sábado, 13 de abril de 2013
Capitulo 28
Una semana luego, en que todo iba bien para ambos. Luego de haber ido al cine con los chicos, y haberse reído como nunca luego de jugarle una broma a Paula, asustándola, para que luego le diera un puñetazo en la cara a Pedro por equivocación, las cosas seguían demasiado bien para ambos. Era como lo que siempre habían soñado, para ella una relación con alguien que valiera la pena, y para él, la relación con ella, su princesa.
-Se te ve feliz, Pepe –dijo Hernán mientras caminaban por el centro comercial. Se acercaba el cumpleaños de Paula, cumplía por fin dieciocho años, y Pedro buscaba algo especial.
-Más que nunca, amigo –dijo Pedro mientras ambos sonreían.
-Siempre te dije que debías arriesgarte –comentó Hernán.– después de todo, las cosas salieron bien.
-Gracias amigo, siempre estuviste cuando te necesite –le dijo Pedro dándole un abrazo a su mejor amigo.
-Claro que si chueco, recuerda que eres mi esposo –ambos rieron por la broma de Hernán.
-Claro Nan –sonrieron.
-Y bueno ¿sientes esa necesidad de acostarte con las chicas que lo hacías? –preguntó Hernán.
-No, estoy demasiado feliz como para arruinarlo –dijo Pedro.– entremos aquí –indicó una tienda de regalos.– además, no pienso demasiado en sexo.
-Solo porque sabes que no te resultará tan fácil con ella –se burló Hernán.
-En realidad no me interesa si es pronto o no, solo quiero hacerla feliz –dijo Pedro mientras miraba los peluches.– agh, nada me gusta.
-¿Cuándo es el baile de graduación? –preguntó Hernán mientras observaba unas tarjetas.
-En tres semanas, y en dos es la ceremonia –comentó Pedro mientras miraba unos llaveros.
-¿Irás con ella supongo? –preguntó Hernán.
-Claro que sí, pretendo que esta vez todo resulte como yo quiero –dijo Pedro firmemente.
-¿Y si le regalas un vestido? –preguntó Hernán.
-Demoraré días en elegirlo, y con mi personalidad, terminaré llevándole un vestido que ni siquiera le tapará el culo –ambos se rieron.
-Regalale un collar, una pulsera, algo así –dijo Hernán algo exhausto después de un rato.
-Mhm quizás tengas razón –dijo Pedro.– agh, odio que esté de cumpleaños tan cerca de la graduación ¿sabes? Luego tendré que darle un regalo de graduación –ambos rieron.
-Para su graduación, llévale flores, asunto resuelto –dijo Hernán.– yo haré eso con Zaira.
-Buena idea Nan –dijo Pedro.
Las siguientes dos semanas pasaron volando. En ese preciso instante, los chicos estaban poniéndose la horrible túnica color celeste y el gorro de graduación. Era su graduación, y para ellos, vestidos de esa forma, jamás lo olvidarían.
Pedro se miró otra vez al espejo y negó frustrado. ¿Quién había elegido el estúpido color? Su pelo estaba aplastado con el gorro, suspiró resignado, mientras iba a buscar a Paula.
Tocó el timbre, y ella salió vestida igual que él.
-Hola linda –dijo él dándole un corto beso.– te ves hermosa. –ella bufó.
-Alfonso, nos vemos ridículos –dijo ella riéndose, el acompañó su risa, tenía razón, no se veían bien. Se abrazaron, para luego subir al auto de la madre de Pedro. La mamá de Paula llegaría un poco más tarde, cosa que ni siquiera le sorprendió a Paula.
-Me dieron nervios –confesó Paula mientras se dirigían a sus asientos. Se sentaron juntos, mientras Pedro sostenía la mano de Paula.
-No tengas miedo –susurró Pedro en su oído.– estamos juntos, así que todo saldrá bien –ella le dio un corto beso y asintió.
Comenzaron a llamar por apellidos, recibieron diplomas en medio de los aplausos. Paula no visualizó a su madre, y pese a que no le sorprendía, sintió un nudo en la garganta. Pedro al bajar, la tomó de la cintura mientras la felicitaba, ella lo felicitó a él por la graduación. Se abrazaron y se dieron un corto beso. Pedro notó que a Paula le preocupaba algo. Pero no mencionó nada.
Cuando todo terminó, le tomó la mano y fue con sus amigos, entre todos se abrazaron. Pese a eso, Paula seguía distraída y dolida. Su madre no había llegado, su padre ni siquiera se acordó de llamarla. Suspiró, evitando que las lágrimas salieran de sus ojos.
-Mamá espera por mí –dijo Pedro. Ella asintió y le dijo que fuera, pero el le tomó la mano y la hizo acompañarla.
-¡Felicitaciones chicos! –dijo el padrastro dándole la mano a Pedro y besando la mejilla de Paula. Ella le sonrió forzadamente.
-¡Felicitaciones bebé! Estoy tan emocionada, estás tan grande –dijo la mamá de Pedro mientras lo abrazaba y una que otra lágrima caía por su mejilla. Ella se sintió tan sola en ese preciso instante. Luego la mamá de Pedro la felicitó y la abrazó.– ¿fuiste donde tu madre? –ella negó.
-No la veo –musitó ella. Pedro miró preocupado a su madre, quien con una mirada le indicó que cuidará a su chica.
-Busquemos a tu madre, debe estar por aquí –dijo Pedro tomándole con fuerza la mano. Ella casi ni tomó atención a lo que su casi novio decía. No encontraron a la madre de Paula, ella estaba absolutamente decepcionada. Pedro la abrazaba o le decía cosas inspirándole ánimo, pero no.
-¿Vamos a cenar chicos? –propuso el padrastro de Pedro.
-No gracias –dijo ella amablemente.– quiero ir a casa a descansar.
-Amor ¿estás segura? –preguntó Pedro. Ella asintió.
-Te vamos a dejar entonces –dijo Ana.
-Claro, gracias –musitó ella.
Cuando llegaron a su casa, Paula dio las gracias, le dio un corto y frío beso a Pedro y entró a su casa. No había nadie. Revisó su celular, ninguna llamada. Las lágrimas ahora cayeron sin que quisiera detenerlas, nunca se había sentido tan sola. Sollozó fuertemente, corrió a su habitación, dio un portazo y con eso cayó una caja donde ella guardaba cosas importantes. Todo el contenido cayó en el piso. Lo primero que sus ojos vieron fue aquel objeto brillante, de metal. Una ola de recuerdos, una ola de dolor inundó su cuerpo y su mente. Los días de llanto, de dolor, todo estaba reflejado en el pequeño objeto. Se acercó con inseguridad y lentitud. Lo tomó entre sus dedos, mientras no dejaba de llorar. ¿Quería volver a lo mismo? No, no quería, pero no tenía otra opción, o al menos eso creyó.
Dejó el objeto sobre el velador, mientras se ponía su pijama. Un short y una remera. Se sentó en su cama, subió el volumen de la música, mientras no dejaba de llorar. Tomó el objeto, cerró los ojos y sintió el agudo dolor en las piernas, por momentos, no recordaba el porqué de su llanto, frente al agudo dolor que sentía en sus muslos. Dos cortes, quería olvidar que sus padres no la querían. Tres cortes, quería dejar de sentirse un estorbo. Cuatro cortes, deseó jamás haber nacido.
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Lean el siguiente.
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