la cabeza, deteniéndola en medio del pasillo.

                 -¿Escuchaste lo que dijiste? –preguntó Pedro mirándola con algo de molestia.– tú eres mejor que todas las chicas de este lugar, tienes mucho talento, y eres la mejor persona que conozco. No me interesa lo que el resto piense ¿sí? Te amo a ti, y a nadie más –dijo Pedro. Luego de eso, puso sus manos en ambas mejillas de la chica y le dio un apasionado beso en medio del pasillo lleno de gente que los miró con mucha sorpresa. Luego de eso, Pedro le besó la frente y siguieron caminando.– y espero que eso deje claro que eres solo mía.


  Ella sonrió, aún creía que era demasiado bueno para ser verdad. Ahora, después de todo, se había dado cuenta que si sentía algo por Pedro, aún no estaba del todo enamorada, pero eso se iba a dar con el tiempo, supuso.


                 -¿A dónde iremos? –preguntó ella mientras sacaba las llaves de su casa.

                 -No sé en realidad –dijo él soltando una despreocupada risa.

                 -Quiero ir a Starbucks, ¿me llevas? –preguntó ella poniendo cara de “perrito”, siempre lo hacían para persuadir al otro.

                 -Lo que tú quieras –dijo Pedro mientras entraban a la casa de Paula. Ella dejó su bolso, y el su mochila. Como de costumbre, la madre de Paula no estaba. 

                 -¿Quieres algo? –preguntó ella mientras iba a la cocina.

                 -Algo de beber, estoy muriendo deshidratado –dijo él riéndose.

                 -Está bien –dijo ella mientras servía dos vasos de Coca Cola. Le dio un vaso a Pedro y fue a sentarse junto a el al sofá.

                 -¿Sabes? Lo único que cambia entre nosotros es que ahora puedo besarte donde yo quiera –dijo él con una risa.– todo lo demás es lo normal.

                 -Es la idea –dijo ella tomando un sorbo de bebida.– se supone que las parejas deben ser como mejores amigos, por la confianza y todo eso –dijo ella mientras le tocaba la mejilla a Pedro.

                 -Nunca creí que me tomarías en cuenta –admitió Pedro.

                 -¿Cómo no? Si eres tan guapo –bromeó ella. El sonrió.

                 -Lo sé –dijo el. Ella le golpeó el hombro.– bromeaba… bueno quizás no tanto. –ambos rieron.– pero ya sabes, me dijiste muchas veces que no saldrías con un tipo como yo.

                 -La gente cambia ¿no? Y yo confío en ti –dijo ella sonriéndole. Pedro se tomó el resto de la bebida y la dejó sobre la mesa.

                 -No te fallaré –aseguró Pedro mientras le besaba la mejilla. Ella dejó el vaso sobre la mesa.– te amo –susurró mientras se acercaba a besarle los labios. Sus bocas se encontraron y se besaron con mucha dulzura. Besar a Pedro se sentía como el paraíso, para ella. Sus labios eran tan suaves y tan deliciosos, podría besarlo durante horas.

                 -Abrázame –pidió ella. El inmediatamente la rodeó con sus brazos. Ella se apoyó en su pecho. Cerró los ojos durante un momento, hasta que alguien abrió la puerta fuerte. Ambos levantaron la vista, era la madre de Paula y su pareja.

                 -¡Hija! –dijo ella sonriendo.– ¡Hola Pedro!

                 -Hola –dijo él levantándose. Le dio la mano al novio de la madre de Paula.– Pedro Alfonso.

                 -Rob Steven –dijo él con una sonrisa.

                 -Él es el mejor amigo de Paula aclaró su madre. Ella se sonrojó.

                 -Uhm quizás algo más que eso –musitó ella. Su madre arqueó una ceja y sonrió.

                 -¿Están de novios? –preguntó emocionada.

                 -Algo así –confesó ella. Pedro sonrió.

                 -Ya era hora chicos, en fin, nosotros iremos a una cena en un rato, así que pásenla bien –dijo su madre mientras subía con su novio las escaleras.

                 -¿Algo así? –preguntó Pedro con una coqueta sonrisa.

                 -No somos novios, Pepe –dijo ella mientras tomaba un bolso y echaba sus cosas. El se quedó con la palabra en la boca.– ¿vamos?


Pedro asintió, tomó la mano de su… amiga con derecho, caminaron un par de cuadras hasta un Starbucks, pidieron y luego fueron a sentarse. No hablaron en largo rato.
Pedro se dedicó a observarla mientras se tomaba un frappuccino, se veía tan tierna mientras miraba hacia la nada, con la pajilla en la boca. Sus ojos verdes se veían iluminados ante la luz, cosa que la hacía ver extremadamente adorable. Y aún no podía creer que ella estuviera dándole una oportunidad. 


                 -Tanto silencio Pedro –dijo ella con una traviesa sonrisa.

                 -Solo pensaba –dijo él mientras la miraba con ternura.

                 -¿En qué? –preguntó ella mientras le tomaba la mano a Pedro por encima de la mesa. Para él, sentir ese suave tacto en su piel era placentero.

                 -En ti –confesó Pedro. Ella sonrió mientras entrelazaban sus dedos.

                 -Eres tan extremadamente cursi Pepe, nunca lo creí de ti –dijo ella con una sonrisa, Pedro rodó los ojos.

                  -Tonta –dijo él con una divertida sonrisa.

                  -Vamos a dar un paseo –dijo ella mientras lo hacía pararse. Le tomó la mano con fuerza, mientras caminaba y terminaba de tomarse su frappuccino. Pedro pensaba mientras caminaban, pensaba en como habían cambiado las cosas. Aún se sentía algo inseguro, pero no daba más de felicidad. ¿Cuántas veces había soñado con caminar sosteniendo su mano, y poder, en cualquier momento, detenerla y darle un beso? Ahora podía hacerlo, y eso lo hacía sentir bien, mucho más que eso, lo hacía sentir completo.

                  -Espera –dijo Pedro. Ella arqueó una ceja. Entonces Pedro la tomó por la cintura y le plantó un beso. Ella lo siguió de inmediato, mientras colocaba los brazos alrededor del cuello de Pedro. Sus labios se movían con lentitud y armonía, mientras sus cuerpos estaban demasiado juntos el uno con el otro.– siempre quise poder besarte donde fuera –dijo el guiñándole un ojo. Ella sonrió y volvió a tomar su mano.

                  -Eres un cursi, nunca creí que eras así –ambos rieron.– de verdad.


Llegaron a un parque gigante, lleno de pasto, con una gran fuente de agua en medio. Ambos se tiraron en el pasto mientras charlaban o se besaban. Todo lucía perfecto, todo parecía maravilloso en ese momento, como si nadie pudiera interponerse entre ellos. O al menos, es lo que ellos creían.


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Dos capítulos por hoy. Si mañana no les subo un capitulo culpen a la maldita fiebre y el resfriado. Gracias por todos sus comentarios, acá y por twitter. (@ComoAmarPyP)

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