sábado, 13 de abril de 2013
Capitulo 30
Dos días en que él no fue a verla. Dos días en que prácticamente se olvidó de ella, eso creía, pero no, Pedro solo intentaba encontrar la forma de aconsejarla y ayudarla. No quería verla mal otra vez. Caminó directamente a su casa, tocó el timbre y justamente ella salió a recibirlo.
-¿Pedro? –preguntó insegura. El le sonrió cálidamente, en gesto de disculpas, y ella se lanzó a darle un abrazo, de aquellos abrazos que llegan cuando más los necesitas. Ambos cerraron los ojos, disfrutando el calor del otro.
-Siento haberme alterado… –susurró Pedro en su oído.– te amo, y solo quiero protegerte.
-Perdóname Pedro –dijo ella con los ojos llenos de lágrimas.– estaba muy deprimida, y no pensé en nada y…
-Shh… –la interrumpió.– sé que ahora no volverás a hacerlo, solo quiero verte bien mi vida –susurró cerca de sus labios.– te amo princesa.
-Yo también te amo –dijo ella dándole un beso muy apasionado. Pedro la elevó un poco en el aire mientras se besaban. Ambos rieron, sin separarse.
-Queda solo una semana para el baile, este sábado –dijo Pedro con una coqueta sonrisa.– ¿tendría yo el honor de que mi acompañante sea usted, señorita? –preguntó fingiendo una reverencia. Paula río divertida.
-Por supuesto que podría acompañarlo, señor Alfonso –dijo ella riéndose con suavidad
-¿Necesitas ir a comprar vestido? –preguntó Pedro.
-Sí, pero esta vez, no irás tú –dijo ella con una coqueta sonrisa.
-¿Y por qué no? –preguntó el frunciendo el ceño.
-Porque será sorpresa –susurró ella en su oído. Pedro se mordió el labio de forma traviesa.
-Bueno, si mi novia quiere darme una sorpresa… –dijo Pedro sonriendo. Ella arqueó una ceja.
-¿Novia? –preguntó ella. Pedro se mordió los labios, recordando que aún no se lo pedía. Tampoco tenía algún día especial para hacerlo.
-Bueno, amiga, chica, a no ser… que quieras ser mi novia –dijo Pedro mirándola directamente a los ojos.
-No me lo has preguntado –dijo ella mordiéndose los labios también. Pedro se tensó un poco, esos simples gestos lo provocaban.
-Señorita Paula Chaves –dijo Pedro con una coqueta y traviesa sonrisa, mientras se arrodillaba y le tomaba la mano.– ¿aceptaría usted ser mi novia? Prometo cuidarla y protegerla, serle fiel y prontamente casarme con usted –ambos se rieron divertidos. Ella lo miró con una sonrisa, no podía creer todo esto, pero aún así…
-Sí, si quiero –dijo ella riéndose. Rodeo el cuello de Pedro con sus brazos, mientras el la tomaba por la cintura y le daba un beso con mucha pasión. Se abrazaron luego de eso, mientras Pedro cerraba los ojos. Absolutamente todo lo que siempre deseó se estaba cumpliendo. Esperaba que el momento durara, realmente lo necesitaba. La apretó más contra él.
-Te amo hermosa, no lo olvides jamás –ella sonrió mientras seguía apoyada en su pecho. Y podría estar toda la vida así.
Pedro y Paula esa misma tarde decidieron ir al cine. Les quedaban solamente tres días de colegio, pues eran las despedidas y todo eso. Así que no tomaban con mayor importancia el hecho de ir a clases al día siguiente. Vieron una película de acción, a pedido de Pedro. A ambos les pareció bastante buena, luego de eso fueron a comprar un helado, pues Paula era fanática de ellos. Pedro siempre sabía que en una calurosa tarde, debía tener un helado para ella.
-Amo el helado –dijo ella mientras pasaba su lengua por el helado de vainilla. Pedro la miró divertido, mientras se mordía el labio algo nervioso.
-En todos estos años, créeme que si me he dado cuenta –dijo él mientras le tomaba la mano.
-¡Miren a quién tenemos aquí! –esa voz repugnante, pensó Paula. Ambos voltearon, Amy, Nicolás y Rocío estaban parados justo atrás de ellos.
-Que grata sorpresa –dijo Pedro con cierta ironía fulminando con la mirada a Nicolás.
-La bella y la bestia –musitó Nicolás.
-Más bien, el bello y la bestia –dijo Rocío mirando despectivamente a Paula.
-Bueno, gusto en verlos, nos vamos –dijo Pedro tomando fuertemente de la mano a Paula.
-Así que… por fin te tomaron en cuenta, Alfonso –replicó Nicolás antes de que se fueran. Pedro lo fulminó con la mirada.
-Si, y lo mejor que pude haber hecho –contestó Paula antes de que Pedro dijera algo.
-¿Fue lástima querida Paula? –preguntó Nicolás arqueando una ceja.
-No, es amor, algo que tú no conoces –dijo ella guiñándole un ojo. Pedro sonrió.
-Espera un tiempo, tendrán sexo, y el te dejará –agregó Rocío.– no creas que eres demasiado especial, lo hace con todas, te dice que te ama y luego te lleva a la cama, entonces te deja –dijo Rocío.– o quizás solo es una apuesta de las que suele hacer con las chicas –dijo ella. Pedro la fulminó con la mirada.
-La gran diferencia, es que las que se prestan para tener sexo y apenas te conocen, no son chicas a las que le diría te amo. –dijo Pedro guiñándole un ojo.
-¿Con quién apostaste esta vez, Alfonso? –preguntó Amy.
-Ya déjenlo, si tampoco tener a esta puta es tan difícil, un par de miradas y corre hasta ti –dijo Nicolás de forma despectiva. La gota que derramo el vaso. Pedro comenzó a caminar amenazadoramente hacia Nicolás, pero Paula se puso frente a él.
-No Pedro –susurró ella.– no lo hagas.
-¿Ves? Tu novia me defiende, solo porque le gusto que me acostara con ella –Pedro en un hábil movimiento, movió a Paula y se tiró sobre Nicolás, ambos cayeron al piso bruscamente, comenzaron a golpearse.
Paula estaba desesperada, mientras Amy y Rocío reían. Pedro le dio un puñetazo en los labios, pero Nicolás le lanzó uno al ojo. Se golpearon con odio, hasta que Nicolás se levantó rápido y le dio una patada en el estómago a Pedro, quien gimió de dolor, el le dio otra, riéndose burlón. Entonces Paula no lo soportó y se lanzó sobre la espalda de Nicolás, arañándole los brazos. Nicolás le dio un codazo para que lo soltara, y este llegó a las costillas de Paula. Entonces, ella gimió y Nicolás golpeó otra vez a Pedro, demasiado fuerte, esta vez, el muchacho escupió sangre. Paula se horrorizó. Para su suerte, dos policías pasaban por el lugar y vieron la escena. Nicolás iba a correr, pero lo detuvieron. Amy y Rocío corrieron del lugar. La policía tomó a Nicolás detenido y llamó al carro policial. Pedro con ayuda de su novia y uno de los uniformados logró levantarse.
-Necesitamos ir a un hospital –le rogó Paula al policía.
-Ahí viene el carro –dijo indicando el auto policial.– los llevaremos a ver las lesiones y luego a la comisaría –replicó el policía.
-Amor, tranquila, estoy bien –dijo Pedro abrazándola.
-Pedro, mírate, no estás bien –dijo ella. Efectivamente, los labios de Pedro sangraban, tenía un gran enrojecimiento en el ojo y en las mejillas, probablemente moretones luego.
-Si estoy bien mi amor, solo son unos golpes –dijo con la voz entrecortada.
Dos carros policiales llegaron al lugar, en uno de ellos subieron a Nicolás esposado y en otro a Pedro y a Paula. Ella lloraba aún temblorosa, realmente estaba preocupada por Pedro, sacó una pañoleta de su bolso, que usualmente usaba como cintillo y la puso en la comisura de los labios de Pedro, que no dejaban de sangrar. Pedro se recostó un poco y cerró los ojos. Le dolía todo el cuerpo, demasiado, pero no quería que ella se diera cuenta o se preocuparía más de la cuenta. Su estómago le dolía, los músculos de todo el cuerpo, y sentía como su nariz y labios sangraban.
Llegaron al hospital, ambos entraron en salitas diferentes, a ella la revisaron pero nada andaba mal con ella, solo sabía que se le iba a formar un buen moretón en las costillas. Suspiró y se dispuso a esperar a Pedro. Cuando salió, llevaba algodones en la nariz, un poco de algo que era como una crema en los labios, y en otras zonas enrojecidas de su rostro. Caminaba lento, se notaba adolorido. Sonrió un poco al ver a su novia. El policía les indicó que fueran al auto, necesitaban ir a la comisaría.
-Apenas salgamos de aquí, irás a dormir –indicó su novia. El asintió.
Llegaron a la comisaría, ahí estaba Nicolás. Los llevaron a una sala, a declarar.
-Entonces niños ¿cómo ocurrió esto? –preguntó el policía. Paula levantó la mano como si estuviera en el colegio.– señorita…
-Mi novio y yo caminábamos tranquilos, y él se acercó con dos chicas de la escuela a molestarnos, me dijo cosas horribles, y ahí comenzó todo –dijo ella.– luego comenzó a golpear a Pedro en el suelo –dijo indicando a su novio.– y me lancé sobre él, me dio un codazo y bueno, ahí llegaron ustedes.
-Pero él comenzó –dijo Nicolás mirándonos con odio.
-Tú la llamaste puta. –replicó Pedro con odio.
-Es lo que es –dijo Nicolás fulminando a Paula con la mirada. Ella no lo miró.
-Jóvenes, es suficiente –dijo mirándolos a ambos.– bien, ustedes dos se pueden ir –dijo indicando a Pedro y a Paula.– no quiero verlos en algo así otra vez –ambos asintieron.– en cuanto a ti, te quedas dos horas, por no mostrar respeto. –Nicolás hizo una mueca de enfado. Pedro tomó de la mano a Paula, y como pudo caminó hasta afuera.
-Amor, llamaré a Hernán por si puede venir por nosotros –dijo Pedro, Paula asintió. Hernán pasó por ellos, se preocupó bastante por Pedro, luego los dejó en casa de Pedro. Ana, su madre, escandalizó bastante al verlo llegar herido, pero Pedro la tranquilizó diciéndole que estaría bien. Ana lo regañó por ponerse a pelear en la calle. Pero Paula la tranquilizó contándole todo. Los dejó por fin solos, porque su novia se ofreció para cuidarlo.
-Siento esto –dijo Pedro.
-Yo lo siento Pedro, fue Nicolás… no debí haberme metido con ese imbécil –dijo ella rodando los ojos.
-No te preocupes linda, ya pasó –sonrió.– mañana es tu cumpleaños, y estaré todo magullado –dijo frunciendo el ceño.
-Pero estarás conmigo, después de muchos cumpleaños, esta vez, eres oficialmente mi novio –ambos sonrieron.– no sé como no me di cuenta antes.
-Quizás porque me comporté como un tonto –dijo Pedro.– intentando aparentar algo que no era. Pero ya no importa, estoy contigo y me transformé en un cursi –ella sonrió y le besó cortamente los labios. – ¿te quedarás conmigo?
-Sí, apenas sean las doce, seré mayor de edad y podré hacer lo que quiera –Pedro soltó una risa.
-Muy madura –dijo Pedro rodando los ojos. Ella se río.
-Bien –dijo ella.– sácate la remera. –Pedro la miró sorprendido, prácticamente se le salieron los ojos. Sintió un calor recorrerle todo el cuerpo. Pero ella comenzó a reírse.– no seas pervertido Pedro, solo veré que tal están esos golpes –dijo rodando los ojos.
-Graciosa –dijo Pedro mientras se quitaba la remera. Se recostó mientras ella miraba su abdomen. Intentó concentrarse y no parecer perturbada en absoluto con el torso desnudo de Pedro.
-Eso se va a poner más feo ¿los ineficientes médicos no te dieron ninguna crema o algo así? –preguntó ella arqueando una ceja. Pedro sonrió, mientras su mano iba a la mejilla de ella.
-Me dieron unas pastillas por sí me duele demasiado –contestó Pedro.
-Traeré hielo –anunció ella. Se levantó, Pedro la observó salir de su habitación. Sonrió triunfante, le encantaba que se preocupara de él. Se sentía pleno, todo parecía mil veces mejor. Ella volvió con tres bolsas de hielo de diferentes tamaños.– bien, ponte esta en el estómago, justo donde terminan las costillas.
-Pero está fría –protestó Pedro. Ella arqueó una ceja, y le sonrió coqueta. Pedro se mordió el labio cuando ella se acercó a él de manera sensual. Lo iba a besar, hasta que Pedro gimió, pues ella había puesto la bolsa de hielo en su estómago.– ¡AH! –gritó mientras cerraba los ojos.– loca –dijo fulminándola con la mirada, ella sonrió divertida.– tramposa.
-Lo siento, eres muy terco lindo –dijo mientras tomaba otra bolsa de hielo y la ponía bajo su ojo. Pedro cerró los ojos.– es para que no se vean tan mal mi amor –le dijo con dulzura.
-Eres una dulzura –dijo él irónicamente.– está muy frío el de mi panza, quema.
-Lo siento, realmente es por tu bien –el suspiró frustrado.– ¿qué hora es?
-Diez y media –dijo Pedro.
-Avisaré a Alejandra que me quedo aquí –dijo ella mientras tomaba el celular.
-A tu madre –corrigió Pedro.
-Lo que sea –dijo ella rodando los ojos. Pedro suspiró. La madre de Paula le permitió quedarse con Pedro, claramente, era mejor para ella, podía estar con Rob tranquila.– bien, me quedo contigo –dijo dándole un suave beso en los labios.
-Me gusta la idea –dijo Pedro.– mucho hielo por hoy –se sacó el hielo de su panza, lo dejó sobre la mesita de noche, ella dejó el que le tenía en la cara también.– ven acá preciosa –ella se recostó, abrazando con mucho cuidado a Pedro. Sus manos se entrelazaron casi por acción propia.– el día que… –Pedro comenzó a hablar de pronto.– el día que te vi los cortes… bueno, antes de eso… ¿te diste cuenta de lo que hicimos? –preguntó Pedro mientras miraba el techo.
-Uhm –ella se sonrojó de inmediato.– fue algo… extraño.
-Fue mejor que no pasara –contestó Pedro. Ella frunció el ceño.
-¿Por qué? –preguntó.
-Porque… –se sentó para poder mirarla a los ojos.– no quiero que seas una más de las otras, digo, no quiero que sea algo de locura del momento… ¿entiendes? –ella sonrió.– tu primera vez debe ser más que eso…
-Eres un cursi –dijo ella mientras miraba con ternura esos ojos marrones que la volvían loca.– pero no me interesa donde ni cuando Pedro, si es contigo, está todo bien.
-¿Estás segura? –preguntó Pedro.– digo, debes estar muy enamorada para hacerlo y… –ella le tomó las mejillas de forma muy cuidadosa.
-Estoy segura de que te amo –dijo ella mirándolo a los ojos. Pedro la miró embobado. Se acercó lentamente a sus labios y cerró los ojos.
Ese beso fue diferente, algo cambió, algo que ninguno de los dos notó. Sus labios se movieron suavemente, disfrutando el momento. Pero la puerta se abrió y ambos se separaron de golpe.
-¡Perdón! –la voz de Ana hizo que ambos soltaran una risa nerviosa. Ella los miró con sorpresa, Pedro estaba sin remera.
-No me mires así –dijo Pedro.– no es lo que crees, estaba poniéndome hielo.
-Uff… creí que… –Ana rodó los ojos.– no importa, Pedro, ven un momento lindo. –Paula les sonrió. Pedro le dio un beso en la frente y salió de su habitación, cerrando la puerta.
Ella se sentó en la cama de Pedro, su piel estaba erizada, sus manos temblaban. Algo sucedía, algo había cambiado entre ella y Pedro, no sabía que muy claramente, pero sabía que era importante. Recordó lo que Pedro habló sobre su primera vez, y sonrió. Ella ahora sabía lo que quería. Antes le parecía un tema tan lejano, no se entregaría a cualquiera. Pero ahora le parecía la mejor idea del mundo. Era algo así como ¿destino? Quizás, pero sabía que Pedro era ese “indicado”. No le interesaba lo que el hubiese hecho antes. Eso era pasado, Pedro era su presente, su ahora. Le seguía dando vueltas en la cabeza la conversación con Pedro. De alguna manera, sabía que ocurriría tarde o temprano, y con él. Quizás ahora se estaba dando cuenta que estaba lista.
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Perdon por no haber subido los capitulos en la semana, es que estuve internada. Sepan comprender. Gracias por todos los comentarios. Si quieren que les pase los capitulos por twitter cada vez que suba diganmelo.
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Muy lindos los capítulos, qué bueno que Pedro la haya descubierto a Pau, así deja de cortarse, es algo que le hace muy mal.
ResponderEliminarOjalá te mejores y recuperes, y al menos yo esperaré ansiosa los próximos pero no voy a insistir, primero la salud!
Un beso :)
@MLuciaAparicio
Gracias por tus palabras. Besos :)
Eliminarbuenísimos los capítulos!!!
ResponderEliminarme encanta esta novela Quiero más capítulos!
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