lunes, 8 de abril de 2013

Capitulo 25


Las miradas y murmullos no se hicieron esperar. Pedro Alfonso había confesado frente a toda la secundaria que estaba enamorado de Paula. Entonces, lo siguiente pasó rápido. Pedro saliendo a largos y rápidos pasos de la cafetería. Gustavo, Agustín y Matías corriendo tras él. Paula sin creer nada, mirando a Zaira totalmente asombrada. Zaira no sabía si era felicidad o rabia lo que sentía.


                  -Creo que no puedo seguir aquí –musitó Paula.

                  -Dios, no puedo perderme Matemática –dijo Zaira preocupada.

                  -Yo te doy la materia –dijo Jazmyn con amabilidad. Zaira le agradeció y salió con su amiga de la cafetería. 


Corrieron buscando a los chicos, pero solo encontraron a Agustín diciendo que cubriría a los chicos, pues Pedro había escapado de la secundaria.


                  -¿Y qué piensas hacer? –le preguntó Zaira-

                  -No lo sé ¡estoy demasiado confundida! –dijo– nunca creí que Pedro… ¿por qué yo? No tengo nada fuera de lo común, no soy como Rocío, o Amy o…

                  -Eso es, no eres común. Eres única, por eso el te ama. –dijo Zaira sonriéndole con dulzura.

                  -¿Tú lo sabías? –preguntó ella. Zaira asintió mordiéndose el labio.

                  -No podía ser yo quien te lo dijera, Pedro debe hacerlo y de la forma correcta. –dijo. Paula asintió. Su cabeza daba mil vueltas, ¿Pedro realmente la amaba? No había nada claro en su mente, ni en su corazón. Quizás era todo una broma y no quería tampoco ilusionarse, pero es que ¡Pedro la amaba! Ahora todo parecía claro, Pedro, el mejor amigo, oculto enamorado, que la protegía de todo lo malo que pudiese pasarle. Pedro, quien pese a cada pelea, terminaba riéndose con ella. Pedro, quien pese a acostarse con todas siempre la había preferido.
Pero ahí había un obstáculo. Su pasado nunca la dejaría en paz. Lo celaría toda la vida. ¿Pero importaba pensar eso ahora? No, solo quería encontrar a Pedro.
                  -Llamaré a Gustavo –dijo Zaira. Ella asintió. Marcó el número.– ¿Gustavo? ¿Dónde estás? ¿Dónde está Pedro? –Zaira arqueó una ceja.– le diré que vaya, necesitan hablar. Claro, adiós.

                  -¿Dónde está?
                  -En su casa, en su habitación, oculto –ambas rieron.– ve, yo te cubro –le guiñó un ojo. Ella asintió y corrió. No quedaba tan lejos. No tenía idea que diría, solo necesitaba hablar con él y verlo a los ojos. Que el le dijera frente a frente  la verdad.


Llegó, la puerta estaba entreabierta. Gustavo y Matías estaban en el sofá sentados seriamente. Ella entró y ambos levantaron la vista.


                  -¿Dónde está Pedro? –preguntó ella con suavidad.

                  -Encerrado en su habitación –contestaron ambos.

                  -Iré a… hablar con él –musitó Paula. Ambos se miraron y asintieron. Ella subió las escaleras algo asustada. No tenía idea de que decir, no tenía claro absolutamente nada. Todo era extraño, todo había sucedido demasiado rápido. Cada escalón que subía era como un flash back de cada momento que había vivido con Pedro. Como olvidar cada momento, aunque ella no fuera consciente aún, estaban hechos el uno para el otro de alguna forma.  Ella ya estaba fuera de la puerta. Sonrió al recordar cada vez que Pedro se enfadaba y se encerraba en su habitación, y ella golpeaba incesante hasta que el abría la puerta, y podían volver a reírse juntos. Era algo así como lo que ella esperaba. Pero sabía que lo menos que habría serían risas. Realmente era muy difícil que pudieran reírse, hasta hablar se le haría difícil. Por alguna extraña razón, estaba demasiado nerviosa.
Se armó de valor, debían hablar sí o sí. Golpeó tres veces la puerta. No hubo respuesta alguna. Apoyó su oreja en la puerta, por si escuchaba algo. Y sí, escuchaba a alguien sollozando. Pedro estaba llorando. Le partía el alma sentirlo llorar.

                  -Pedro, soy yo –dijo finalmente. Silencio, nada ocurrió.– Pedro, ábreme la puerta ¿quieres?


Esperó otro rato. Nada pasaba. Pedro estaba en una lucha con su corazón y su mente, no sabía si abrirle la puerta o no. No sabía si quería que hablaran o no.


                  -Pepe cariño, ábreme te lo ruego –pidió ella. Entonces, luego de otro silencio, la puerta se abrió.



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Acá esta los otros 4 capítulos  Esta semana creo que ya voy a poder subir un capitulo todos los días.
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