lunes, 8 de abril de 2013

Capitulo 24


Pedro dedicó el día entero a dormir, al igual que Paula. Ella había recibido un serio sermón de parte de su madre, porque Pedro le mintió, diciendo que ella había tenido un desmayo por comer poco. Era mejor que decir que su pronto ex novio la había drogado.
El lunes, Pedro pasó a buscar a su mejor amiga, quien lucía mucho mejor.


                 -¡Princesa! –dijo rodeándola con sus brazos y elevándola en el aire.– te ves mejor ¿eh?

                 -Dormí todo el fin de semana –dijo ella riéndose.

                 -Genial –dijo Pedro divertido. El tomó la mano de su amiga, ella sintió otra vez esas mariposas en el estómago. La mano de Pedro era suave, pero tan varonil y fuerte, una extraña pero hermosa combinación. Pedro la miró a los ojos y le sonrió. Esos ojos marrones, nunca se había percatado lo hermosos y perfectos que eran, sintió como se le aceleraba el pulso. 


Entonces caminaron como si nada a la secundaria. Pedro pensaba en un plan para golpear a Nicolás, para romperle la cara, sin que lo expulsaran. Era prácticamente imposible. Pero decidió algo, el en conjunto con sus amigos. Cambiarían de mesa. Definitivamente no se sentarían más con esa gente hueca y sin cerebro. Era la mejor solución.


                 -Adiós –le dijo ella, pero Pedro le agarró el brazo.

                 -¿Qué clase?

                 -Me toca Física –musitó ella con disgusto. Pedro le sonrió alentándola.

                    -Queda un mes y algo –susurró en su oído. Ella asintió y sonrió. La campana sonó.– te veo luego.

                 -Claro –dijo ella. Entró a su clase bajo bastantes miradas no demasiado amigables. Rodó los ojos y se sentó con Zaira, hablaron un rato, ella estaba al tanto de todo. Así que no tocaron demasiado el tema.


La hora del almuerzo sería diferente. Zaira entró del brazo de su mejor amiga Paula, quien miraba algo temerosa. Entraron y casi todas las miradas se fijaron en ellas. Ignoraron eso, entonces Zaira buscó con la mirada la mesa de los chicos. Pedro les hizo una seña así que fueron a sentarse.


                 -¡Wow! –exclamó Paula, viendo a los cuatro sentados ahí.– gran cambio –todos rieron. Al rato, las actuales novias o citas de los chicos llegaron. Se presentaron entre ellas. Era un real agrado.

                 -Paula alguien interrumpió su animada charla con Karla y Angie, volteó y su corazón dio un salto. Nicolás estaba parado allí.– ¿puedo hablarte un segundo?

                 -Gustavo, afírmame o le partiré la cara –dijo Pedro mirándolo con la cara de odio más poderosa que alguien había visto.

                 -Esto no es contigo, Alfonso, no te metas –dijo Nicolás fríamente. Pedro se levantó bruscamente pero Gustavo y Matías lo sostuvieron.

                 -Será mejor que te vayas –dijo Paula finalmente.

                 -Pero… no sé que te dijo este idiota –dijo refiriéndose a Pedro, quien intentaba zafarse del agarre de sus amigos.– pero no he hecho nada malo.

                 -¿Emborracharme, drogarme y tratar de aprovecharte no es malo? –preguntó Paula irónica.– permíteme reírme.

                 -¡Nunca hice eso! –dijo el defendiéndose.– solo tomamos tragos de más.

                 -Tenía éxtasis en mi cuerpo, imbécil –dijo ella.–exámenes lo demostraron.

                 -Quizás tú tomaste y no te acuerdas, no me culpes –dijo él bruscamente. Entonces Pedro se zafó del agarre de Gustavo y Matías, y le plantó un puñetazo en la boca. Nicolás cayó al suelo con los labios sangrando.

                 -Vuelves a acercarte a ella, y te juro que te rompo todos los huesos –dijo Pedro con odio. Nicolás lo miró fijamente.

                 -¿Eres su defensor ahora, Alfonso? –preguntó con ironía mientras se tocaba el labio herido.– que yo sepa, su novio soy yo.

                 -No más –dijo ella.– esto se acabó idiota.

                 -¿Feliz Pedro? Lograste que terminara conmigo –ella arqueó una ceja.– pero lamento decirte que nunca se fijará en ti –dijo con una mueca burlona. Ahora el odio de Pedro aumentó pero lo inundó el nerviosismo. Miró a Paula de reojo quien arqueaba una ceja.– ¿o la pobre e inocente Paula aún no se percata? 

                 -¿Realmente quieres que te deje muerto? –preguntó Pedro.

                 -¿Qué mierda estás diciendo?

                 -Querida Paula, ¿aún no te percatas de que Pedro Alfonso, el que se las lleva a todas a la cama, se muere por una a la que aún no puede llevar a la cama? –preguntó con ironía.– se muere por ti Paula, y bueno nunca le has prestado atención. El pobre llora hasta en los baños del colegio –dijo burlón.– lloró luego de que nos besamos en el baile de primavera, es un llorón. ¿Tanto duele que una chica hermosa se te resista, Alfonso? Entonces, no eres suficientemente hombre –Pedro apretó los puños aún más, esta vez Gustavo y Matías lo tenían casi amarrado.– no te sirvió de nada revolcarte con todas si la que realmente quieres no cede.

                 -Cállate estúpido –gritó Pedro.

                 -¿Duele Alfonso? ¿Tanto duele que no te tome en cuenta? –Pedro estaba muriéndose por dentro. La cara de sorpresa de Paula dolía.– es una pena, me prefirió a mi que la conocí hace un par de meses, que a ti que te conoce hace tanto. Eres un imbécil, y me das lástima.

                 -Suéltenme –dijo Pedro con ira.

                 -Sí, déjenlo. Quizás deberías drogarla para que se acueste contigo, al fin  y al cabo eres una piedra, no tienes sentimientos y solo quieres echar un buen polvo ¿no? –preguntó.– ¿o acaso la amas?

                 -¡¿Y QUÉ SI LA AMO?! –gritó ya demasiado alterado.



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