martes, 16 de abril de 2013

Capitulo 33


Los rayos del ardiente sol se colaban por la ventana de la habitación de Pedro. El ambiente era silencioso, solo las respiraciones de dos personas rompían el silencio. El muchacho comenzaba a despertar, abrió los ojos y luego los cerró sin poder acostumbrarse a la luz. Pestañeó varias veces y por fin pudo ver claramente. Una respiración tranquila, que no era la suya, lo distrajo. Entonces recordó la maravillosa noche que habían tenido. Sonrió satisfecho, le parecía realmente genial que las cosas fueran tan perfectas, era como sí alguien hubiese escuchado todos sus deseos y los estuviese haciendo realidad.
Por su parte, la muchacha había despertado casi al mismo tiempo, pero prefería quedarse descansando sobre el pecho de su novio, escuchando sus latidos y su respiración tranquila. Le había parecido que todo era perfecto cuando estaba con él, todo cambiaba, hasta ella. Se transformaba en una nueva Paula. Sonrió, al sentir los dedos de Pedro hacer círculos en su espalda desnuda. Suspiró largamente mientras buscaba la mano de su novio para tomarla. Solo hasta que entrelazó sus dedos con los de Pedro, el se percató de que ella había despertado.


                     -Buenos días princesa –susurró Pedro. Ella se incorporó y lo miró. Esos ojos marrones que tanto amaba, la miraban con ternura y cariño.

                     -Buenos días mi vida –susurró dándole un beso corto en los labios.

                     -¿Dormiste bien? –preguntó el mientras observaba cada una de sus facciones.

                     -Claro que sí, tuve la mejor noche de mi vida –dijo sonriendo.– y el mejor regalo de cumpleaños. –ambos se sonrieron y por un momento, el tiempo se paró. Pedro la abrazó mientras ambos reían. Lucían felices, completos.

                     -Me pondré la ropa para dormir, no quiero que tu madre se encuentre con ambos sin ropa aquí –dijo ella con una coqueta sonrisa. 


Se levantó, algo tímida frente a la mirada de Pedro, que recorría su cuerpo. Ese maravilloso cuerpo que ahora era de él, y de nadie más. Sonrió por inercia. Ella se puso una remera de Pedro, que le llegaba hasta los muslos. Pedro sonrió, se veía extremadamente sensual así. Luego de eso, se puso su ropa interior y un short deportivo de la hermana de Pedro. Él mientras tanto se puso sus bóxers. Ella se lanzó sobre Pedro, sentada sobre él.


                     -Con que sigas ahí arriba, no respondo –ella lo miró confundida –estás jodidamente sensual y sentada justo ahí...

                     -¡Lo siento! –dijo ella sentándose más cerca de su estómago. Se sonrieron otra vez.

                     -Podría violarte ahora mismo, pero mamá aparecerá en cualquier momento para decir buenos días –ella sonrió mordiéndose el labio. Pedro pasó sus manos por los muslos de la muchacha, ella sintió escalofríos ante los toques de las suaves manos de Pedro.

                     -Creo que no opondría resistencia –dijo ella sensualmente. Pedro suspiró y se rio, entonces tocaron la puerta. Ella se bajo de Pedro y se sentó con las piernas cruzadas, mientras Pedro decía “pase”.

                     -¡Buenos días chicos! –dijo Ana animada.– ¿durmieron bien?

                     -Claro –dijo Pedro sonriendo, mientras disimuladamente le daba un pellizco a Paula, quien evitó sonreír.

                     -¡Que bien! –exclamó Ana.– el desayuno está listo, así que bajen, no importa que lleven pijama –dijo guiñándoles un ojos.


Ambos asintieron con una enorme sonrisa. Se tomaron de la mano y bajaron, allí estaba Ana y Robin charlando animados. Pedro le corrió la silla a Paula caballeroso, para que se sentara. Ella le sonrió. Tomaron desayuno, mientras hablaban de lo que harían.


                     -Ese tipo supo golpearte, al parecer tendré que darte clases de boxeo –dijo Robin divertido. Pedro rió  En su rostro aparecían más claramente los indicios de la golpiza. Su ojo comenzaba a tomar un color morado oscuro, sus labios tenían dos cortes, y su frente lucía zonas rojizas e inflamadas.

                     -Amor, hoy deberé ponerte hielo otra vez –dijo mirándole la frente.

                     -Pasará, no te preocupes –dijo Pedro besándole la frente.


Terminaron de comer, Pedro se dio una rápida ducha y se vistió, para luego acompañar a Paula a su casa a cambiarse. Ella se duchó rápido y salió, ni siquiera vio a su madre, probablemente se olvidara de su cumpleaños. Pedro la llevó a tomar un helado primero, luego se juntaron con Zaira y Hernán quienes le cantaron el feliz cumpleaños en la calle, mientras sus mejillas mostraban un intenso color rojo. Luego de eso, fueron todos a la casa de Zaira porque ella había olvidado el regalo de Paula. Se rieron todo el camino por las bromas de Hernán, quien le juraba amor a Pedro y le tomaba la mano, avergonzándolo en la calle.
En casa de Zaira, estaban todos los chicos y sus novias, algo así como una reunión sorpresa. La felicitaron y le dieron regalos, ella se sentía plena y llena, prefería estar con sus amigos y disfrutar la velada, a pensar en su madre y en su estúpido novio, quien no le daba muy buena espina. Las razones eran esas miradas misteriosas que le lanzaba, como si la desnudara con la mirada, la ponían nerviosa y le daba miedo. No había querido comentarle a Pedro, no quería preocuparlo, pero realmente estaba un poco asustada.


                     -¿Te gusto la sorpresa cariño? –preguntó su novio cuando la acorraló contra la pared. Ella sonrió coqueta.

                     -Por supuesto mi amor –susurró ella sobre sus labios.– eres el mejor novio del mundo, te amo –se abrazaron con fuerza. En la mesa, Gustavo y Matías observaban la escena, miraban felices a su mejor amigo, quien se veía tan feliz.

                     -Le ha hecho genial esa chica –comentó Gustavo.

                     -Claro, Pepe está enamorado de ella, se nota mucho –dijo Matías. Karla, su novia, se acercó a él y lo rodeó con sus brazos, sentándose sobre sus piernas.

                     -No los miren tanto, metiches –dijo bromeando
.
                     -Solo charlábamos acerca de lo feliz que se ve Pedro. –comentó Gustavo.

                     -Ella lo ha cambiado, y eso que llevan poquísimo. –dijo sonriendo.

                     -A todo esto… ¿qué le sucedió a Pedro en la cara? –preguntó Matías arqueando una ceja.

                     -Tuvieron una pelea con Nicolás, lo golpeó duro –dijo Gustavo.

                     -Si lo encuentro por la calle, le romperé su bocota –musitó Matías frunciendo el ceño.

                     -Eres un rudo sensual –le susurró Karla al oído. El sonrió coqueto y atrapó los labios de la chica mientras ella ponía su mano en el pecho del muchacho.

                     -Angie amor, ven acá, estos me dan envidia –dijo Gustavo divertido. Angie se acercó a él y también se sentó en sus piernas y le dio un beso. Ella sonrió al igual que Gustavo.

                     -¿Dónde está el rubio? –preguntó Hernán mientras se acercaba de la mano con Zaira.

                     -No lo sé, quizás se encerró en una habitación con Jazmyn –dijo Matías. Todos rieron.


La tarde se fue volando, se divirtieron bastante, sobre todo Paula, quien sonreía completamente feliz. Alrededor de las ocho, se despidieron, mientras Pedro tomaba de la mano a su novia, y en la otra sostenía una bolsa con algunos regalos de sus nuevos amigos.


                     -¿La pasaste bien? –preguntó Pedro.

                     -Sí amor, fue genial –dijo ella con una enorme sonrisa.

                     -Que bien, me gusta verte feliz –dijo Pedro mientras la detenía en medio del lugar para darle un beso. 


Siguieron caminando. Ambos sonreían, y el silencio no se hacía incómodo. Hasta ese momento, todo era perfecto.


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2 comentarios:

  1. Es genial esta novela! Me encanta! Que sigan pasando cosas lindas y que hagan mas seguido el amor! Jajajaj muy muy buena!

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  2. buenísimo el capítulo!!!
    ayyy nooo que no se venga nada malo!!!

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