martes, 30 de abril de 2013
Capitulo 37
Pedro miraba atento la hoja sobre la que estaba escribiendo. La solicitud a la universidad le pedía una serie de datos, y cuando se desconcentraba, podía poner cualquier estupidez. Paula estaba junto a él, callada como le era habitual estos días. Terminó de llenar el papel, lo entregó y tomó la mano de Paula para ir a buscar su auto. Luego pasó su brazo rodeándole los hombros, ella no dijo nada, tampoco se resistió. Aún sentía protección en los brazos de Pedro, como si el fuese a dar la vida por ella. No quería pensar mucho respecto a su relación, o terminaría llorando frente a Pedro, lo que le haría continuar su interrogatorio diario. Y no tenía más mentiras, se le habían agotado.
Subieron al auto en silencio. Pedro encendió el motor.
-Ponte el cinturón de seguridad –le ordenó a Paula. Ella obedeció.– seguridad primero –dijo con una sonrisa torcida. Paula sonrió.
-Si chocamos y nos volcamos, te aseguro que no servirá de mucho –dijo ella burlona.
-Sí sirve –contradijo Pedro.– además, no tienes que pensar de esa forma, mejor pensar que si no te lo pones, vendrá un policía y nos multará.
-No sabes lo que puede pasar, es destino, quizás estamos destinados a morir –dijo ella. Pedro sonrió otra vez, mientras miraba hacia el frente.
-Eso siempre ha sido así, estamos destinados a morir. No sabemos cuando ni donde. –dijo Pedro.– pero hay que disfrutar cada segundo de vida que aún tienes. ¿Por qué tentar al destino arriesgándote? Mejor disfruta, cuídate, y sé feliz.
-Mhmm… –dijo ella. ¿Ser feliz? Últimamente le era imposible.
-Y si morimos ahora, bueno estamos juntos, nos amamos, y podré morir tranquilo pensando que logré estar contigo, vencí todo y te dije que estaba enamorado de ti. ¿Qué más puedo pedir? –ella sonrió mordiéndose el labio.
Ese estúpido nudo en la garganta otra vez. ¿Qué más podía pedir ella? Pedro era todo lo que necesitaba, sería una locura creer que hubiese alguien que la amara más, que la hiciese sentir viva y tan bien como el lo lograba. Era hermoso pensarlo de esa manera. Pedro era suyo, le pertenecía. Y ella era de él. Aunque claramente no todo era color de rosa como se veía. Su vida se estaba transformando en un infierno, uno silencioso, que estaba viviendo sola. No necesitaba arrastrar a Pedro a eso. ¿Para qué hacerlo pasar un mal rato? Quizás todo acabaría pronto, aunque al parecer, ella tendría que tomar una decisión para que todo terminara. Y tenía miedo de hacerlo. La mejor alternativa que barajaba, tenía un sacrificio, y uno enorme. Miró a Pedro sonriendo, sus ojos marrones brillando. ¿Sacrificaría eso? Bueno, ahora su vida era una verdadera mierda y estaba arrastrando inconscientemente a Pedro a ello. Quizás era mejor tomar la alternativa, y hacer el sacrificio ahora, antes de que empeorara.
-¿Qué tanto piensas? –Pedro interrumpió sus pensamientos. Ella lo miró, el seguía con esa sonrisa. Sí, sería el peor sacrificio. Pero no podía seguir así.
-Yo… –¿otra mentira?– nada, solo es un bonito día –dijo ella mirando por la ventana.
-Cierto –concordó Pedro.– hey –su mano estaba sobre el muslo de Paula. Pararon en un semáforo en rojo.– te amo –sus miradas se cruzaron. ¡Mierda Pedro! Me estás haciendo esto más difícil, pensó. ¿Dejarlo? No, no podía pensar en dejarlo sin que doliera, sin que quemara por dentro. No quería llorar, no frente a Pedro. No quería tener que volver a mentirle, diciéndole que todo estaba bien, cuando nada lo estaba.
-Yo también te amo Pedro –dijo ella.– con toda mi vida.
Pedro sonrió otra vez. ¿Cómo era posible que una mujer lo hiciera inmensamente feliz con un par de palabras? Ahora sabía a lo que se refería Robin cuando hablaba del amor. A veces crees que amas, pero solo es cariño. Pero el estaba seguro que la amaba. “El amor es cuando, ella dice la estupidez más grande, pero solo oyendo su voz, sonríes como un tarado. Cuando ella se enoja y te grita, te enfadas mucho, pero no puedes estar mucho sin necesitarla. Cuando te percatas de cada defecto, pero sientes que sin eso, no sería ella. Es amar, aceptar, tolerar, y respetar. Eso es amor, a veces tardas en encontrarlo, pero a veces te das cuenta que siempre ha estado ahí”
Y tenía toda la razón. No podía estar mucho sin necesitara. Amaba sus defectos, y amaba cada cosa que ella hacía. Era perfecta para él, era perfecta a su manera. ¡Dios, que cursi sonaba! Pero así era el amor, las chicas los transformaban.
-¿Vienes a mi casa hoy? –preguntó Pedro.
-Está bien –dijo ella sonriendo. Pedro sonrió y apretó un poco más el acelerador.
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está buenísima la nove, seguí subiendo!!!
ResponderEliminarque triste,ojala pau le cuente a pepe que es lo que le sucede y juntos puedan solucionarlo...
les costo tanto estar juntos ojala no se separen!!!